UN MÚSICO BORRACHO DE NUEVA YORK


Sobre todas las cosas, Bix Beiderbecke amaba la bebida. Sus parrandas fueron legendarias y nadie sabe cómo lograba sus impresionantes solos de trompeta, pues la mayor parte del tiempo estaba bajo los efectos del alcohol. Durante su breve carrera (murió en 1931 a los 28 años) llegó a ser una de las grandes sensaciones de la era de oro del jazz. Con el paso del tiempo y debido a que los gustos populares cambian constantemente, el trompetista cayó en el olvido. Fue un joven atractivo que nunca se hizo viejo, cuyo ritmo frenético obedeció quizá a una certeza íntima de que su vida no llegaría muy lejos.

Louis Armstrong, que “palomeó” con Beiderbecke en el Chicago de los años 20, decía: “Me espantaba a muerte con lo que Bix hacía. Me ponía fuera de combate. Poseía tonalidades hermosas, frases hermosas, y sus dedos eran muy rápidos”. Parte del éxito que logró Bix Beiderbecke entre su generación se debió a su apariencia juvenil y sus modales delicados. Sin embargo, no bien se vaciaban los salones, emergía la parte oscura del músico, el gusto desbordado por el alcohol, en un periodo en que la bebida estaba sujeta a prohibición. En una noche de 1931, Bix sufrió un ataque más de Delirium tremens, esta vez fatal. El cuerpo del músico fue enviado por tren a su natal Davenport. Cuando dos trabajadores funerarios recibieron el cadáver, uno de ellos, de 19 años, sobrecogido por el joven que yacía vestido de etiqueta en el féretro, preguntó a su compañero: “¿Quién es?” El compañero respondió: “Es sólo un músico borracho de Nueva York”.