Asesinos y arte snuff

POR José Luis Duran King
Uno de los primeros asesinos seriales en utilizar las herramientas tecnológicas de las amplias y siempre pavimentadas autopistas de la información fue Danny Rolling, quien en 1990, en una saga de tres días, asesinó y mutiló a cinco estudiantes en las instalaciones de un colegio de Gainesville, Florida
Danny Rolling (www1.whdh.com)
Del mismo modo que un parásito no puede sobrevivir sin el cuerpo huésped donde se aloja, el fenómeno de los asesinos seriales se ha servido de internet para desarrollar una industria alterna de millones de dólares anuales que explota la fascinación que mucha gente siente por los ángeles desorientados. A partir de 1995, varios abogados y activistas opositores a la pena capital de Estados Unidos inauguraron con bastante éxito decenas de páginas web individuales con el propósito de que los reos condenados a muerte promovieran libremente, si así lo deseaban, sus pensamientos más íntimos.

Uno de los primeros asesinos seriales en utilizar las herramientas tecnológicas de las amplias y siempre pavimentadas autopistas de la información fue Danny Rolling, el célebre Grizzly de Gainesville, quien en 1990, en una saga de tres días, asesinó y mutiló a cinco estudiantes dentro de las instalaciones de un colegio de Gainesville, Florida. Mientras esperaba que el Estado le cumpliera la promesa de ejecutarlo cosa que finalmente ocurrió el 25 de octubre de 2006, Rolling liberó a su musa encadenada y escribió un libro centrado en sus gustos, pensamientos, deseos y, por supuesto, en los sacrificios que su furia reclamó.
Una vez terminada su obra, la cual fue coescrita por la señora Sondra London, la más notoria de las groupies de los asesinos seriales, Danny Rolling eligió la red de redes para, a través de un sitio web personal (“Leyendas del pantano negro”), promover y vender su libro, al que tituló The Making of A Serial Killer. El volumen fue recibido con mariachis por los tecnoentusiastas de los homicidas pluralistas, sobre todo porque en el caso que nos ocupa el cliente podía elegir entre cinco dedicatorias propuestas por Rolling, con autógrafo incluido, depositar el precio del ejemplar en una cuenta bancaria y después esperar que el cartero entregara el preciado paquete a las puertas del hogar del lector.
Internet es el templo profano en el que diariamente se celebran miles de bodas entre el cielo y el infierno, entre el asesino serial y los millones de nuevos gambusinos que anhelan encontrar pepitas de oro en las minas adyacentes a los ríos de la información. Como parte de ese concubinato, las páginas web que tienen como eje central al asesino serial y sus andanzas surgen cotidianamente, unas mejores que otras, unas de contenido serio y analítico, muchas otras simplemente arropadas y alentadas por una admiración bastante cuestionable. Pero ahí están, al alcance del cursor.
Al cliente, lo que pida
Nicolas Claux, El Hombre Lobo de París (vasilykonstantin.com)
En el universo de la oferta y la demanda, un sitio que ha tenido un desarrollo espectacular es indudablemente www.serialkillercalendar.com, que surge a finales de 2005 como una empresa asociada entre James Gilks y Kristopher Saunders. Ambos personajes, dedicados al diseño, amantes del art comic, decidieron unir esfuerzos para cautivar a los simpatizantes de los asesinos seriales. Para que un negocio se consolide requiere también de un poco de suerte. Gilks y Saunders tenían el capital suficiente para contratar a los dibujantes y diseñadores que quisieran, sólo que ninguno los convencía, faltaba el liderazgo, es decir, el garbanzo de a libra que comandara los equipos para la producción de las imágenes que acompañarían los juegos de naipes, las playeras, carteles, figuras de acción, pegotes, una amplia gama de mercancía que gira en torno a los más prominentes ogros del mundo.
Y fue en ese mismo año que James Gilks, de acuerdo con su propio testimonio, tuvo “la increíble fortuna de conocer a uno de los más grandes artistas del true crime del mundo”. El artista en cuestión fue Nico Claux, dueño, efectivamente, de un talento especial para plasmar imágenes perturbadoras.
Pero ¿qué tanto del talento del señor Claux es nato y qué tanto fruto de la experiencia? A James Gilks corresponde darnos una pista para responder la pregunta anterior. “Ustedes verán aduce Gilks, Nico no sólo pinta asesinos, él es uno. Empezó a pintar mientras purgaba condena en una prisión de Francia por asesinato”.
Así es. El señor Nico Claux no es otro que el famoso Hombre lobo de París, detenido el 15 de noviembre de 1994 a las puertas del Moulin Rouge. Claux era el sospechoso principal de por lo menos uno de los siete asesinatos de homosexuales registrados en esa época. La aprehensión de este hombre contribuyó a esclarecer también una serie de profanaciones de tumbas en los cementerios góticos parisinos. Claux era un necrófilo irredento, quien, para satisfacer su ímpetu, trabajó durante diez meses como asistente en un depósito de cadáveres. En ese lugar violó decenas de cadáveres y practicó el canibalismo y la hematofagia.
Cuando la policía registró el departamento del sospechoso encontró bolsas de sangre humana en el refrigerador, vértebras, fragmentos de huesos y dientes esparcidos por el piso, además de que varios fémures colgaban en el techo. Pero el crimen que condujo a Claux a la cárcel fue el homicidio del homosexual Thierry Bissanier, a quien disparó a quemarropa en el departamento de la víctima. En este caso, Claux sólo se limitó a terminar con la vida del hombre.
El 22 de marzo, Nicolas Claux salió de prisión para dedicarse en cuerpo y alma a la elaboración de tatuajes y a la pintura, dos actividades que encontraron una resonancia económica en una página web que comercializa literalmente con la muerte.