Laurie Dann: en caída libre

POR José Luis Durán King
Laurie Dann era contradictoria: la limpieza la obsesionaba, pero olía a orina; tenía dinero, pero robaba; tenía una hermosa casa, pero dormía en autos; adoraba a los niños y los eligió como presas de cacería
(greggiesen.wordpress.com)
Cuando Laurie Wasserman Dann conducía su Toyota hacia la casa de la familia Rushe –donde había trabajado como cuidadora de niños— su mente había colapsado. Era el 20 de mayo de 1988, llevaba varios días sin tomar sus medicamentos contra la depresión, odiaba al mundo y deseaba provocar el mayor daño posible al que había sido su esposo.
La mujer pasó por los niños Rushe, quienes al abordar el auto ignoraban la angustia de Laurie; tampoco sabían que iba armada con tres pistolas y que en unas cajas había colocado comida envenenada con arsénico. Parte de las viandas ya había sido repartida en algunas fraternidades estudiantiles, entre algunas familias donde había trabajado como cuidadora de niños, su psiquiatra y su ex esposo.

Laurie condujo a la escuela elemental Ravinia, en Highland Park, Illinois. Dejó a los menores dentro del auto en el estacionamiento y caminó hacia una bodega, donde provocó un incendio que finalmente se apagó solo. Condujo nuevamente a la casa de los Rushe y encerró a los niños en el sótano.
Un mar de contradicciones
(http://murderofinnocence.blogspot.mx)
Laurie Wasserman nació el 18 de octubre de 1957 en el seno de un matrimonio judío de Chicago. Nadie recuerda que tuviera amigos. Sobresalió en sus estudios y, al entrar a la high school, destacaba por su hermosa figura. Uno de sus ex compañeros afirmó que la chica tenía pretendientes por montones. Siempre insegura, se volvía totalmente dependiente de su pareja sentimental en turno.
Al terminar la high school, Laurie, amparándose en la fortuna de sus padres, probó primero en una universidad de Arizona, y después en colegios de Iowa, Wisconsin e Illinois, para regresar al punto de origen, donde terminó trabajando primero como cajera de supermercado y después cuidando niños.
Sus conocidos y sus ex novios nunca se percataron que Laurie estaba afectada de sus facultades mentales. Ni siquiera imaginaron que sus contradicciones indicaban que algo andaba mal. Laurie era una obsesa de la limpieza, utilizaba guantes incluso dentro de su casa y se lavaba constantemente las manos, pero su alfombra olía a orina y traía constantemente el cabello sin lavar. Tenía una gran cantidad de ropa, pero siempre vestía las mismas prendas. Era rica, pero le gustaba robar en los almacenes. Vivía en una mansión, pero su sueño era pasar la noche en autos abandonados. Su Toyota era lujoso, pero por el descuido lucía como carcacha.
Además de su psiquiatra, sólo Russell Dann se percató del estado mental de Laurie, y lo hizo cuando ya estaban casados. El hombre pensó en un principio que el comportamiento de su pareja era una especie de superstición. En los semáforos, Laurie se bajaba del auto y comenzaba a zapatear sobre el pavimento. Dentro de la casa, caminaba de puntas alrededor de las alfombras y nunca cerraba las puertas de gabinetes, armarios, vitrinas, etcétera.
A principios de 1985, Russell compró una casa de cinco recámaras para ambos. Sin embargo, para finales de ese año, el hombre comenzó los trámites para disolver la sociedad conyugal.
A partir de entonces, Laurie acosaba y agredía a Russel, hiriéndole incluso con un picahielo en el rostro. Asimismo, conocidos del matrimonio, además de algunas familias con las que Laurie trabajó, sufrieron acoso telefónico.
Culmina la misión
(surroundedbyreality.com)
Después de dejar en casa a los niños Rushe, Laurie, de 30 años, llegó a la escuela elemental Hubbard Woods. La maestra Amy Moses pensó que la mujer era mamá de uno de los niños y le pidió que se sentara antes de atenderla. Laurie obedeció, aunque a los pocos minutos se levantó y abandonó el salón, dirigiéndose hacia el baño de varones. Al entrar Robert Tross, de seis años, lo recibió con dos disparos de una Magnum .357: uno en la mejilla y otro en el estómago.
Wasserman regresó al salón de clases y ordenó a la maestra que colocara a los niños en una de las esquinas. Moses se rehusó y ambas forcejearon unos momentos antes de que la primera saliera del salón a pedir ayuda, lo que Laurie aprovechó para disparar: un infante murió y cuatro más fueron heridos de gravedad.
Wasserman subió a su auto y huyó tan rápidamente que se estrelló contra un árbol. Con su arma recargada se dirigió a una casa cercana. Dijo que había sido asaltada y que necesitaba hacer una llamada. El hermano mayor de la familia observó que la mujer estaba armada e intentó someterla. Pero Laurie fue más rápida y disparó en el rostro del joven. Al sentirse acorralada, la agresora corrió hacia las escaleras, colocó el arma en su boca y accionó el gatillo. Fue un final triste pero lógico para una persona cuya mente andaba a la deriva.

1 thought on “Laurie Dann: en caída libre

  1. Una vida bastante interesante la que tenía, la verdad me cuesta creer que nadie se diese cuenta de que estaba afectada mentalmente, supongo que creyeron que eran manías pero hay un límite e incluso una a merita atención.
    Sería interesante leer un triller sobre su vida.

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