Peña: la involución del dinosaurio

POR Alfredo C. Villeda
Los detractores de Peña Nieto aciertan, y hay que subrayar que de forma involuntaria, cuando dicen que el eventual triunfo del priista representa el regreso del dinosaurio, solo que con toques de mercadotecnia para presentarlo como un producto nuevo
(noticias.terra.com.mx)
El predominio del PRI en las encuestas a escala nacional, salvo en el Distrito Federal, ha motivado la especie de que la era de los dinosaurios está de vuelta. De forma involuntaria, quienes difunden el símil aciertan en una insospechada serie de tópicos.
En efecto, ellos, los priistas, gobernaban y se hacían llamar dinosaurios.

Hace 65 millones de años, si nos atenemos a la teoría científica más aceptada en la disciplina paleontológica, un meteorito hizo blanco en lo que hoy es la península de Yucatán, generó el célebre cráter de Chicxulub y la materia expulsada dejó en penumbras la Tierra, con lo que puso fin a la supremacía de los reptiles gigantes.
En 2000 de nuestra era, un meteorito llamado Fox hizo blanco en Los Pinos y echó de la Presidencia al PRI. En ambos casos, la presunta extinción de los dinosaurios resultó falsa. Ocurrió, sí, una metamorfosis que en el caso de los dinosaurios fue evolución.
Las pocas especies que lograron sobrevivir al cataclismo que puso fin al Cretácico se adaptaron al nuevo hábitat. Con las teorías de más consenso científico hasta la fecha puede decirse que los gigantes del pasado devinieron nuevas formas de vida, con menor tamaño en la talla, pero más equipados para la sobrevivencia, como un cerebro más grande y habilidades novedosas, como las plumas para volar.
Algunas especies no cambiaron mucho, quizá solo son un poco menores, porque su adelantado sistema inmunológico y adaptación ya eran de vanguardia y aún lo son. Un ejemplo son los cocodrilos, cuyo diseño es prácticamente similar al de su ancestro antediluviano, el Sarcosuchus imperator, que comía dinosaurios.
Pero quizá las especies más adelantadas, las que sacrificaron tamaño por sobrevivencia, son las aves, parientes directos de los gigantes del pasado. Los dinosaurios regresaron en una versión aerodinámica.
Los detractores de Peña Nieto aciertan, y hay que subrayar que de forma involuntaria, cuando dicen que el eventual triunfo del priista representa el regreso del dinosaurio, solo que con toques de mercadotecnia para presentarlo como un producto nuevo.
En efecto, cuando uno ve al mexiquense resulta difícil compararlo con los viejos y pesados ejemplares del PRI del pasado. Pero basta que dé un paso, que suelte una frase, que se aleje de su guion, para caer en la cuenta de que es de la misma especie de sus ancestros, pero sin la astucia, sin la agilidad mental ni la malicia de ellos. Se llama involución.
(flickriver.com)
A diferencia de lo que sucede en la sabia naturaleza, el entorno político parece empecinado en el estancamiento. Frente a la época de sombras que dejó el meteorito que cayó en Yucatán, ya superada con especies mucho más adaptadas al nuevo mundo, en la arena política el futuro en puerta luce en penumbras. Porque a diferencia de los postulados darwinistas, en la grilla no se ve cómo haya una verdadera evolución.
Baste recordar dos discursos recientes, de ayer mismo. Andrés Manuel López Obrador llama “copión” a Peña Nieto y Gustavo Enrique Madero, presidente del PAN, asegura que el priista le plagia los programas al gobierno federal panista. Es decir, los protagonistas de los tres principales partidos, que a diario se esfuerzan en dejar patente que son diferentes entre ellos, se atropellan un mismo día para salir a declarar que el otro se lo está plagiando.
La era de los dinosaurios se acabó, pero ellos evolucionaron en formas mejor adaptables, más ágiles, más pensantes, más aerodinámicas.
Los dinosaurios priistas, en cambio, nunca se extinguieron, aguardaron agazapados mientras se desvanecía la polvareda del meteorito foxista, y para recuperar sus territorios lanzaron por delante a una subespecie que solo en apariencia, solo en apariencia, luce como una versión moderna. Se llama involución.