La inmortalidad que no llegó

POR José Luis Duran King
Daniel y Manuela Ruda, un par de satanistas, deseaban convertirse en vampiros, por lo que eligieron a uno de sus amigos para succionarle la sangre y así lograr su cometido. Pero los resultados no fueron los esperados
Manuela Ruda (nguoiviet.de)
Aunque la creencia en una entidad maligna es más antigua incluso que el cristianismo, el satanismo como ritual sectario es relativamente nuevo. Sólo hay que remontarse a la última década del siglo XIX para encontrar sus primeras huellas a través de agrupaciones como Ordo Templis Orientis (1895) y Aurum Solis (1897).
La primera iglesia satánica como tal fue erigida en Estados Unidos, específicamente en Toledo, Ohio, en 1948. Pero correspondió a la Iglesia de Satán, con base en California y organizada en 1966 por Anton LaVey, atraer los reflectores mediáticos, sobre todo después de que se dio a conocer que Charles Manson y Richard Ramírez, cada uno en su época, fueron feligreses de la congregación de LaVey.

Ese oscuro concubinato entre ocultismo y homicidio ha provocado otro binomio en la sociedad, el de fascinación-repulsión. Las sagas de Manson, Ramírez, pero también de Ottis Toole, Henry Lee Lucas, Adolfo de Jesús Constanzo, Sean Sellers, Fred y Rosemarie West, entre muchos otros, han ejercido una especie de encanto en el público, que consume con gula los pormenores que circundan al fenómeno criminal en su matrimonio con lo oculto.
Cena en casa
El matrimonio Ruda (crimenesperfectos.com)
Cinco años después de que un clan vampírico liderado por un joven llamado Rod Ferrell sacrificara ritualmente a un matrimonio en Murray, Kentucky, otro caso de vampirismo ocurrió en la localidad de Witten, Alemania occidental, en julio de 2001, sólo que en este episodio actuaron en sociedad dos satanistas, Daniel, de 26 años, y Manuela Ruda, de 23, quienes habían contraído matrimonio el día 6 del sexto mes (junio), por lo que buscaron otro 6 (de julio) para cometer un homicidio ordenado por Satán (según declaró el matrimonio) y así convertirse en vampiros reales.
De acuerdo con la gente que conoce a Manuela Ruda, fue una niña tranquila que adoraba a sus mascotas. A los 13 años tiró las calcetas de niña y decidió que el corte de cabello y la ropa gótica eran lo suyo. A los 16 viajó a Londres, donde conoció a varios satanistas, con quienes asistía a bite-parties (fiestas de mordida), en las que los participantes bebían la sangre de los participantes, a la vez que dejaban que éstos hicieran lo mismo con la propia. Para sobrevivir, Manuela, aún menor de edad, se convirtió en la amante de un hombre de 62 años llamado Tom, quien destacaba en la comunidad de oscuros por sus peculiares tatuajes de Leopardo.
Al regresar a Alemania, la joven se vinculó a la escena satanista local y se implantó un par de colmillos. En 1999, totalmente comprometida con sus creencias, prometió que sería fiel a Satán hasta su muerte. En ese año fue cuando leyó en una página de corazones solitarios un mensaje que la atrajo: “Vampiro busca princesa de la oscuridad que odie a todos y a todo”. Se trataba de Daniel Ruda, un vendedor de autopartes, otro proscrito que expresaba su resentimiento social con su misantropía.
Por supuesto, Daniel y Manuela Ruda jamás recibieron órdenes del jefe máximo del mal para asesinar, simplemente la pareja deseaba consolidar su matrimonio mediante un pacto de sangre. Para alcanzar su propósito, el 6 de julio de 2001 invitaron a cenar “a casa” a uno de sus amigos, Frank Hackert, de 33 años.
El trío se sentó en el piso a escuchar discos y a conversar, haciendo tiempo para la cena. Lo que Hackert ignoraba es que él era el platillo principal. De hecho, quizá nunca se percató del momento en que murió. Con un movimiento imperceptible, Daniel tomó un martillo y lo estrelló contra la cabeza de su huésped, quien de inmediato quedó sin sentido. Manuela declaró que vio cómo la pupila de la víctima se dilataba. Aun así, la pareja asestó 66 puñaladas al cuerpo del hombre. Daniel y Manuela, como más adelante señalaron, estaban en un gran momento de euforia. Acto seguido, abrieron en canal el abdomen de Hackert y bebieron de su sangre.
Al terminar su festín, el matrimonio tuvo relaciones sexuales y posteriormente durmió en el ataúd que Manuela utilizaba en lugar de cama. Al despertar, la mujer estaba desconcertada por no haberse convertido en vampira, “porque, como vampiro, ya no tendría necesidad de las calles”.
Tres días después, la policía irrumpió en la vivienda del matrimonio Rueda, donde yacía el cadáver descompuesto de Frank Hackert, con el rostro destrozado a machetazos y con un escalpelo dentro de su caja torácica; además, la policía halló entre las pertenencias de la pareja una lista con los nombres de l15 víctimas potenciales.
Daniel y Manuela Rueda fueron condenados a prisión de por vida. Durante su juicio, los acusados reían y enseñaban los dientes como si fueran vampiros, además de formar con los dedos la señal de los cuernos de Satán.