Las heridas mentales de Dunblane

POR José Luis Durán King
Un sobreviviente de la masacre de una escuela primaria de Escocia, ocurrida en marzo de 1996, enfrenta 20 años después una corte por intentar violar a una anciana, en una conducta que exhuma los temores que de niño lo atormentaron
(telegraph.co.uk)
Dunblane es una pequeña ciudad de Escocia, cuyo monumento principal es una catedral. Su población apenas rebasa los 8 mil habitantes. No obstante ganó notoriedad mundial el 13 de marzo de 1996, cuando la escuela primaria de la localidad fue asaltada por Thomas Hamilton, de 43 años, quien llegó armado con dos pistolas Browning HP de 9 mm y dos revólveres Magnum .357 Smith & Wesson. El hombre cargaba en una maleta casi mil balas de repuesto. Su arsenal lo había adquirido de forma legal.

Hamilton era un solterón amargado y adoraba a los niños, sólo que de una forma enfermiza, pedófila;  por años, mantuvo la práctica de tomar fotografías a menores desnudos. Había sido líder Scout y atendía una tienda, la cual se vino abajo después de que se conoció su extraña conducta. A partir de entonces, Mr. Creepy, como lo apodaban los jóvenes scout, buscaba infligir un gran daño a la sociedad que lo rechazaba.
Hamilton conocía perfectamente las instalaciones de la escuela y había investigado las actividades que maestros y alumnos realizaban. Caminó por un pasillo hasta llegar al gimnasio, donde niños de entre cinco y seis años realizaban ejercicios. Sin mediar palabra, extrajo sus armas y abrió fuego, asesinando a 15 menores y a la maestra Gwen Mayor, quien intentó cubrir con su cuerpo a los niños que estaban cerca de ella. Una niña moriría más tarde en el hospital.
Al terminar la primera fase de su misión, Hamilton salió por la puerta de emergencia, y desde el patio de la escuela, disparó hacia un salón. El maestro había escuchado las detonaciones y ordenó a sus alumnos que se tiraran al suelo. Las balas impactaron contra paredes, bancas y libros. Al ver a un grupo de menores corriendo por un pasillo, el hombre nuevamente abrió fuego, hiriendo a un profesor. A causa del pánico, ahora la escuela lucía vacía. Ya no había mucho por hacer en el lugar. Hamilton regresó al gimnasio, sacó uno de sus revólveres, colocó el cañón en su boca y accionó el gatillo. El saldo fue de 16 niños y un adulto muertos; 15 heridos y el suicidio de Mr. Creepy.
Secuelas
(scot.cyberhost.me)
Uno de los niños heridos en el gimnasio fue Ryan Liddell, de cinco años. El día de la masacre, la madre de este menor estaba en las instalaciones de la escuela. En cuanto se escucharon los disparos, la mujer corrió en busca de Ryan. Lo encontró en el piso del gimnasio. “Tenía un agujero de bala del tamaño de un cráter en su brazo. Me preguntó: ‘¿Voy a morir?’ Le dije que no”.
Las secuelas de la masacre afectaron profundamente a la familia Liddell, de acuerdo con la madre del niño. “El menor estuvo varios días en terapia intensiva a causa de un pulmón colapsado y la fractura del brazo derecho. Después de un año de los sucesos en la escuela primaria de Dunblane, el menor aún temía que Thomas Hamilton regresara por él, pese a que la madre le explicó desde un principio que el asesino se había suicidado.
En 2011, 15 años después de la masacre de Dunblane, el tema de los traumas físicos y mentales de Ryan Liddell fue expuesto ante una corte. El joven Ryan, ahora de 20 años, enfrentaba una acusación muy seria. No era la primera vez que comparecía ante las autoridades judiciales; de hecho, Ryan tenía antecedente por entrar de noche a casas a robar. Lo hacía después de beber con los pocos amigos que tenía, que eran cada vez menos. Ryan vivía solo después de que dejó la casa de su madre y su padrastro.
Ryan Liddell se describía como un “idiota” y sus conocidos lo consideraban alguien más bien “extraño”. En junio de 2011, después de tomar vodka y cerveza con unos amigos, triste porque la mujer que le gustaba había preferido a otro de sus compañeros, se despidió de forma brusca de la tertulia.
Minutos después, ya de madrugada, entró a la casa de una enfermera jubilada de 76 años, abuela de dos nietos, la obligó a salir de la cama, y después de rasgarle el fondo, le gritó que quería tener relaciones sexuales con ella. La violación no se consumó gracias a que varios vecinos acudieron en ayuda de la mujer.
Liddell es el único sobreviviente de la masacre de Dunblane que ha enfrentado una corte por un cargo de esa gravedad. Pese a que la parte defensora presentó el expediente de traumas del joven, el jurado recomendó un tiempo de encierro para el agresor. Lo que queda en claro es que las consecuencias de un acto violento muchas veces desembocan en conductas igualmente violentas. Llama la atención que ahora Ryan Liddell es tímido y apocado como Thomas Hamilton lo era, y cómo este último, el joven sobreviviente gusta irrumpir de improviso a lugares que conoce y estudia de antemano a causar estragos a una sociedad que al parecer él también desea castigar.