Albert Camus: Cartas a un amigo alemán

POR Gabriel Ríos
Quien escribió ensayos reunidos en el libro El hombre rebelde abominaba a los verdugos, pero también le hubiese avergonzado dar a entender que un escritor como él, pudiera haber sido enemigo de una nación, incluyendo Alemania
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Durante la ocupación nazi en Francia, Albert Camus escribió cuatro cartas, publicadas, entre julio de 1943 y julio de 1944. La primera, en el número dos de La Revue Libre, en 1943; la segunda, en el número tres de los Cahiers de Libération, a comienzos de 1944, y la tercera, despuntando el año de 1945, por el semanario Libertés. En la nota del editor se dice que la tercera y la cuarta permanecieron inéditas, hasta que la nación fue liberada.
Cartas a un amigo alemán, cuya primera edición data de 1948, aparece hoy bajo el sello Tusquets México, con el comentario de Malraux, en el medio siglo XX, quien destacó del libro, “el Mal absoluto y la fraternidad”, que sólo Camus, “polemista memorable” pudo haber escrito, llevando al plano de las ortodoxias de su época lo que se traduce como el enfrentamiento contra la violencia.

En el prólogo de la edición italiana del autor de los libros La peste, El extranjero y El mito de Sísifo, Premio Nobel de Literatura en 1957, tres años antes de que falleciera a causa de un accidente automovilístico, se comenta que Cartas a un amigo alemán se imprimió también fuera de Francia, con el ánimo de contribuir al cese de la estupidez y el fascismo que separaba a los dos países.
Escritas y publicadas las Cartas en documentos clandestinos… “se proponen esclarecer un poco, el ciego combate en que estábamos enfrascados y hacerlo así más eficaz”. Escritos coyunturales en su momento, con cierto tono de injusticia, sobre la Alemania vencida, es decir, la de ese tiempo.
En el libro que tenemos en las manos, se dice que cuando Camus escribe “ustedes”, no quiere decir “los alemanes”, sino los nazis; asimismo, en donde dice “nosotros”, no siempre significa “los franceses”, sino “los europeos libres”.
En las entrañas de una Europa desgarrada, asegura Camus, en el breve prefacio de Cartas a un amigo alemán, que ni Francia ni Italia perderían (perderán) nada; afirma por el contrario, que se abrirán a una sociedad ampliada y libre.
“Se trata de un documento de la lucha contra la violencia”,  escribe Camus y el creador de esa maravillosa novela El extranjero, de ese personaje-niño, desnudo del alma, en el que cabía el absurdo del orbe, hubiera preferido que se leyera (se siga leyendo) en ese sendero, Cartas a un amigo alemán.
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Quien escribió ensayos reunidos en el libro El hombre rebelde abominaba a los verdugos, pero también le hubiese avergonzado dar a entender que un escritor como él, pudiera haber sido enemigo de una nación, incluyendo Alemania.
La voz del “supuesto” amigo alemán se escucha en la primera misiva y entre otras cosas, asegura que la grandeza de Alemania no tiene precio en un mundo que no tiene sentido, y si “los jóvenes alemanes, tienen la fortuna de encontrarse como el destino de la nación, deben sacrificarlo absolutamente todo”.
La respuesta de Camus habría que confrontarla a la meta perseguida por los nazis, porque él amaba a su país y la justicia.
Quien se había alejado cinco años de su amigo alemán, decía que el afecto había acabado, por la grandilocuencia del quien derramaba sangre y mentiras.
De aquella amistad el periodista francés mostraba indiferencia, “porque la grandeza y el valor consisten en vencerse a sí mismo”. Camus consideraba contrario al heroísmo, el instinto y el culto a la eficacia.
Recordemos a Mussolini, regodeándose con la razón de Estado, que transformó, con una retórica aprendida desde su infancia, por los dictadores de nuestro tiempo: “Nada fuera del Estado, por encima del Estado, contra el Estado. Todo del Estado, para el Estado, en el Estado”.
¿Será que las grandes virtudes terminan por fastidiarnos? Meditaba y analizaba Camus la barbarie en la que la “verdad” fluía sin esfuerzo.
Camus deseaba el renacimiento del espíritu y el cuerpo: “Por eso hemos empezado por la derrota, mientras ustedes (los nazis) se nos arrojaban encima”.
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Nos hace saber el ensayista, novelista y dramaturgo francés que la mutilación del hombre  es irreversible. Lo piensa, en medio de un país, Francia, que se vio obligada a renunciar por un tiempo a la ciencia y a la cultura, por lo que se precisó hacer un amplio rodeo,  “para poder salvaguardar la justicia”.
Escribió las Cartas a un amigo alemán, él mismo lo dice, a vuela pluma, soltando sus sentimientos cuando la angustia de la ocupación oscurecía el ámbito europeo, porque la premisa de los nazis era servir a la política de la realidad.
Al hombre Camus lo definía como la fuerza que acaba siempre por expulsar a los tiranos y a los dioses. Con una inusitada transparencia decía: “Nuestra Europa no es la de ustedes”, pues los nazis la concebían como una propiedad, “en tanto que nosotros nos sentimos dependientes de ella… Esta tierra, en la que se han acumulado siglos de legendarias culturas no es para ustedes (los nazis) sino un retiro forzado, mientras que para nosotros es nuestra esperanza”.
Al pie de nota de la edición que leemos, se dice que Albert Camus escribió  algunos artículos relacionados con la idea de una Europa unida, en publicaciones como Alger républicain y el periódico Combat, este último fundado por el autor de El exilio y el reino, siendo su director y editorialista, de 1945 a 1947.
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Un amor inusitado se despliega en Cartas a un amigo alemán. Camus revive sus viajes en 1936 y 1937, a Austria, Checoslovaquia e Italia y siente los latidos de su corazón, en esos momentos tormentosos que auspiciaban los nazis.
Fue un tiempo de esfuerzos por mantener en el límite las emociones, reflexionaba Camus, que junto con la población europea se consideraba fiel a sus razones, en el sacrificio y la amorosa felicidad, “entre el espíritu y la espada”.
En la última carta, Camus se acerca al oído del interlocutor, con una frase contundente: “se acerca el momento de su derrota”. El autor francés, quien desarrolló diversas teorías acerca del absurdo y el existencialismo, encontró, en esos momentos de angustia, refugio en las riberas del Sena, en la espera del alba.
“Un desfile de mentiras”, llamó Camus a los que vincularon la obra de Nietzsche con los nazis, esos “fabricantes” de infrahombres, que no tenían nada que ver con la predicación del superhombre del filósofo alemán.
Con la ética que lo caracterizó en su vida, dice Camus que cómo es posible que haya sido en el pasado, tan semejante al amigo alemán, que hoy es su enemigo. Él nunca creyó en la lógica del fin, en la ausencia de la moral.
Hitler, lo dice Camus en El hombre rebelde, “no ha dejado nada para su pueblo, y el mundo, con siete millones de judíos asesinados, igual número de europeos deportados o muertos, y diez millones de víctimas de la guerra”.
Se menciona en el texto “Nietzsche y el nihilismo” que también forma parte de El hombre rebelde de la ausencia de fe como si fuera un método.
Contrario al movimiento nazi, Albert Camus desmiente la desmesura de la injusticia: “Pienso que el hombre debe afirmar la justicia… y crear felicidad para protestar contra el universo de la desdicha”.
Cartas a un amigo alemán es producto del dolor causado a Camus por las matanzas en Ascq, Oradeur-sur-Glane y Lídice, asegurando que no odia a los nazis, pero sí quiere que quede desarticulado su poder, sin mutilar sus almas.
En el clímax de la desesperación, debido a que cientos de hombres, mujeres y niños fueron asesinados, Camus no esperaba nada del cielo, pero sí, de una fuerza natural que ayudara a salvar al hombre de la soledad, y con un grito que se antoja desafiante, escribió: “Por haber despreciado esa fidelidad, serán los nazis quienes mueran solitarios a millares, y ha llegado la hora de decirles adiós”.