Junio 2, 2012. Muere el fotógrafo Héctor García

POR CNN México
Con las calles como “teatro de acción”, se convirtió en uno de los principales fotoperiodistas mexicanos del siglo XX. “La calle me pareció, con mucho, un escenario más amplio donde sucedían más cosas, con personajes de la realidad más ricos en vida, en concepto y forma”, alguna vez dijo
Acumuló más de un millón de negativos en su trayectoria como fotoperiodista, que inició en 1945 (Cuartoscuro/Archivo)
El fotógrafo mexicano Héctor García falleció en la Ciudad de México a los 88 años debido a una insuficiencia cardiaca. El Fotógrafo de la Calle, como él se consideraba, fue uno de los principales representantes del periodismo gráfico nacional con una trayectoria que inició en 1945 y en la que acumuló cerca de un millón de negativos.

La calle era el escenario de su “teatro de acción”, decía. “Preferí la realidad, la vida y me convertí en un testigo del acontecer social del país. La calle me pareció, con mucho, un escenario más amplio donde sucedían más cosas, con personajes de la realidad más ricos en vida, en concepto y forma”, explicaba.
Héctor García nació en la Ciudad de México el 23 de agosto de 1923, en el barrio de La Candelaria. Sus padres fueron Amparo Cobo Soberanes, originaria del Estado de México, y Ramiro García do Porto, de origen portugués.
García hizo de todo para ganarse la vida. Desde pequeño trabajó como limpiabotas, cargador y vendedor de diarios. A los 14 años fue acusado de robo y cumplió cinco años en la Correccional para Varones de Tlalpan, en la Ciudad de México. Ahí el joven recibió, de su orientador correccional, su primera cámara fotográfica.
En 1942 se enlistó para ir a Estados Unidos a trabajar de bracero en la construcción de ferrocarriles que llevaban armamento para el combate en la Segunda Guerra Mundial. Fue ahí donde vivió un suceso que marcó su vida y por el cual decidió ser fotógrafo, según relataba en las entrevistas que concedía. Durante su trabajo como bracero, un tren arrolló a uno de sus compañeros. García intentó registrar la escena con su cámara fotográfica, pero cuando quiso revelar el rollo se dio cuenta que la cinta estaba velada. Por esa razón decidió estudiar fotografía e inició su trabajo enfocado a los sucesos cotidianos. Desde entonces acumuló un numeroso portafolio fotográfico.
En 1946 regresó a México y se inscribió en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Aprovechando los conocimientos sobre fotografía que aprendió en la Academia de Artes Fotográficas de Nueva York, comenzó a cubrir marchas, huelgas y mítines estudiantiles. Sus primeros reportajes aparecieron en los periódicos murales del IPN. Así comenzó su trabajo como reportero gráfico.
“Siento que la responsabilidad de los fotógrafos es ser los ojos de la sociedad. Aunque en cada cosa importante o interesante a veces nos obstruyen y nos prohíben hacer nuestro trabajo. No sé si lo hacen para salvarnos la vida, pues tenemos que estar de frente y en el frente, no podemos reportear por teléfono”, dijo en una entrevista en 2002.
García se inscribió en la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, donde conoció a dos maestros fundamentales para su trabajo: Gabriel Figueroa y Manuel Álvarez Bravo, destacados fotocineastas de la época.
Escribir con luz
(milenio.com)
García consideraba a la fotografía una forma de “escribir con luz” sobre los sucesos que vivía en la calle.
“Conozco muy bien la Ciudad de México, la he conquistado palmo a palmo. En aquel entonces, cuando sólo era un niño, me parecía fascinante. De la estación de San Lázaro ensayé mis primeras incursiones por las calles de Emiliano Zapata y La Santísima hasta el Zócalo pasando por el terrorífico descubrimiento de la Coatlicue, el Zompantli y la piedra de los sacrificios”, señaló en una entrevista para la revista Siempre!
En su trabajo cubrió la protesta estudiantil de 1968, cuyas capturas fueron parte del libro Días de guardar del escritor Carlos Monsiváis. Fue el fotógrafo oficial de los Juegos Olímpicos de ese mismo año. Junto a la escritora Elena Poniatowska consiguió tomar fotografías en la prisión de Lecumberri, a David Alfaro Siqueiros, el preso número 46788.
Entre los múltiples galardones que recabó en su trayectoria estuvieron el Premio Nacional de Artes y Ciencias (2002); en tres ocasiones fue distinguido con el Premio Nacional de Periodismo (1958, 1969, 1979); y el premio a la mejor cinta etnográfica en el Festival de Popoli en Florencia (1972), de acuerdo con Conaculta.
Encabezó más de 65 exposiciones individuales en México, Cuba, Francia, Suiza, España, Alemania, Italia, Colombia y Venezuela, entre otros países, según la Secretaría de Educación Pública.
Entre las más destacadas estuvieron las que presentó en el Museo Nacional de Antropología y la del Museo de la Fotografía, ambas en México; en la Biblioteca Nacional de París; y en la Biblioteca del Congreso de Washington.
Además fue autor de diversas publicaciones entre las que están Escribir con luz (1985); Diego Rivera de carne y hueso (1986) y México sin retoque (1987).
En su trabajo, el fotógrafo de la calle reconocía el valor de los espacios abiertos: “No hay poses que valgan, ni retoques, ni ángulos; hay ensayos de una primera y única vez. Hay instantes dignos de perpetuarse”.
Junio 2, 2012.