Humor oscuro de asesinos seriales

POR José Luis Durán King
No se conoce el número exacto de víctimas de Ted Bundy. Son más de 30, aunque cuando un periodista le preguntó si eran 30 o 36, el asesino se limitó a decir con frialdad: “Auméntale un dígito”
Alexander Pichushkin (friki.net)
Cuando en junio de 2006 las autoridades rusas capturaron a Alexander Pichushkin, sospechoso de una cadena de homicidios que tuvo de epicentro el parque Bitsa, en Moscú, nunca pensaron que habían detenido a un hombre que había arrancado una competencia contra otro asesino serial, Andrei Chikatilo, para ver quién cometía mayor número de crímenes fatales.

En ese juego perverso, hubo un empate: Chikatilo, quien fue ejecutado el 14 de febrero de 1994 (es decir, ni se enteró de que alguien competía con él), acabó con la vida de 52 mujeres y con la tesis hipócrita de los funcionarios soviéticos de que los asesinos seriales eran un fenómeno exclusivo de la decadencia occidental. Pichushkin, oficialmente mató a igual número de personas, pero alegaba que había 11 víctimas adicionales que la policía rusa no quiso adjudicarle; es decir, hablaba de 63 muertos, uno menos de los 64 que tenía previstos para completar las piezas de ajedrez, juego al que era aficionado.
Al respecto, y haciendo gala de ese siniestro sentido del humor de algunos homicidas reiterativos, Pichushkin declaró: “¿63 personas no son de interés para ustedes? Creo que no es decente que se olviden de las otras 11?” Más adelante, cuando lo entrevistó un canal de televisión, señaló: “Para mí, la vida sin asesinar es como la vida sin comida para ustedes”.
Alexander Pichushkin no ha sido el único homicida pluralista que ha aportado frases rebosantes de cinismo. Albert DeSalvo, el connotado Estrangulador de Boston, que entre junio de 1962 y enero de 1964 asesinó a 13 mujeres con el método que le valió su apodo, declaró lo siguiente cuando en una entrevista se le preguntó acerca de la naturaleza de sus delitos: “No fue tan oscuro y espantoso como parece. Me divertí mucho… matar a alguien es una experiencia divertida”.
Albert Fish (darknessgotika.blogspot.com)
Hamilton Howard, mejor conocido como Albert Fish o El Hombre Lobo de Wysteria, estaba por cumplir 55 años cuando decidió que lo suyo era el asesinato y la canibalización de niños. Él dijo que asesinó a más de 100 menores, lo cierto es que se le comprobaron cuatro víctimas, una de ellas Grace Budd, de diez años. La menor fue secuestrada por Fish en 1928. En 1933, el hombre escribió una carta a la madre de Grace, explicando de forma pormenorizada la forma en que la niña fue cocinada y posteriormente devorada en un lapso de dos semanas.
Precisamente, el matasellos de la carta enviada a la madre de Grace condujo a la detención del sujeto, que entonces tenía 63 años. Durante el interrogatorio, Fish hizo gala de una sinceridad que asombró a los investigadores, con frases como: “Me parece que siempre disfruté al hacer daño. El deseo de infligir dolor es algo supremo”. Y, cuando se le inquirió acerca de su estado mental, Fish simplemente salió con una de las suyas: “No estoy loco. Sólo soy un marica”. Efectivamente, aunque el individuo era padre de seis, también eran del conocimiento general sus relaciones sadomasoquistas con hombres.
No se conoce el número exacto de víctimas de Ted Bundy. Son más de 30, aunque cuando un periodista le preguntó si eran 30 o 36, el asesino se limitó a decir con frialdad: “Auméntale un dígito”. La huella de la mordida de Bundy en la nalga de unas de sus víctimas sobrevivientes prácticamente fue su salvoconducto a la silla eléctrica. De acuerdo con testigos, mientras aguardaba su turno de ejecución en el corredor de la muerte de la Prisión Estatal de Florida, colocó un letrero colgado en los barrotes de su celda que decía: “¡Cuidado, porque muerdo!”.