Agosto 15, 1977. Cuando alienígenas contactaron con la Tierra

POR Miguel Ayuso
El código en cuestión era una supuesta señal de radio de exactamente 72 segundos de duración correspondiente a la zona oeste de la constelación de Sagitario, la región del firmamento que analizaba el radiotelescopio en ese momento
(crystalinks.com)
El 15 de agosto de 1977, hace exactamente 35 años, el radiotelescopio Big Ear, situado en Ohio (Estados Unidos), captó una extraña señal proveniente de la constelación de Sagitario. Eran exactamente las 22:16 de la noche en la Costa Este, cuando el ordenador del observatorio –un IBM 1130, con 1 MB de disco duro y 32 KB de memoria RAM, que convertía directamente los datos recibidos por el radiotelescopio a una serie de caracteres alfanuméricos— dejó escrito un código, “6EQUJ5”, que mantuvo en vilo a la comunidad científica internacional.
La señal quedó registrada en el papel continuo de la impresora, pero pasó un par de días hasta que Jerry Ehman, un investigador voluntario de la Universidad de Ohio que entonces tenía 37 años, descubrió la señal escondida entre las columnas de números que registraba a diario el radiotelescopio. Su sorpresa fue tal que, tras señalar con bolígrafo rojo el extraño código, escribió “¡Wow!”, la expresión de sorpresa que dio nombre al suceso en todo el mundo.
El código en cuestión era una supuesta señal de radio de exactamente 72 segundos de duración correspondiente a la zona oeste de la constelación de Sagitario, la región del firmamento que analizaba el radiotelescopio en ese momento. La señal era de una intensidad 30 veces superior al ruido de fondo que solía registrar Big Ear, y se trataba de la anomalía más intensa detectada nunca por un radiotelescopio.
Los científicos estaban entusiasmados, pues buscaban exactamente una señal de este tipo. Ehman corrió a enseñar el código captado por el radiotelescopio a sus superiores, el director del observatorio, John Krauss y su asistente Bob Dixon, que se mostraron igual de entusiasmados. Al fin y al cabo, los científicos buscaban exactamente una señal de este tipo, pues trabajan para el proyecto SETI –acrónimo del inglés Search for ExtraTerrestrial Intelligence (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre)— que, bajo el auspicio de la NASA, trataba (y sigue tratando, aunque sin el patrocinio de ésta) de analizar las señales electromagnéticas provenientes del espacio exterior en busca de códigos inteligibles.
En busca de un contacto
Para entender la excitación que causó en su día la “Señal Wow!” hay que ahondar en las pretensiones científicas de la época. A principios de los años 60, Philip Morrison y Guiseppe Cocconi, astrofísicos de la Universidad de Cornell, se preguntaron qué método utilizaría una posible civilización extraterrestre para contactar con otros seres inteligentes. Llegaron a la hipótesis de que los alienígenas usarían señales de radio, ya que éstas requieren una energía relativamente pequeña para viajar a puntos muy alejados del espacio. Asumieron, además, que éstos serían lo suficientemente inteligentes como para elegir un mensaje que el resto de seres inteligentes pudieran entender, aunque hablaran por fuerza un lenguaje distinto.
La señal correspondía con la frecuencia del hidrógeno, el elemento más común del universo, algo que los científicos pensaron que no podía ser simple coincidencia. Los investigadores pensaron entonces que los extraterrestres se comunicarían con otra civilización inteligente utilizando sus conocimientos de química. Cada compuesto emite una frecuencia electromagnética característica que, de hecho, sirve a los astrónomos para determinar la composición de exoplanetas y estrellas con sólo observar la luz que emiten. Los científicos creyeron que los alienígenas usarían para sus propósitos de contacto la frecuencia correspondiente al hidrogeno, 1420 Mhz, ya que es el elemento más común del universo. Esta teoría era conocida por todos los integrantes del proyecto SETI, y la señal que registro Ehman coincidía exactamente con esta frecuencia. Por ello la sorpresa de los astrónomos fue tan grande. ¿Se trataba de un mensaje creado ex profeso para establecer un contacto?
Un enigma que sigue sin respuesta
La “Señal Wow!”, como fue descubierta en 1997 por Jerry Ehman
Como era de esperar, los científicos de Big Ear, y muchos otros astrónomos de todo el mundo, se volcaron en el análisis de la zona de Sagitario de la que provino la señal. Los investigadores se sorprendieron al descubrir la localización exacta de ésta: un punto al noroeste del cúmulo globular M55, en el que aparentemente no había ningún planeta ni estrella. ¿De dónde provenía entonces el mensaje?
Ehman cree que se trató de una señal con origen terrestre que fue reflejada por algún pedazo de basura espacial. En 1997, el investigador del SETI Paul Shuch explicó a la revista New Scientist que en el caso de que la “Señal Wow!” hubiera tenido un origen extraterrestre, habría requerido un espectacular despliegue técnico: un trasmisor del al menos 2,2 gigavatios, mucho más poderoso que cualquier emisora de radio terrestre. Quizá la civilización alienígena contaba con una tecnología muy superior a la nuestra, pero al menos tendría que haber instalado la antena en algún sitio. El hecho de que la señal viniera aparentemente de la nada no ayudaba en absoluto.
El propio Ehman se ha mostrado casi siempre escéptico sobre el asunto. En una entrevista que concedió en 1994 al periódico Cleveland Plain Dealer llegó a una conclusión: “Deberíamos haber visto la señal de nuevo cuando la buscamos más de 50 veces; algo me sugiere que se trató de una señal con origen terrestre que simplemente fue reflejada por algún pedazo de basura espacial”.
En 1997 el radiotelescopio Big Ear fue desmantelado. Nunca volvió a registrar nada reseñable, y los científicos del SETI no pudieron explicar el origen de la trasmisión. Se realizaron más de 100 estudios para explorar la misma región del espacio. Nadie volvió a encontrar nada fuera de lo normal. Pese a esto, 35 años después la “Señal Wow!” mantiene su misterio. Si bien nunca se pudo confirmar su origen extraterrestre, tampoco hubo manera de demostrar que la señal provenía de la Tierra o tuvo su origen en un error de observación del radiotelescopio. La verdad, como aseguraban en Expedientes X, puede estar ahí fuera.
Tomado de:El Confidencial. Agosto 15, 2012.