Bellocq: aromas de una vida disoluta

POR Gilbert King
La zona del vicio de Nueva Orleáns prácticamente ha sido demolida, y extrañamente casi no hay evidencia visual de que alguna vez existiera, excepto por las fotografías de Ernest J. Bellocq de las prostitutas de Storyville, imágenes enigmáticas de una vida secreta que han inspirado a poetas, novelistas y cineastas

En las décadas posteriores a la Reconstrucción, los amantes del deporte de todo Estados Unidos llegaron a Nueva Orleáns, atraídos por las carreras de caballos durante el día y por el vicio desenfrenado de la ciudad por la noche. En los salones y honky tonks* alrededor del Vieux Carré (Barrio Francés), el licor fluía, los hombres tropezaban en las calles, palpitando con la música estilo afrocaribeña interpretada por niños en las calles iluminadas por un sistema de antorchas eléctricas. Los burdeles y casas de juego se hicieron tan frecuentes que se dice que ocupaban casi toda la ciudad, hasta que en los años finales del siglo XIX un movimiento reformista cobró impulso bajo la dirección de un concejal de nombre Sidney Story, un respetable hombre de negocios y enemigo jurado del pecado y la depravación que asolaba la Ciudad Creciente.

Burdeles y casas deportivas se rotularon para que la policía tuviera cierto control sobre la zona, promoviendo Story una agresiva legislación en 1897 que asignó 16 cuadras justo al lado del Barrio Francés, donde el vicio sería legal. Una vez que la ley fue aprobada, cientos de prostitutas organizaron un desfile por Canal Street, marchando, corriendo desnudas o vestidas con elaborados trajes egipcios. En su autoproclamada victoria, bebieron licor y desplegaron escenas atrevidas que provocaron los gritos de los hombres en las calles, quienes las habían seguido hasta la nueva zona de diversión de Nueva Orleáns. Sidney Story también vio esto como una victoria, pero sólo hasta que se enteró de que los habitantes felices del distrito habían nombrado el territorio con base en su nombre.
Así, Storyville nació el 1 de enero de 1898, y sus burdeles, salones y el jazz prosperarían durante 25 años, dando a Nueva Orleáns su reputación de celebrar la vida de forma disoluta. Storyville prácticamente ha sido demolida, y extrañamente casi no hay evidencia visual de que alguna vez existiera, excepto por las fotografías de Ernest J. Bellocq de las prostitutas de Storyville. Ocultas desde hace décadas, las imágenes enigmáticas de Bellocq de lo que parecía ser una vida secreta han inspirado a poetas, novelistas y cineastas. Pero la fama que obtuvo sería póstuma.

E.J. Bellocq nació en Nueva Orleáns en agosto de 1873 dentro de una familia aristocrática criolla blanca que, como muchas de la ciudad, tenía sus raíces en Francia. De acuerdo con varios testimonios, Bellocq tenía un aspecto extraño, como de enano, de acuerdo con un residente de Nueva Orleáns lo escribió; tenía hombros muy estrechos, pero “su tórax es muy amplio”.
Con reminiscencias del pintor francés Henri de Toulouse-Lautrec, cuya forma deformada se creía que era el resultado de la endogamia, de Bellocq se cree que fue hidrocefálico. Su condición, comúnmente conocida como “agua en el cerebro”, agranda la cabeza y con frecuencia provoca convulsiones y discapacidad mental. La frente de Bellocq –dijo un hombre que lo conoció— era muy alta y “llegado a un punto, era casi calvo”. Bellocq se enmascaraba constantemente con un sombrero. Se ganaba la vida como fotógrafo comercial, tomando fotos de los barcos en un astillero, de los monumentos de la ciudad, así como de la maquinaria industrial. Lucía como una persona que no tenía mucho talento.
Dan Leyrer, otro fotógrafo de Nueva Orleáns, conocía a Bellocq de verlo en un burlesque de la calle Dauphine. Más tarde recordaría que la gente lo llamaba Pap y que “tenía un acento terrible y hablaba con una voz aguda, como staccato, y que cuando se excitaba su voz sonaba como la de una ardilla enojada”. Leyrer también señaló que Bellocq a menudo hablaba a sí mismo, y “se iba caminando por ahí con pasitos cortos… contoneándose un poco como un pato”.
Sin embargo, E.J. Bellocq no sólo fotografiaba barcos y máquinas. Lo que más hacía era realizar innumerables viajes a Storyville, donde elaboró retratos de prostitutas en sus domicilios o lugares de trabajo con su cámara de 8 por 10 pulgadas. Algunas de las mujeres fueron fotografiadas vestidas con su ropa de domingo, apoyándose contra la pared o acostadas en una tabla de planchar, jugando con un perro pequeño. Otras están completa o parcialmente desnudas, descansando en sofás o sentadas en sillas.
Las imágenes son notables por sus valores modestos y su informalidad. Bellocq logró capturar a muchas de las profesionales del sexo de Storyville en sus propias viviendas, simplemente siendo ellas mismas frente a su cámara, no como pin-ups sexualizadas de tarjetas postales. Si sus imágenes de naves y edificios no destacaron, las fotos que tomó en Storyville son inmediatamente reconocibles como retratos de Bellocq –cápsulas temporales de humanidad, incluso inocentes, en medio de los miserables establecimientos de luz roja de Nueva Orleáns. De alguna manera, quizá por ser él mismo uno de los marginados de la sociedad, Bellocq ganó la confianza de sus modelos, que parecen estar completamente a gusto frente a la cámara.

Bellocq continuó ganándose la vida como fotógrafo, pero nunca con mucho éxito. En 1949, a los 76 años, cayó por unas escaleras en el Barrio Francés y se golpeó la cabeza; murió una semana después en el Hospital de la Caridad. Su hermano Leo, un sacerdote jesuita, fue convocado al hospital, y cuando regresó al apartamento de su hermano, descubrió los negativos de los retratos. Éstos terminaron almacenados en el baño de una tienda de junco que alguna vez fue habitada por esclavos.
En 1958, 89 negativos de vidrio fueron descubiertos en un cofre, y nueve años más tarde el fotógrafo estadounidense Lee Friedlander adquirió la colección. Muchas de las imágenes estaban dañadas a causa de las malas condiciones de almacenamiento. Ninguna de las impresiones de Bellocq fue hallada con su negativo, pero Friedlander hizo sus propias imágenes de ellas, teniendo mucho cuidado para capturar el carácter de la obra del artista. Se cree que Bellocq rayó a propósito los negativos de algunos de los desnudos, tal vez para proteger la identidad de sus personajes.
Bellocq también era conocido por haber llevado su cámara a los fumaderos de opio en el Barrio Chino de Nueva Orleáns, pero ninguna de esas imágenes ha sido encontrada. Sus desnudos y retratos han influenciado el trabajo de incontables fotógrafos a los largo de los años, y su misteriosa vida dedicada a una vocación secreta ha inspirado a muchos personajes de novelas, así como un retrato de Keith Carradine en Pretty Baby, la cinta de Louis Malle.
Storyville se cerró al comenzar la Primera Guerra Mundial, y fue arrasada para dar paso a los Proyectos de Vivienda Iberville a principios de los años 40. Algunos edificios aún son vicegobernados por el distrito de Nueva Orleáns, pero no muestran nada de la humanidad y el espíritu de una fotografía de Bellocq.
* Los honky tonks eran locales rudos del sur profundo que servían alcohol a clientes de clase obrera (Wikipedia).
Tomado de:smithsonian.com. Marzo 28, 2012.