La última bruja de Europa

POR Isabelle Eichenberger
Los juicios por herejía llevados adelante por la Iglesia desembocaron en procesos por brujería dirigidos por el Estado laico, que necesitaba a las brujas para definir su territorio y sentar jurisdicción, en particular en el campo
(thestranger.com)
Tras Glarus en 2008, Friburgo acaba de rehabilitar la memoria de “su” última bruja, quemada viva en 1731. Algo normal en estos tiempos de rehabilitaciones de todo tipo, muy mediatizadas. Suiza tuvo el triste récord europeo de esta forma de caza tan particular.
En la Edad Media, cuando había que explicar las catástrofes o las epidemias, se intentaba al mismo tiempo castigar a los culpables. Seres necesariamente responsables de practicar la magia y de sellar pactos con el diablo dirigidos contra la cristiandad: nacían así las brujas.

Para “fabricar” una bruja bastaba en esa época un comportamiento rebelde o marginal, que llamase la atención. También alimentar rumores y alterar el orden público hasta atraer la atención de las autoridades, quienes declaraban “abierta la veda”.
Fantasía del poder
Segunda etapa: para condenar a una bruja bastaba con partirle las piernas, arrancarle las uñas y ahogarla en una bañera. A la vista de estas refinadas técnicas, expuestas actualmente en el Museo de Murten (cantón Friburgo), uno tiene ganas de confesar haber matado al padre y la madre.
Ello prueba que era la tortura la que hacía las brujas. Y el fanatismo religioso. “Esta caza de brujas imaginarias, que sólo existen en la fantasía del poder, se parece mucho a las teorías recientes de la lucha antiterrorista en los Estados Unidos. No niego la realidad de los atentados, pero George W. Bush los convirtió en un mito para justificar la tortura”, afirma Kathrin Utz Tremp.
De hecho, el suplicio de la bañera (también conocido en América Latina como “submarino”) ha atravesado los siglos hasta llegar a las prisiones actuales de la CIA. Esta brillante especialista estima que en el periodo que va de los siglos XV al XVIII entre 30 mil y 60 mil personas fueron quemadas vivas acusadas de brujería en Europa. De entre ellas, 6 mil lo fueron en Suiza y 300 sólo en el cantón de Friburgo.
Un auténtico récord. E incluso un doble récord. “Friburgo fue el tercer lugar de Europa en ejecutar brujas, ya en el año 1429. Igualmente, fue una de las primeras autoridades políticas en abrir procesos de brujería sin la asistencia de inquisidores religiosos”, destaca Kathrin Utz Tremp.
El diablo es occidental
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Al comienzo fue la Iglesia más ortodoxa, apoyada por el poder laico, la que se puso a perseguir la herejía, y posteriormente la magia, hasta el punto de crear esta herejía imaginaria.
“La inquisición”, continúa la especialista, “tenía necesidad de esta especie de ‘anti-mundo’ dirigido por el diablo, incluso si esto no tenía ninguna base en la realidad”. A partir del siglo XVI, y sobre todo del XVII, es el poder político y terrenal el que toma el relevo.
La Inquisición y la Iglesia decidieron que, al igual que la magia negra, la magia blanca, más o menos inocente, se basaba también en un pacto satánico previo. De acuerdo con la medievalista, “este concepto se distingue de la brujería actual en el Tercer Mundo, que no se basa en una religión y en la que el diablo está ausente”.
Iglesia y Estado: un mismo combate
Es así que los juicios por herejía llevados adelante por la Iglesia desembocaron en procesos por brujería dirigidos por el Estado laico, que necesitaba a las brujas para definir su territorio y sentar jurisdicción, en particular en el campo.
En el siglo XV, los juicios implicaban mayormente a hombres que no se sometían debidamente a la catedral o a las autoridades civiles. En ello estaba el germen de una noción política de revuelta.
A partir del siglo XVI, pero sobre todo del XVII, una vez que el poder terrenal estaba bien implantado, las autoridades se dedicaron a utilizar la brujería como instrumento para garantizar el orden público y la disciplina social. “Es en ese momento que da comienzo la gran caza de brujas”, explica Kathrin Utz Tremp.
La especialista precisa que la represión se cobró entre 70 y 80 por ciento de víctimas femeninas. Eran culpables de ser pobres, solteras… y mujeres, tal como ocurrió a la Catillon, ejecutada en Friburgo en 1731.
Una historia de fronteras
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La historiadora comenta que la represión fue mucho más dura en la Suiza de habla francesa. “La Iglesia se enfrentó aquí a la herejía de un movimiento laico, los Waldenser, mientras que no había Inquisición en la Suiza oriental, que estaba más orientada hacia la magia blanca”.
La religión siempre ha tenido un papel preponderante en el cantón del Valais, y sobre todo en el de Friburgo. “Allí existe una especie de contra-historia que hace que a menudo la historia del cantón sea reaccionaria. Es similar para las persecuciones que partían desde una ortodoxia muy dura, surgidas a fines del siglo XVI con la Contrarreforma”.
“Pero hay una explicación política más”, explica la medievalista. “Cuanto más centralizado estaba el Estado, como era el caso de la Francia de Luis XIV, menos problemas tenía para establecer su autoridad, y por tanto estaba menos inclinado hacia las ejecuciones. Pero, al igual que el imperio germánico, Suiza era (y es todavía) un Estado muy dividido en diversas regiones.
“En el cantón de Friburgo, las persecuciones fueron muy importantes en el distrito de la Broye, constituido de un crisol de pequeñas comunas, católicas, protestantes, germanohablantes, francoparlantes, etcétera. Es un hecho que cuantas más fronteras había, más brujas se quemaban”.
De la hoguera a los cuentos de hadas
La gran mediatización obtenida por la rehabilitación moral de la Catillon en el cantón de Friburgo suscitó una gran curiosidad acerca de la ejecución de esta mujer. Era una jorobada, pobre, vieja, marginal y sola. En suma, el vivo retrato de las brujas que poblaban los cuentos de hadas del siglo XIX, popularizados por los Hermanos Grimm.
“Por suerte, las brujas de nuestro tiempo pueden dormir tranquilas puesto que ya nadie se interesa en ellas. En nuestros días, el juicio de la Catillon sería invalidado en cinco minutos, y sería más bien su verdugo el que correría peligro. Y, dicho sea de paso, hoy no hay ninguna ley que nos prohíba volar sobre una escoba… si es que somos capaces”, abunda Kathrin Utz Tremp.
(Adaptado del francés por Rodrigo Carrizo Couto).
Tomado de:swissinfo.ch. Septiembre 28, 2009.