Olímpicas proezas de la especie

POR Alfredo C. Villeda
Ver a la élite deportiva siempre debe ser una fiesta. Un acontecimiento ajeno a nacionalismos. Londres 2012 es la sede para que convivan Usain Bolt en la pista, Michael Phelps en la alberca, Yelena Isinbayeva en la pértiga. Sus números dejarán una estadística, aun sus tropiezos
Michael Phelps (enewspaper.mx)
Cada cuatro años, con el cónclave de los más grandes atletas del orbe, quizá el espectador debiera poner más atención a las proezas que uno de su especie es capaz de protagonizar en alguna disciplina deportiva antes que afligirse o vanagloriarse por el fracaso o la eventual victoria de un compatriota. Más aún si la bandera del atento público es tricolor con el águila devorando a la serpiente, tan ávida de triunfos pero tan escurridiza para las astas de los podios olímpicos.

Ver a la élite deportiva siempre debe ser una fiesta. Un acontecimiento ajeno a nacionalismos. Londres 2012 es la sede para que convivan Usain Bolt en la pista, Michael Phelps en la alberca, Yelena Isinbayeva en la pértiga. Sus números dejarán una estadística, aun sus tropiezos. Serguéi Bubka, multicampeón de salto con garrocha, fue a los Juegos Olímpicos de Barcelona a que lo aclamara un estadio sin acercarse siquiera al bronce.
Cuando estos monstruos se reúnen, el tiempo se detiene en el mundo y retoma su paso a intervalos, a los pasos que marcan las competencias. Y la evocación de otras citas memorables es indispensable. En el canto IV del primer círculo del Infierno, el de los no bautizados, Dante escribe sobre un singular encuentro, eterno, de otros monstruos de la especie:
Mientras tanto, una voz llegó a mi oído:
“Honremos al altísimo poeta:
vuelve su sombra tras haber partido”.
Después que aquella voz quedóse quieta,
a cuatro grandes hombres vi venir
cuya expresión no era feliz ni inquieta.
El buen maestro comenzó a decir:
“Mira a aquel que se acerca espada en mano
y a los otros parece presidir:
es Homero, poeta soberano;
el satírico Horacio luego avanza;
detrás, Ovidio; el último, Lucano.”
Las citas olímpicas reúnen a esa familia no sólo en las canchas y las albercas. Como entrenadores, comentaristas y directivos, otras leyendas tienen su lugar. Esta vez fue posible ver a Greg Louganis, a Carl Lewis, a Nadia Comaneci y a Ana Gabriela Guevara, otrora protagonistas de triunfos épicos, en menesteres relativos, pero cuya evocación les da pertenencia a este Olimpo.
Hace cuatro años el ganador de la marcha de 50 kilómetros no daba crédito a que lo entrevistara el mexicano Raúl González, metido a periodista en Pekín 2004, porque es su ídolo deportivo y fue por él, cuando lo vio ganar oro en esa distancia y plata en los 20 de Los Ángeles 84, que se convirtió en andarín. Una emoción como la de Dante, cuando de la mano de Virgilio va reconociendo a los de su especie:
Y muchos más honores me rindieron,
pues el sexto fui yo en la compañía
de los sabios que allí se reunieron (…)
De pie, sobre aquel verde tan lustroso,
tan magna gente fueme allí mostrada
que haberla visto considero honroso.
A Electra pude ver, acompañada
de Héctor y Eneas; se encontraba allí
César armado, de rapaz mirada.
Usain Bolt (centraldeportiva.com)
No poco asombran los clavadistas chinos y los fondistas kenianos; las gimnastas rusas y los velocistas jamaicanos; las nadadoras húngaras, bellas como sus paisanas pornstars, y los ciclistas británicos. Lucen clavadistas, arqueras y futbolistas mexicanos. En cada cita cuatrienal caen marcas no solo olímpicas, sino mundiales. Es la cita de las revanchas y los ajustes de cuentas competitivos. El espectador no especializado se actualiza en reglas y adelantos tecnológicos para su mejor aplicación. Y presencia cómo algunas potencias pasan a ser animadores, simples participantes. Pero todos son ejemplares de excepción, como los que halla Dante:
Tras los ojos alzar, vi a quien concilia
todo saber en sí (Aristóteles):
sentado estaba
entre la filosófica familia.
De sabios un concilio allí le honraba:
Sócrates era, con el gran Platón,
el que más al maestro se acercaba;
Demócrito, que al mundo cree ilusión,
Diógenes, Anaxágoras y Tales,
Empédocles, Heráclito y Zenón;
y el que estudió sustancias vegetales,
Dioscórides, digo; allí vi a Orfeo,
a Tulio, Lino y Séneca morales;
al geómetra Euclides, Tolomeo;
Hipócrates, Galeno y Avicena (…)”
Olímpicas proezas de la especie.