Alicia y la lógica de las maravillas


POR Fernando Montoya
La obra no solo se anticipó en cierta manera a los trabajos de Einstein. La forma más simple de visualizar un agujero de gusano de Kerr es pensar en el espejo de Alicia, el cual lleva a otra realidad. También hay alusiones a las teorías de Darwin
Empieza por el principio -dijo el Rey con gravedad- y sigue hasta llegar al final; allí te paras.
 Y cuando termines de hablar… ¡te callas!
Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (La declaración de Alicia), Lewis Carroll, 1865.
Se imaginan una tarde en la campiña inglesa, un picnic a la orilla del río. Con visión más precisa imaginemos una alfombra de pasto verde en un campus de Oxford, quizás Christ Church. Alrededor del mantel de cuadros rojos y blancos, cual tablero de juego contra la explanada verde, vemos a un grupo de personas, profesores y estudiantes en mangas de camisa, mientras niños y niñas juegan cerca del río bajo unos castaños que esparcen su sombra bienhechora a esa hora calurosa de la tarde.

Una escena típica nos muestra a un fotógrafo tomando una escena donde una hermosísima niña de bucles dorados sumerge sus desnudos pies en la refrescante agua del río. En ese momento, donde el bochorno hace pesado el tiempo y pareciera que el mundo se detiene, observamos repentinamente un conejo blanco con un enorme reloj diciendo: “¡Ay! ¡Ay, Dios mío! ¡Qué tarde voy a llegar!”
De repente todo se transforma y empezamos a sumergirnos, cual viaje psicodélico y alucinante, en un mundo ajeno, pero al mismo tiempo familiar, con una lógica propia y unos personajes que retan a la imaginación: quién no reconoce al Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo, estancados por siempre a las seis de la tarde, o el famoso gato de Cheshire, el único gato que sonríe y desaparece. Una oruga fumando un narguile sobre un enorme hongo, indiferente y sin embargo tan sugestiva. La Tortuga Artificial que llora profusamente al contar su historia, el Grifo, la Reina de Corazones y las cartas de una baraja que juegan al croquet. Y así podríamos seguir enumerando personajes increíbles en ese trozo de la campiña inglesa donde se encuentra ese País de las Maravillas de la imaginación.
Alicia representa el sueño inglés, el ideal de una cultura. De acuerdo con Jaime de Ojeda, traductor de Alicia… al español, la popularidad de este libro en el mundo anglosajón se deriva de lo que Alicia tiene de ejercicio onírico: es el sueño de toda una cultura, el libre deambular de mecanismos dispersos de una ideología histórica caracterizada por su autodisciplina y una formidable represión de instintos.
En los últimos años del siglo XIX, Lewis Carroll escribió una de las obras más interesantes de lógica que fue, precisamente, Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas. La lógica de Carroll no es una lógica que se preocupa por los fundamentos de la matemática moderna, sino más bien una ayuda instruccional de utilidad pedagógica. Una lógica para detectives.
Principalmente, en la obra, Carroll descarga su ingenio en el mundo de los sueños y juega con las dimensiones de sus figuras a partir de sus conocimientos matemáticos, aunque otro elemento manejado con maestría es el lenguaje que relativiza hasta los aspectos más sólidos de la realidad mediante sinónimos, homónimos, seudónimos, curiosidades y paradojas del surrealismo. A pesar de todo, el gran valor de Lewis Carroll estriba en que no escribió manuales de historia ni zoología sino libros que recrean la imaginación sobre la base de un mundo ficticio en el que se confunden realidad y fantasía.
Este cuento está repleto de juegos de palabras y adivinanzas. En ellos se han querido ver todo tipo de símbolos y metáforas. Tenemos un conejo obsesionado con el paso del tiempo, un grifo místico que nos revela que todo es ilusión, una oruga sentada de forma filosófica encima de un hongo alucinatorio, una tortuga falsa que en otro tiempo fue una tortuga de verdad, un gato que se hace invisible y que no puede decir adónde ir pero sí cómo llegar… Estos habitantes inverosímiles viven en un país cuyos monarcas están continuamente ordenando al verdugo que corte cabezas.
La obra no solo se anticipó en cierta manera a los trabajos de Einstein. Sin ir más lejos, la forma más simple de visualizar un agujero de gusano de Kerr es pensar en el espejo de Alicia, el cual lleva a otra realidad. También hay alusiones a las teorías de Darwin cuando la Reina de Corazones dice que “aquí hay que correr mucho para poder seguir en el mismo sitio”. O sea, la evolución borra del mapa a las especies incapaces de hacer frente a los retos de su entorno.
Siguiendo con la historia, a menudo encontramos cosas que parecen ilógicas pero que en verdad son coherentes. Por ejemplo, la “carrera del Caucus”, que es una competencia en la que todos corren libremente, en distinto sentido y, por si fuera poco, los participantes se paran cuando quieren. Esto parece incomprensible pero la razón es… ¿incomprensible para quién? El modelo de carrera que tenemos es más bien una definición, por tanto, cualquier otra definición de carrera sería igualmente válida. Si para nosotros, por convenio, una carrera consiste en correr hacia una misma dirección, ¿por qué no iba a poder ser para otros, igualmente por acuerdo, el correr en cualquier dirección?
Otra muestra de la asombrosa lógica la tenemos cuando la Liebre de Marzo plantea un acertijo: “¿Cuántas tartas me puedo comer con la barriga vacía?”. La protagonista contestó que todas las que quisiera, a lo que la Liebre dijo: “¡No, no! ¡Solo una porque cuando me vaya a comer la segunda ya no tendré la barriga vacía!”
Cuando Alicia se encuentra con las flores parlantes dice que reía que las flores no hablaban. En este caso, la niña basa su razonamiento en una cuestión empírica, cometiendo el mismo fallo que acusaban los racionales a los empiristas: que las flores no hablen hoy no quiere decir que no lo pueden hacer mañana. En cualquier caso, las habitantes del jardín responden que las flores sí hablan pero que quizás nunca habían tenido que decirle.
Luego, a pesar de lo enrevesado de algún diálogo, nunca ningún personaje se contradice. Incluso el Gato de Chesire llega a basarse en un simple razonamiento de pertenencia a un conjunto cuando dice que, como en el País de las Maravillas todos están locos y Alicia está en él, la niña también está loca. Por tanto queda claro que es un mundo diferente, pero con una lógica propia. En cambio, la parte incoherente en la obra siempre la encontramos en Alicia. Cuando se encuentra con la Oruga le dice: “No puedo explicarme a mí misma porque yo no soy yo”, lo cual es totalmente inverosímil porque ella ha sido y siempre será ella. Otro personaje que sí goza de lógica es el verdugo real, que cuando recibe la orden de decapitar al Gato de Chesire, al ver que el animal tiene su cuerpo invisible salvo la cabeza, alega a su majestad que no puede cumplir con su trabajo, ya que “es tan imposible cortar una cabeza sin cuerpo como decapitar un cuerpo sin cabeza”. Esto sería un contraejemplo al hecho de que todo lo que tiene la cabeza se puede decapitar.
En definitiva, Lewis Carroll fu el artista de la palabra, del dibujo y de la fotografía, en tanto la hermosa y tierna Alice fue la musa que lo inspiró. Sin ella probablemente nunca hubiésemos tenido la oportunidad de conocer esta magnífica obra. Joya literaria que se destiló en la mente de quien, además de dominar las leyes abstractas de las matemáticas, el álgebra y la geometría, sabía encandilar la fantasía de los niños con cuentos que solo él podía inventar a las mil maravillas.