Amityville: posesión, heroína y masacre


POR José Luis Duran King
Los filmes en torno a la masacre en la mansión de Amityville han optado por explotar el horror sobrenatural –que, por cierto, quedó rotundamente demostrado que se trataba de un fiasco— y hacer a un lado una historia de terror real protagonizada por un individuo enloquecido por la frustración y la heroína
(themindofaserialkiller.tumblr.com)
Escrito por Jay Anson y publicado en septiembre de 1977, el libro The Amityville Horror: A True Story [El horror de Amityville: una historia verdadera] sirvió de base para varias películas, estrenándose la primera de ellas en 1979 y la más reciente en 2005. En todas las cintas se explotan hasta la náusea los presuntos actos demoniacos que una familia vivió durante 28 días en una mansión en la que ocurrieron hechos mucho más inquietantes. Sin embargo, ese corpus de filmes optó por explotar el horror sobrenatural –que, por cierto, quedó rotundamente demostrado que se trataba de un fiasco— y hacer a un lado una historia de terror real protagonizada por un individuo enloquecido por la frustración y la heroína.

En la madrugada del martes 4 de noviembre de 1974, Ronald DeFeo Jr. estaba despierto en su habitación del número 112 de Ocean Boulevard, en Amityville, Long Island. De toda la familia DeFeo, compuesta por el padre y la madre, dos hermanas y dos hermanos, además del propio Ronald, éste era el único que contaba con habitación propia, no sólo por ser el mayor de los hijos sino también por su carácter irascible. Ahora no era la excepción: Ronald se sentía enfurecido debido a que horas antes había discutido con su padre, al que incluso apuntó con un revólver. La privacidad de su espacio le permitía mantener bien resguardados sus secretos, por ejemplo, algunas bolsitas de heroína y varias armas. Ronald eligió un rifle Marlin calibre .35 para realizar los planes que traía en la cabeza.
Gordo y tonto
Para Ronald DeFeo padre, la compra de la mansión de Amityville coronó una vida de esfuerzos. El inmueble era una pieza de la arquitectura clásica norteamericana, con dos plantas y varias habitaciones, además de ático y un estacionamiento amplio. El dinero ya no era una preocupación en la familia. Lo que aún era un obstáculo en las relaciones intramuros era el temperamento tiránico del jefe de familia, el cual explotaba continuamente, sobre todo contra Ronald Jr.
Ronald Jr., Butch, era gordo y tonto, y siempre fue víctima de las burlas de sus compañeros de escuela, así como de los castigos y humillaciones de su padre. Sin embargo, al llegar a la juventud, al ganar estatura y peso, las circunstancias se equilibraron y para el señor DeFeo fue muy difícil meter en cintura a Butch. La personalidad retraída y resentida de Butch, incluso orilló a sus padres a que le buscaran tratamiento psiquiátrico, cosa que el joven rechazó tajantemente. En vez de terapia, Butch decidió consumir regularmente LSD y heroína.
A los 18 años, después de abandonar la escuela, Butch comenzó a trabajar con su abuelo en un lote de autos. Semanalmente recibía su pago en efectivo, el cual lo invertía en accesorios para su carro (que le había comprado papá), alcohol y heroína. El problema es que conforme crecía su adicción a la solución opiácea, también se incrementaban las confrontaciones con su padre. La gota que derramó el vaso ocurrió durante una acalorada discusión entre Ronald DeFeo padre y su esposa. Butch tomó partido a favor de su madre y, apuntando con un revólver a su padre, le dijo: “Deja a esa mujer en paz. Te voy a matar, maldito gordo”. El joven apretó el gatillo, pero el arma no detonó, aunque fue suficiente para poner punto final al altercado. Sin embargo, ese episodio significó la sentencia de muerte para seis de los siete elementos que integraban la familia DeFeo.
¿Por qué Ronald hijo decidió acabar con la vida de su familia y no sólo con la de su padre? Pese a las entrevistas psiquiátricas que los especialistas sostuvieron con el asesino, nunca hubo una respuesta satisfactoria a la interrogante.
Noche de terror
Ronald DeFeo Jr., en el extremo derecho de la imagen (estacioninsolita.blogspot.com)
La mañana anterior al día de la masacre, Butchy un cómplice decidieron que no depositarían en el banco mil 800 dólares en efectivo y 20 mil en cheques, producto de las ganancias del negocio de autos. Cuando el padre y el abuelo del joven le preguntaron por qué no había hecho el depósito, Butch estalló en ira, diciendo que nunca tuvo ese dinero en sus manos. Extrañamente, los señores DeFeo decidieron no demandar a su pariente. Craso error, pues posiblemente de haberlo hecho habrían cambiado el curso de su historia personal.
La madrugada siguiente, un embrutecido Butchabrió sigilosamente la puerta de la habitación de sus padres, apuntó con su rifle Marlin y disparó. El primero en morir de ocho tiros fue Ronald DeFeo señor. Le siguió la madre. Las dimensiones de la mansión amortiguaron los sonidos de las detonaciones. Posteriormente, Butch se dirigió a la habitación de sus hermanos y los ejecutó. Las dos hermanas fueron las últimas en morir.
Antes de las 8 de la mañana, Ronald DeFeo Jr. se presentó a su trabajo y de inmediato empezó a llamar a su casa, en un intento vano por aparentar desconocimiento de lo que había sucedido horas antes. Finalmente se hizo acompañar por un amigo, “descubriendo” ambos los cadáveres de la familia. Sin embargo, para la madrugada del 5 de noviembre de 1974, un agente le leía sus derechos a Ronald DeFeo Jr., en lo que era ya una acusación oficial de que él era el sospechoso principal de la matanza.
En noviembre de 1975, Ronald DeFeo, Jr., fue declarado culpable de seis homicidios en segundo grado y condenado a 25 años de prisión, sentencia que ya cumplió, pero que por presiones de la comunidad que conoció de cerca los detalles del asesinato múltiple, se ha extendido hasta la fecha.