Polvo recogió y polvo pronto será


POR Teófilo Huerta
Para ser congruentes con su misión, así como se cumplen muchos deseos de esparcir cenizas en el mar o reposar en un lugar favorito, Armstrong debería descansar en la Luna, o bien compartir sus cenizas con fino polvo lunar
(655maydaespindola.blogspot.com)
Con emoción y orgullo puedo decir que pertenecí a la generación de mocosos que soñaron con viajar a la Luna y ser testigos de los sucesivos viajes Apolo que culminaron con varias visitas al satélite de nuestro planeta.
Sin asomo de habilidades por las matemáticas o la física, me soñé por un buen trecho de mi vida astronauta.
Fui así seguidor semanal de la serie televisiva Perdidos en el espacio. Reproducía con mis vecinos fantásticas hazañas por el cosmos. Enfrentados esos sueños con la información de los viajes reales que emprendían los astronautas; resultaba conmovedor saber que sí se podían realizar excursiones siderales y pisar la luna.

La transmisión del alunizaje y primer contacto del hombre con nuestro satélite fue seguida por muchas familias. Similar a un encuentro de campeonato deportivo, la transmisión cautivó. Yo la recuerdo cabalmente y no renuncio a esa vivencia. Auténticamente vi como héroes a los tres astronautas de la misión y forjé un álbum casero con recortes de los diarios que seguí puntualmente.
A la distancia el hecho conserva el sabor de una proeza. Por ello también comparto el luto por la muerte del primer hombre que piso la Luna: Neil Armstrong, ese güerejo simpático que no sólo conquistó la Luna, sino millones de corazones.
Pueden existir dudas sobre la veracidad del viaje y cuestionarse los afanes e intereses expansionistas de la potencia norteamericana, pero ello no mitiga el fervor por la conquista del espacio ni minimiza la proeza humana, menos la sencillez y capacidad profesional de un hombre.
De aquel viaje recuerdo las referencias mediáticas constantes a la visión del escritor Julio Verne y en nuestro ámbito al poema de Amado Nervo que señalaba “¿quién será en un futuro no muy lejano el Cristóbal Colón de algún planeta?”
La muerte de Armstrong revive esos recuerdos lunáticos y en la dialéctica de la historia coincide con el nuevo asombro por las fotografías que de Marte envía el robot Curiosity.
Ha partido en su último viaje el primer hombre en pisar suelo lunar. Neil Armstrong ha sido debidamente honrado, aunque para ser congruentes con su misión, así como se cumplen muchos deseos de esparcir cenizas en el mar o reposar en un lugar favorito, Armstrong debería descansar en la Luna, o bien compartir sus cenizas con fino polvo lunar.