Revolución bibliotecaria


POR Teófilo Huerta
El sueño de Vasconcelos se materializa ahora y su denodado esfuerzo por extender toda una red de bibliotecas en el país se refuerza con una verdadera y amplia red virtual que ciertamente democratiza el acceso al conocimiento
La poeta Dolores Castro, durante la presentación la décima antología Para leer de boleto en el Metro (Jesús Quintanar/Milenio)
No son novedad en nuestro país las campañas por la lectura. Ahora, bajo el lema “México Lee” se busca impulsar tal actividad con el refuerzo de una mayor dotación de libros a las bibliotecas públicas del país, así como el singular impulso este sexenio de salas de lectura y paralibros, es decir estructuras concebidas como paraderos de libros en sitios estratégicos. Sin lugar a dudas esfuerzos nobles que siempre parecerán insuficientes ante la magnitud de la población y el territorio nacionales.

Lo anterior por lo que respecta al gobierno federal. En lo concerniente al gobierno de la Ciudad de México se ha impulsado la lectura con el programa Para leer de boleto en el Metro con muy buenas intenciones pero con magros resultados por la falta de cultura cívica para cuidar y devolver los materiales bibliográficos, además de que la oferta se queda naturalmente corta ante el flujo desmedido de pasajeros y de que además son pocas las líneas y las horas que lo permiten, ya que en realidad leer en horas pico, cuando los vagones son verdaderas latas de sardinas más que sitios humanos, tendría que convertirse en un acto circense de malabarismo y contorsionismo. El proyecto ahora ha evolucionado con la disposición de kioskos para descargas con costo de música, videos y audiolibros.
De vuelta a la cultura cupular del país, semana con semana se anuncian múltiples actividades como seminarios, ferias, bienales, avances de remodelaciones, aplicaciones digitales, cerebros de la palabra, de la voz  y de la imagen, ciudades del cine y ciertamente de los libros por la obra magna en La Ciudadela que habrá de albergar cinco bibliotecas personales de ilustres mexicanos, pero curiosamente la obra trascendente y que realmente inscribe la cultura no ya en un proyecto sino en una realidad del siglo XXI es el nacimiento de la Biblioteca Digital.
La presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Consuelo Sáizar, ha dicho en varias ocasiones que ha nacido ya la última generación que se educará en libros de papel pues todo el futuro estará en los libros electrónicos y digitales. De ello se ha desprendido la tarea de digitalizar hasta ahora más de 30 mil materiales de los ricos acervos de la Biblioteca de México “José Vasconcelos”, en principio para preservarlos y en consecuencia para poner aquellos de dominio público, sin problemas de derechos de autor, al acceso de la población.
Biblioteca de México “José Vasconcelos” (sic.conaculta.gob.mx)
Hasta ahora casi cuatro mil materiales se pueden consultar en línea, pero más allá de ello otros cuatro mil materiales se distribuirán en discos duros por ahora al menos a la mitad de las bibliotecas del país, para que independientemente de la conectividad, estén al alcance de los pobladores hasta los lugares más recónditos.
El futuro hoy es pues tener toda una biblioteca pública en un sencillo y pequeño disco duro. El sueño de Vasconcelos se materializa ahora y su denodado esfuerzo por extender toda una red de bibliotecas en el país se refuerza con una verdadera y amplia red virtual que ciertamente democratiza el acceso al conocimiento.
La Biblioteca Digital es un logro palpable que rendirá frutos de inmediato y que a la larga habrá de fortalecerse.
Ahora que se celebra justo el XII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas en la ciudad de Pachuca, Hidalgo, bajo el tema de El futuro de las bibliotecas públicas en México, los participantes del mismo habrán de ser fieles testigos de esta “Revolución Bibliotecaria”.
Esta es quizá la gran y verdadera obra del sexenio en materia cultural. Todo lo demás viste, pero ésta aporta realmente a la educación de los mexicanos.
Cierto que subsistimos los románticos de la lectura en papel y es de desear que el libro físico no muera, pero las nuevas generaciones demandan ya otro tipo de servicios y no podemos cerrar los ojos ante ello. Con tal que se trate de leer, bienvenido cualquier soporte; otrora fue la piedra, la piel, el papiro, mucho tiempo lo ha sido el papel, toca el turno a los por ahora novedosos soportes electrónicos y digitales. Finalmente en nuestros cerebros el conocimiento siempre ha sido abstracto, virtual.