¿Y el equipo cultural de transición?


POR Alfredo C. Villeda
Después del célebre episodio protagonizado por Peña Nieto candidato en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, cuando fue incapaz de nombrar tres libros que lo hayan marcado y apenas atinó a mencionar la Biblia, la omisión de la cultura en el equipo de transición no debería sorprender a nadie, pero sí preocupar
Peña Nieto, en la FIL Guadalajara. Un entorno desconocido (eleconomista.com.mx)
¿Sabe usted que la Cámara de Diputados pasada tenía 44 comisiones ordinarias y 41 especiales? ¿Sabe que en conjunto recibieron este año 5 mil 795 millones 123 mil 369 pesos? ¿Sabe que la presidencia de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública es la más disputada por ser la que cuenta con mayores recursos y, más aún, la que da destino a los fondos?
Es por eso que estos días Manlio Fabio Beltrones, líder del PRI en San Lázaro, llamó a la calma a sus compañeros de bancada, que ya se habían trenzado en una rebatiña por el cargo, y les anticipó que será el presidente electo, Enrique Peña Nieto, quien designará al titular de esa instancia en lo que será la 62 Legislatura.

Una vez repartido el pastel, siempre de acuerdo con el número de curules que le correspondan a cada partido después de los resultados del 1 de julio, las negociaciones arrojarán los nombres de los nuevos presidentes de comisión sin sorpresas para nadie. La de Presupuesto, claro está, será para un priista, y de ahí para abajo dependerá de las pláticas de las fracciones.
La otra seguridad después de los cabildeos es que la comisión relacionada con la cultura quedará en manos de algún partido minoritario. ¿Por qué? Porque a las fuerzas principales no les interesa presidir un área cuyos fondos son mínimos. Es también, por la búsqueda de esos recursos del erario, que si un partido no alcanza la cifra de cinco integrantes, negocia con sus aliados para que le presten legisladores, a fin de beneficiarse de las prerrogativas que derivan de esa condición.
Este desdén político al área cultural, como puede verse, tiene dos ingredientes: la voracidad por hacerse de recursos y la nula importancia que el Poder Legislativo dispensa al tema, principalmente resultado de los perfiles de la mayoría de “representantes populares”.
Desdén que, por supuesto, se ve reflejado en otros ámbitos del sector público. Esta semana, usted lo sabe, el presidente electo dio a conocer a su equipo de transición: 45 hombres y mujeres, algunos incluso ajenos al PRI hasta hace poco tiempo, que trabajarán con los representantes de Felipe Calderón para garantizar un “terso” traspaso de poder. Cuando se revisa con lupa la lista de emisarios o “facilitadores” peñistas, para decirlo con la expresión de Carlos Salinas, y sus nuevas responsabilidades, resulta inevitable notar la ausencia del tema cultural.
Hay expertos e improvisados para tramitar la transición en gobierno, relaciones internacionales, economía, política social, seguridad, infraestructura, trabajo, justicia, medio ambiente, empresas, agua, protección civil, comunicación social, derechos humanos, transparencia, agenda legislativa, desarrollo, seguro de vida, salud, campo, vivienda, proyectos especiales, digitalización, deporte y educación, tema este último que quizá incluya, como pilón, la cultura. Quizá.
Después del célebre episodio protagonizado por Peña Nieto candidato en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, cuando fue incapaz de nombrar tres libros que lo hayan marcado y apenas atinó a mencionar la Biblia, la omisión de la cultura en el equipo de transición no debería sorprender a nadie, pero sí preocupar. Ni siquiera da la oportunidad para evaluar y crear alguna expectativa, del signo que sea, con algún nombramiento: simplemente dejó fuera el apartado.
Con el escenario de violencia y expectación poselectoral, dirán algunos, ¿quién carajos se va a poner a pensar en organizar una transición “tersa” en materia cultural? A ellos hay que recordarles que cuando haya más lectores, más ciudadanos que lean, que recuerden sus tres libros favoritos, será más que “tersa” la transición en todos los demás órdenes: habrá menos pobres, menos analfabetos, menos migrantes, menos delincuentes, menos sicarios…