A morir de sed frente al mar… de aguas negras


POR Carlos Arias
Tal vez el agua de la Ciudad de México sea una de las más caras del mundo. Se requiere bombearla para hacerla llegar al altiplano, y luego otra vez bombearla para sacarla de la meseta central del Valle de México, rodeado por montañas. Y la gran mayoría de esa agua se va a ensuciar ríos y a contaminar acuíferos
(aguasnegras.com.mx)
¿Qué puede haber más importante, indispensable, imprescindible que el agua? Si alguna vez viviste la afortunada experiencia de acarrear toda el agua que ocupas, sabes lo difícil que resulta abastecerte de agua. Si tuviste la esclarecedora experiencia de vivir con escasez de ella, seguramente también sabes valorarla y cuidarla.
¿Por qué podemos darnos el lujo estúpido de construir una “Estela de Luz” que nadie necesita, a un costo mayor a mil millones de pesos, y no podemos gastarnos 300 o 400 mil millones o tal vez muchos más millones de pesos en una obra de infraestructura que abastezca de agua a la zona norte del país, que vive una sequía pavorosa? La peor desde hace 70 o más años.

Tal vez el agua de la Ciudad de México sea una de las más caras del mundo. Se requiere bombearla para hacerla llegar al altiplano, y luego otra vez bombearla para sacarla de la meseta central del Valle de México, rodeado por montañas. Y la gran mayoría de esa agua se va a ensuciar ríos y a contaminar acuíferos.
De la misma biomasa (palabra muy bonita para llamarle a la combinación de mierda con otros desperdicios orgánicos) en las aguas negras de la Ciudad de México se puede extraer biogás, gas metano, para bombear esa misma agua, después de tratarla para servir en el riego.
Si se construyera una serie de acueductos pasando cerca de los vertederos de aguas negras de las principales ciudades del país, en su recorrido hacia el norte que muere de sed, se lograrían tres cometidos magníficos para el medio ambiente y la economía nacional.
1.- Limpiar, tratándola con una gran cantidad de aguas negras que vierten las ciudades a los cuerpos de agua como ríos, lagunas, lagos y, por filtración, también, a los mantos acuíferos.
2.- Obtener una cantidad muy significativa de gas natural, metano, producto de la bodigestión de los desperdicios recuperados de esas aguas, que servirían, primero, como agente del bombeo de esas aguas tratadas hacia subestaciones de depósito para uso y almacenamiento y rebombeo posterior hacia los destinos finales; y después puede venderse como combustible para recuperar, aunque sea lentamente y a largo plazo, la inversión multimillonaria de la obra.
3.- Se obtendría un abono magnífico al tratar los desechos orgánicos separados de las aguas, que podrían también venderse para recuperar la inversión de la obra, y fertilizar los suelos empobrecidos por erosión provocada por la histórica tala inmoderada de árboles y arbustos, el mal uso del suelo y las sequías en el norte del país.
Suponiendo que algún político tuviera la visión, y las talegas, para realizar una obra de este tamaño, también puede pensarse en canalizar una buena cantidad del agua que inunda periódicamente Tabasco, al encauzar a ese mismo acueducto parte de la inmensa cantidad de agua que llevan los ríos Grijalva y Usumacinta.
(snn.com.mx)
Con una obra así convertiríamos la parte norte del país, actualmente desertificada y muriendo de sequías, olvido y abandono, en una inmensa cantidad de tierra productora de granos, cereales, vegetales, frutas y legumbres para alimentar sobradamente a la población y provocar un boomexportador…y esto, sin tomar en consideración el crecimiento en la producción ganadera ni los beneficios llevados a tantas ciudades en el trayecto al proporcionarles un suministro de agua para uso doméstico.
Basta recordar que el primer uso que se le dio a los tubos fue el de encausar agua, y se realizan obras de ingeniería como oleoductos que van desde Alaska a Estados Unidos, o atraviesan los desiertos de las Arabias y las cordilleras del Cáucaso… ¿Por qué no podemos en México realizar una obra de ese tipo y rescatar para la economía verdaderamente productiva más de la mitad de nuestro territorio?
Parece que no aprendemos aún esa lección, abandonando más de la mitad del territorio actual de México, como se hizo durante el siglo XIX, para terminar integrando, por buenas o malas, gran parte de Estados Unidos. El cambio climático, la falta de visión de políticos mediocres, entretenidos en mantener el poder de un México monstruoso, macrocefálico pero raquítico, y la certeza de la estupidez humana, contestarán la incógnita.