Cómo el capitalismo puede salvar al arte


POR Camille Paglia*
La pintura fue el género de prestigio en las bellas artes desde el Renacimiento en adelante. Pero fue destronada por la temeraria revolución multimedia de los años 60 y 70. La permanencia se desvaneció como objetivo de la creación artística
Andrés Serrano, delante de su obra Piss Christ, en Avignon, Francia, después de que unos jóvenes la destrozaron y que grupos ultracatólicos se manifestaron ante la presencia del artista en esa ciudad. (cafepetit.blogspot.com)
¿Tiene futuro el arte? Géneros como la ópera, el teatro, la música y la danza prosperan en todo el mundo, pero las artes visuales han declinado lentamente durante casi 40 años. Ninguna figura importante de profunda influencia ha surgido en la pintura o la escultura desde la decadencia del arte pop y el nacimiento del minimalismo en los años 70.
Sin embargo, el trabajo de originalidad audaz y belleza sorprendente continúa realizándose en la arquitectura, un terreno francamente comercial. Ejemplos notables son el Museo Guggenheim de Frank Gehry en Bilbao, España; la sede CCTV de Rem Koolhaas en Beijing, y el Centro Acuático de Londres Zaha Hadid para los Juegos Olímpicos de 2012.

¿Qué ha minado la creatividad artística y la innovación en las artes? Dos causas principales pueden ser identificadas, una relacionada con la expansión de la forma y otra con una contracción de la ideología.
La pintura fue el género de prestigio en las bellas artes desde el Renacimiento en adelante. Pero la pintura fue destronada por la temeraria revolución multimedia de los años 60 y 70. La permanencia se desvaneció como objetivo de la creación artística.
Pero hay una pregunta más amplia: ¿qué artistas contemporáneos tienen algo que decir, y a quién se lo están diciendo? Desafortunadamente, muchos artistas han perdido el contacto con el público en general y se han retirado a una cámara de eco sin aire. El mundo del arte, como las facultades de humanidades, sufre de una monolítica ortodoxia política –un liberalismo de clase media superior alejado del fiero izquierdismo antisistema de los años 60. (Estoy hablando como una demócrata liberal que votó por Barack Obama en 2008.)
Hoy el indiferente laicismo liberal también se aparta de la exploración respetuosa de las religiones del mundo que caracterizó a la década de los 60. Los artistas ahora pueden ganar la atención mediante la imitación de los gestos alguna vez transgresores del exhibicionismo sexual o el sacrilegio. Esta tendencia comenzó hace más de dos décadas con Piss Christde Andrés Serrano, una fotografía de un crucifijo de plástico en un frasco de orina del artista, y que fue tipificada recientemente por My Sweet Lord de Cosimo Cavallaro, una estatua de tamaño natural, esculpida en chocolate, que muestra a un Cristo desnudo y crucificado, exhibida durante la Semana Santa a nivel de calle en una galería de Manhattan. Sin embargo, los museos y las galerías nunca tolerarían un tratamiento igualmente satírico del judaísmo o el Islam.
Andy Warhol (adsoftheworld.com)
Es hora de que el mundo del arte admita que el avant-gardeestá muerto. Fue asesinado por mi héroe, Andy Warhol, que incorporó a su arte toda la imaginería llamativa comercial del capitalismo (como latas de sopa Campbell) que la mayoría de los artistas obstinadamente despreciaba.
La vulnerabilidad de los estudiantes y facultades por igual a la teoría ficticia de las artes se debe en gran parte a la tendencia burguesa de la segunda mitad del siglo pasado. El estrechamiento de nuestra base industrial significa que los jóvenes de los campus universitarios de hoy en día rara vez tienen un contacto directo duradero con los oficios manuales, los cuales comparten conocimientos, métodos y materiales con la mano de obra artística.
Warhol, por ejemplo, creció en el Pittsburgh industrial y tomó prestado el proceso comercial de serigrafía para su creación artística en la Factory, como llamaba a su estudio de Nueva York. Con el cambio de la fabricación en el extranjero, un abrumador número de las antiguas fábricas urbanas y rurales de Estados Unidos ha perdido negocios y población, y está luchando para posponer su deterioro. Esto es especialmente cierto en mi ciudad natal, la alguna vez animada ciudad de Endicott, Nueva York, a la que mi familia emigró para trabajar en las fábricas de calzado, ahora desaparecidas. El trabajo manual era a la vez una norma y un ideal en esa época, cuando las herramientas, la maquinaria y los suministros industriales dominaban la vida cotidiana.
Para que las artes revivan en Estados Unidos, los artistas jóvenes deben ser rescatados de sus saneados orígenes de clase media. Necesitamos una revalorización de los oficios que permita a los estudiantes entrar en esos campos sin prejuicios sociales (que a menudo emana de padres ansiosos por el prestigio falso de una calcomanía de la Ivy League en el automóvil). Entre mis estudiantes de las escuelas de arte, por ejemplo, ha habido trabajadores virtuosos de la madera que ya obtienen ingresos como productores de muebles artesanales. Los artistas deben aprender a verse a sí mismos como empresarios.
La creatividad de hecho florece sin trabas en las artes aplicadas, sobre todo en el diseño industrial. En los 20 años recientes he notado que las mentes más flexibles, dinámicas y curiosas entre mis estudiantes han sobresalido en el diseño industrial. Los diseñadores industriales están refrescantemente libres de ideología y cofradías. El diseñador industrial está entrenado para ser un observador perspicaz del mundo comercial-que, nos guste o no, es la realidad moderna.
(imgfave.com)
El capitalismo tiene sus puntos débiles. Pero fue el capitalismo el que acabó con el dominio de las aristocracias hereditarias, elevó el nivel de vida de la mayor parte del mundo y permitió la emancipación de las mujeres. La difamación rutinaria del capitalismo por parte de los izquierdistas del mundo académico y los medios de comunicación ha marginado a los jóvenes artistas y pensadores de la auténtica energía cultural de nuestro tiempo.
Durante el siglo pasado, el diseño industrial ha ganado presencia de forma constante en las bellas artes, y ahora las supera en impacto cultural. En la era de los viajes y la velocidad que comenzó justo antes de la Primera Guerra Mundial, las máquinas se hicieron más pequeñas y más elegantes. La racionalización, desarrollada para autos de carrera, trenes, aviones y transatlánticos, se hizo extensiva en 1920 a electrodomésticos como aspiradoras y lavadoras. Las torres blancas y lisas de los refrigeradores eléctricos (que reemplazaron a las anticuadas neveras) encarnaron el nuevo minimalismo elegante.
“La forma sigue a la función”, dijo Louis Sullivan, el arquitecto visionario de Chicago, precursor del Bauhaus. Esta máxima fue una rúbrica para el auge del estilizado diseño de interiores, las máquinas de oficina y la electrónica después de la Segunda Guerra Mundial: las máquinas de escribir Olivetti, los amplificadores de alta fidelidad, los radios portátiles de transistores, los televisores de la era espacial, los teléfonos Princess. Con la revolución digital llegó la miniaturización. La computadora de escritorio Apple no se parece a las gigantescas computadoras centrales (mainframes) que alguna vez ocuparon habitaciones enteras. Los teléfonos celulares de mano se hicieron de bolsillo.
(robotikka.com)
Los jóvenes de hoy están ávidamente inmersos en este ambiente hipertecnológico, donde sus experiencias estéticas primarias provienen del hermoso diseño de la ingeniería industrial. Los dispositivos portátiles personalizados son sus cartas, diarios, teléfonos y periódicos, así como sus conductos de música direccionados en el sentido de las manecillas del reloj, sus videos y películas. Pero no hay una dimensión espiritual en un iPhone, como la hay en las grandes obras de arte.
Así, vivimos en una cultura extraña y contradictoria, donde los estudiantes universitarios más talentosos son ideológicamente adoctrinados con desprecio por el sistema económico que logró su libertad, sus comodidades y sus privilegios posibles. En el ámbito de las artes y las letras, la religión es rechazada como reaccionaria y pasada de moda. El lenguaje espiritual, incluso de grandes artistas abstractos como Piet Mondrian, Jackson Pollock y Mark Rothko, es ignorado o suprimido.
De esta manera, los jóvenes artistas han sido traicionados y postergados en su crecimiento incluso antes de que sus carreras hayan comenzado. ¿Es de extrañar que nuestras bellas artes se hayan convertido en un desierto?
*Profesora de Estudios de Humanidades y Medios de Comunicación en la Universidad de las Artes de Filadelfia. Su libro más reciente es Glittering Images: A Journey Through Art From Egypt to Star Wars [octubre, 2012].
Tomado de: The Wall Street Journal. Octubre 5, 2012.
Traducción: José Luis Durán King.