Horrores de ortografía: la especialidad de la casa


POR Carlos Arias
La lengua es patrimonio común en una cultura, en un pueblo, cuyos habitantes la usan, manejan, tuercen, estiran y aflojan, truecan y retruecan con él todos los gozosos, penosos y aburridos momentos de sus vidas diarias para expresarlos
(vallenajerilla.com)
Todos los días veo anuncios como éste: Errero.
Y me pregunto, ¿se especializará acaso en yerros?
O recibo emails como éstos:
-“El próximo jueves, a las cinco de la tarde, se reunirá el grupo de mamás. Las señoras que quieran entrar a formar parte de las mamás, por favor, pedir entrevista para que las atienda el párroco en su despacho”.
-“El párroco encenderá su  vela en la del altar. El diácono encenderá la suya en la del párroco, y luego encenderá uno por uno a todos los fieles de la primera fila”.

-“Tema de la catequesis de hoy: ‘Jesús camina sobre las aguas’”.
-“Catequesis de mañana: ‘En búsqueda de Jesús’”.
-“Estimadas señoras, ¡no se olviden de la venta de beneficencia! Es una buena ocasión para liberarse de aquellas cosas inútiles que estorban en casa. Traigan a sus maridos”.
-“El coro de mayores de sesenta años se suspenderá durante todo el verano, con agradecimiento por parte de toda la parroquia”.
-“Recuerden en la oración a todos aquellos que están cansados y desesperados de nuestra parroquia”.
-“Por favor, pongan sus limosnas en el sobre, junto con los difuntos que deseen que recordemos”.
-“El próximo martes por la noche habrá cena a base de alubias en el salón parroquial. A continuación tendrá lugar un concierto”.
-“Recuerden que el jueves empieza la catequesis para niños y niñas de ambos sexos”.
-“El precio para participar en el cursillo sobre “oración y ayuno” incluye también las comidas”.
-“El mes de noviembre terminará con un responso cantado por todos los difuntos de la parroquia”.
(prensalibre.com)
Si usted se ausentara de su casa por ochenta años y después se le ocurriera volver para querer dictar las órdenes domésticas, ¿qué cree le sucedería?… ¡Exacto! En el mejor de los casos lo tildarán de loco, se reirán de usted y, tal vez, compasivamente lo dejarán quedarse ahí. Lo más seguro es que lo sacaran a patadas a la calle con cajas destempladas, si no es que a punta de palos y mentadas.
Bueno, pues eso exactamente es lo que pasó con la gramática española. La última gramática completa vigente antes de 2010 se publicó en 1930, antes de la Guerra Civil española que dejó tan traumatizados a los ibéricos que, a la fecha, siguen mostrando esporádicos brotes de estupidez trasnochada en anacrónicos grupúsculos de fascismos franquistoides, en número nada despreciable de cretinos con ínfulas paramilitarizadas.
El idioma y la metafísica tienen más en común de lo que los gramáticos, esos raros pajarracos tan parecidos a cacatúas encopetadas, trepados en sus cagadas perchas de marfil cacareando una salmodia que no entiende nadie y a nadie le interesa, quisieran reconocer.
Porque tanto al idioma como a la metafísica cada quien los atiende, interpreta y manipula como Dios le da a entender, esto es sobre todo válido en nuestro México moderno, convertido en el paraíso sin límites de la impunidad y sí, también de la barbarie.
Ya no resulta una cuestión de pura ignorancia como antaño, ahora es más una razón de fastidiado desinterés maridado con analfabetismos reales y funcionales en, por lo menos, dos idiomas: español e inglés. Y es que la lengua es patrimonio común en una cultura, en un pueblo, cuyos habitantes la usan, manejan, tuercen, estiran y aflojan, truecan y retruecan con él todos los gozosos, penosos y aburridos momentos de sus vidas diarias para expresarlos y, como bien lo saben los gramáticos, es ese mismo pueblo hablante del idioma el que lo mantiene vivo reinventándolo todos los días, hamacándose a la cándida sombra del extrañamiento de los estilismos académicos elogiados por “correctos”, que no necesariamente resultan útiles para los fines prácticos de comunicación.
Es en este sentido que uno de los lugares donde más ágilmente se reinventa el idioma es el mercados, pletóricos de pícaros, ganapanes, comerciantes, léperos, albureros, estibadores, mecapaleros, brujos, agoreros, pregoneros y, sí, también rateros y ladrones; pues el dios grecorromano de la comunicación y del comercio, Hermes-Mercurio, era conocido también como el fiel protector de los ladrones… esos comerciantes de lo ajeno.
Confucio decía con toda razón que es necesario conocer bien las palabras porque solamente así se pueden dar las órdenes exactas para que sean acatadas sin malos entendidos. Se lo recomendaba a los altos dignatarios, pero vale para cualquiera que aspire a no ser mal interpretado.
(bne.es)
Hace unos años sucediome mientras daba clases en la escuela de la Sociedad de Escritores de Tabasco y la Sociedad del Gremio de Escritores Mexicanos (Sogem) en Villahermosa. Una entonces mi alumna matriculada en las asignaturas que yo impartía y solía aparecer muy poco en clase, Rocío –si la memoria no me falla—, se daba ínfulas de zancona ibis recién capeada por un triste premio de poesía en una de las ferias de Tabasco. Para justificar sus inasistencias y horrores ortográficos invocó un discurso en el que Gabriel García Márquez, con toda su desfachatez de mamagallista Caribe y desde la autoridad de su gran calidad literaria, éxito editorial mundial y premio Nobel de literatura, hizo gala de su maravilloso humor sardónico frente al pleno de las Academias de la Lengua Española; en él se pitorreaba de las reglas gramaticales del español en plenas narices de los gramáticos.
Era cierto le dije, Pablo Picasso también terminó pasándose todas las reglas del academicismo pictórico por el arco del triunfo y así siguió pintando, vendiéndoles a cantidades millonarias a los burgueses villamelones la tela incluso donde limpiaba sus pinceles; pero a los diecinueve años expuso en la Feria de París cuadros de una excelencia pictórica admirable desde los cánones tradicionales, que le ganaron premios.
La mayoría de las personas quisiera ser así, conocer las reglas del juego y darse la maña para sacarles la vuelta. La diferencia entre los seres excepcionales y esa gran mayoría es que estos últimos no quieren tomarse la molestia de aprenderse bien las reglas y luego buscarse los resquicios para jugar con ellas.
Lo que en el arte y la literatura es genialidad, por ejemplo, entre políticos y profesionales resulta perversidad, pues así pueden cumplir sus incongruencias y seguir medrando. No sé lo que pasaría con Rocío pero, por lo menos en sus cursos matriculados conmigo, reprobó.