Juventud: destino inicial


POR Teófilo Huerta
Frecuentemente nos enteramos de las estadísticas sobre los suicidios en los que la franja juvenil tiene un alto porcentaje y entre las causas se ubican el desempleo, problemas económicos y familiares, drogas y… cuestiones sentimentales
(casiopea19-tjr.blogspot.com)
Una noche reciente recibí una penosa noticia: un joven conocido había decidido terminar con su vida. Por supuesto, el cómodo relajamiento que antecede al sueño nocturno se vio trastocado. El hecho me cimbró por muchos motivos: la referencia cercana del muchacho, la juventud del mismo, la impotencia para evitar que algo así ocurra.
Frecuentemente nos enteramos de las estadísticas sobre los suicidios en los que la franja juvenil tiene un alto porcentaje y entre las causas se ubican el desempleo, problemas económicos y familiares, drogas y… cuestiones sentimentales.

Rebasada cierta edad pareciera que los asuntos del corazón en la etapa juvenil son frágiles e intrascendentes, pero al revisar nuestro paso por ella podemos constatar que efectivamente a pesar de la sobredimensión que llegamos a dar al tema, por ser el despertar a la necesidad de comulgar con una pareja, tiene, en su momento, una enorme importancia y es posible depositar toda la confianza, esperanza y afecto en el ser elegido.
Sin afanes excesivamente moralistas o conservadores, es un hecho que los padres, maestros y otros guías, tenemos una alta responsabilidad para orientar a los jóvenes y hacerles comprender que la elección de pareja debe incluir un alto porcentaje de racionalismo y no dejar todo el peso ni al elemento sentimental ni a lo erótico; que es una labor de tiempo y que además del amor en pareja, la vida ofrece otras oportunidades de aprovechamiento. Cierto que el entorno de crisis, violencia e “incomunicación” no ayuda, pero hay que inyectar en la juventud un ánimo de lucha por su propia vida y no a favor del desencanto de la misma.
Me preocupa que más allá de las causas reales, existen detonadores que es importante advertir para evitar que los jóvenes sean presa fácil de una salida irremediable. Además de peligroso grupos por Internet que alientan conductas suicidas, pienso en cierta literatura que no quiero calificarla de dañina pero a lo mejor para muchas mentes adolescentes les puede resultar difícil de asimilar.
En lo particular no me disgusta la literatura japonesa, pero advierto en la naturaleza de muchos de sus escritores una tendencia nihilista o de insatisfacción contemplativa. Cierto que en muchísimos libros a lo largo de la historia el tema del suicidio está presente, nada más hay que pensar en la tragedia de Romeo y Julieta de Shakespeare, en el maduro y decepcionado Ramón Budiño de Benedetti o en la paralítica chantajista Edith Kekesfalva de Zweig, pero su tratamiento es desde una óptica del destino o psicológica, con un tejido narrativo excepcional. En cambio, sin restarle méritos a buena parte de la literatura japonesa (amén de que las traducciones siempre modificarán sustancia y estilo) me parece que se quedan en un plano de elemental descripción de vidas cotidianas que no le encuentran ningún sentido a las mismas ni cifran esperanza alguna en el devenir. No es casual que los propios escritores como Mishima y Kawabata hayan terminado por quitarse la vida.
En el caso del contemporáneo Murakami, simplemente en su novela Tokio Blues, casi todos sus personajes, muchos adolescentes, viven en la más profunda de las melancolías. Kizuki, uno de los jóvenes, de la noche a la mañana se quita la vida en el garaje de su casa, Hatsumi, otra joven se corta las venas. Los personajes son pues seres depresivos y todo a causa del amor o la no realización del mismo, con los que lamentablemente muchos jóvenes pueden llegar a identificarse.
Ciertamente la realidad se refleja en la literatura, pero yo no atino en esta reflexión a saber si deja de ser edificante una lectura de este tipo para adolescentes en crisis.
No me atrevo a una conclusión, lo único que ahora me duele es la conclusión de la vida de un joven estudiante con un futuro que pudo haber sido prometedor.