Peter Tobin: el asesino del ciclo lunar


POR José Luis Duran King
En los años 60 del siglo pasado, apareció en Glasgow, Escocia, un elusivo asesino serial que no fue atrapado en su momento y que atacaba a mujeres en su periodo menstrual
(twistedminds.creativescapism.com)
En el ensayo “The Mystery of JonBenét Ramsey” (The New York Review of Books, junio 24, 1999), la escritora Joyce Carol Oates señala que “la profundidad y el perturbador desequilibrio provocado por la comisión de un crimen demanda una respuesta… (…). En la categoría de la no ficción conocida como true crime,  la mayoría de los crímenes investigados son asesinatos y la mayoría de los asesinatos son resueltos. El desequilibrio es revertido por la certeza de que el criminal ha sido identificado, detenido, generalmente juzgado, convicto y encarcelado, cuando en épocas no muy remotas de la nuestra la mayoría de los asesinos era ejecutada de manera sumaria. Ojo por ojo, diente por diente, es la fórmula más primitiva de justicia y posiblemente, ubicándonos en el terreno psicológico, la más satisfactoria, aunque inhumana e incivilizada”.
Ese sentimiento de desequilibrio lo experimentó la comunidad de Glasgow, Escocia, a finales de los años 60 a raíz de la actividad de un elusivo asesino serial que no fue atrapado en su momento.

La mañana del 23 de febrero de 1968, el cuerpo de Patricia Docker fue encontrado en un estacionamiento de Carmichael Place. Fue estrangulada al parecer con un cinturón. De acuerdo con las investigaciones, la víctima fue abordada en un club nocturno llamado Barrowland. El nombre de este centro de diversión se repetiría a lo largo de las indagatorias, así como el hecho de que Docker estaba menstruando, como lo estarían las víctimas siguientes del asesino.
Año y medio después, el 17 de agosto de 1969, el cadáver de Jemima McDonald fue hallado, estrangulado con sus medias, en el patio de un edificio de la calle Mackeith. Jemima también fue abordada en el Barrowland. Algunos testigos dijeron que estuvo hablando con un hombre alto, delgado, pelirrojo, de entre 25 y 35 años. El retrato robot del presunto asesino fue cotejado con los archivos fotográficos de la policía, pero no hubo empatía con los individuos fichados. Las pesquisas volvieron a un estado de letargo, en espera de que se presentara la oportunidad para atrapar al infractor.
El tercer ataque del asesino proporcionó más datos a las autoridades. El 30 de octubre siguiente, Helen Puttock y su hermana Jeannie Williams conocieron a dos hombres en el club Barrowland. Ambos individuos dijeron llamarse John. El John de Jeannie era un hombre educado, bien hablado, atractivo, modestamente vestido y de modales refinados. En algún momento de la conversación, este John dijo su apellido, aunque Jeannie nunca lo retuvo y sólo pudo referir que era Templeton o Emerson, lo que no contribuyó al progreso de la investigación. El otro John, el que correspondió con Helen, era un hombre más rudo, con una profunda moral religiosa. En algún momento de la charla dijo: “Mi padre dice que estos lugares (el Barrowland) son templos de la inquina”. Asimismo, expresó su desacuerdo con que las mujeres casadas asistieran a los salones de baile, pues eso las convertía en adúlteras (Helen Puttock era casada). Este John no tomó alcohol durante la velada y ocasionalmente citaba la Biblia. Al terminar la fiesta, las dos parejas abordaron un taxi. El primer John y Jeannie se bajaron antes de los otros dos. Horas después, el cadáver de Helen (él último de esta serie de asesinatos) fue encontrado en un callejón por un hombre que había sacado a pasear al perro. Por las declaraciones de Jeannie Williams concernientes a la religiosidad del sospechoso, la prensa lo bautizó como John Bible.
Durante 1977 y 1978, dos homicidios más ocurridos en Escocia se atribuyeron a John Bible, aunque nuevamente el asesino evadió a la policía. Algunos investigadores dudaron de que el autor de estos crímenes fuera el mismo que atacó a finales de los años 60. Sin embargo, la impronta del delincuente no dejaba lugar a titubeos.
Raíces malignas
Nicola Stalk muestra la foto de su hermana Louise Kaye, víctima de Tobin. El cuerpo de la joven no ha aparecido
El suelo de Glasgow ha engendrado varias de las peores pesadillas del crimen británico. Mencionaré dos: Ian brady y Peter Manuel. El primero hizo pareja con la medusa de cabello oxigenado Myra Hindley, quienes en sociedad asesinaron a varios niños entre 1963 y 1965. Son conocidos como “los asesinos del páramo”, por haber sepultado clandestinamente a varias de sus víctimas en el páramo de Saddleworth. El segundo fue un extraordinario espécimen de sangre fría que acabó con una familia de tres elementos en la transición de 1957 a 1958. Durante varias semanas, Manuel regresó a la casa de sus víctimas para dormir la siesta, sacar el auto a dar la vuelta e incluso alimentar al gato, ahora en orfandad de dueños.
En lo que respecta a John Bible, en noviembre de 2006 fue aprehendido en Margate, Reino Unido, un hombre llamado Peter Tobin, de 61 años, por el asesinato de una joven polaca de nombre Angelina Kluk. Las autoridades comenzaron a rastrear las casas donde este hombre de acendrada religiosidad había vivido, hallando en una de ellas los restos de Dinah McNicol y Vicky Hamilton, ambas de 18 años. Peter Tobin es nativo de Glasgow y conforme ha avanzado la investigación todo apunta a que Tobin es el fantasmal John Bible. De ser así, la tarea de la policía será titánica, pues en 40 años al parecer el asesino ha mostrado una gran movilidad geográfica y es posible que en varios de los lugares donde ha habitado exista por lo menos un cementerio clandestino de víctimas que perdieron la vida por cometer el pecado de menstruar y de ser mujeres.