Psicosis social: huellas de la violencia en México


POR Adriana Navarro Ramírez
El trastorno de estrés postraumático y la psicosis social son algunas de las consecuencias de la violencia extrema que temen los mexicanos. Al menos 68 por ciento de adultos mexicanos ha estado expuesto a un suceso estresante en su vida, dice estudio
(superateatimismo.com)
Claudia no logra olvidar el asesinato de su amigo Abel Paz Enciso, de 24 años, un bailarín folclórico sin antecedentes penales, cuyo cuerpo mutilado fue encontrado junto con otros 18 en dos vehículos en una carretera estatal de Jalisco, en el occidente del país, el 9 de mayo de 2012.
Desde entonces, Claudia ha estado triste e indignada. No encuentra explicación a la tragedia. ¿Por qué se llevaron al azar a su amigo y lo asesinaron de forma tan violenta? Respira de forma agitada y llora cuando describe a Abel como una persona simpática, paciente, respetuosa, noble y dedicada.
Claudia vive con trastorno de estrés postraumático (TEPT).

La exposición a diferentes sucesos violentos causa problemas de salud mental como depresión mayor, ansiedad generalizada y trastorno por estrés postraumático, de acuerdo con el estudio Prevalencia de sucesos violentos y de trastorno por estrés postraumático en la población mexicana, publicado en 2005.
Como ella, 68 por ciento de los adultos mexicanos ha estado expuesto a por lo menos un suceso estresante alguna vez en su vida, según este estudio. Algunos de estos hechos son: violencia sexual, ataques físicos, asaltos, secuestros, abuso sexual infantil, ser testigo de la muerte o de lesiones graves a otra persona por un asalto o riña, y enterarse de la muerte o del asalto violento a un familiar o amigo cercano.
Territorios de angustia
43 por ciento de las muertes violentas se registra en 2.5 por ciento del territorio nacional, de acuerdo con cifras de la Procuraduría General de la República (PGR). “Casi la mitad de los delitos violentos se registra en un pequeño territorio del país”, explica Mario Alberto Esparza, responsable de psicología forense del Centro de Evaluación Psicológica del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara (UdeG).
En estos territorios son constantes los delitos de alto impacto, considerados así por su gravedad, intensidad y sus consecuencias sociales, tales como “los narcobloqueos en calles de las ciudades o los homicidios dolosos donde existe una de las tres condiciones que lo agravan, ya sea premeditación, alevosía o ventaja”, añade.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía en 2011, se presentaron 27 mil 199 homicidios dolosos en México; es decir, una proporción de 24 por cada 100 mil habitantes.
Ser testigo directo o indirecto de hechos violentos genera angustia, histeria, trastorno de estrés postraumático y psicosis social, señala José Guillermo González, jefe de Enseñanza en el Instituto Jalisciense de Salud Mental (SALME).
57 por ciento de la población adulta manifiesta como su principal preocupación el tema de la inseguridad, seguido del tema del desempleo y pobreza, según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE 2012). Entre los motivos que llevan a 63.2 por ciento de la población víctima de un delito a no denunciar, están las deficiencias de la autoridad, como la pérdida de tiempo y la desconfianza en la misma.
Consecuencias
(drgarcia-tornel.blogspot.com)
Algunas consecuencias de la exposición a los eventos traumáticos son miedo, parálisis de alguna extremidad o pérdida de sensibilidad en alguna parte del cuerpo. Otros síntomas potenciales son: convulsiones, amnesia, dificultad respiratoria, crisis de ansiedad, pérdida de alguno de los sentidos, como la visión o la audición, debilidad, palpitaciones, pérdida de peso, diarrea, hinchazón abdominal, vómitos o estreñimiento.
Para explicar la psicosis social, el psiquiatra José Guillermo González puso como ejemplo lo sucedido en Guadalajara en noviembre de 2011, cuando en una de las avenidas principales se encontraron 26 cadáveres dentro de tres camionetas. Los ciudadanos quedaron consternados.
La angustia social se acrecentó unos meses después, cuando en enero de 2012 se corrió el rumor de que un grupo delictivo privaría de la libertad a 100 alumnos en algunas escuelas de la zona metropolitana de Guadalajara como venganza tras la supuesta detención de un importante capo, lo que provocó una psicosis social entre decenas de padres de familia, que ante la duda decidieron no llevar a sus hijos a la escuela hasta que se aclarara la situación.
En varias ciudades mexicanas como Acapulco, Guerrero; Monterrey, Nuevo León; Matamoros y Reinosa, Tamaulipas, y Ciudad Juárez, Chihuahua, se ha registrado ausentismo en las escuelas por rumores o supuestas amenazas y bloqueos de grupos del crimen organizado. De hecho, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) indicó en 2010 que en México –al igual que en otros países como Brasil— la educación es víctima de la violencia armada.
“Al ser una psicosis, su fundamento no corresponde con la realidad. Las personas basan su miedo en la creencia de que van a sufrir un daño directamente, en vez de pensar que están en una situación posible de sufrirla; es decir, cambian la probabilidad matemática de una amenaza posible a una real”, detalla Guillermo González, ex director del Hospital Psiquiátrico Estatal de Jalisco.
La psicosis social es limitada. Puede durar de uno a tres días y ocurre mientras las personas no pueden corroborar con otras fuentes de información lo que está sucediendo realmente y sienten miedo y angustia incontrolables, explica el psiquiatra.
“No a toda la gente le afecta en la misma proporción, porque tenemos diversos genéticas y vivencias de crianza y creemos en la información a grados distintos”.
Las personas no pueden acostumbrarse a la violencia, dice el especialista. “Las personas tienden a abandonar la plaza. Se van y empiezan su vida en otro lado. Son fenómenos de migración interna desencadenados por este tipo de experiencias, donde uno ya no puede cuidar a su familia, ya no puede asegurarles que van estar bien y que no van a sufrir algún daño”.
Quienes no pueden abandonar los lugares donde la violencia es una constante tienden a desarrollar trastornos mentales agudos como el estrés postraumático, que llega a afectar gravemente la calidad de vida.
González recomienda “moderar  las preocupaciones y distinguir cuál es la amenaza real o posible”.
Violencia y estrés
(lacomunidad.cadenaser.com)
Los actos delictivos que se reportan en medios de comunicación son más crueles que antes y generan terror en la población, abunda Francisco de Jesús Gutiérrez Rodríguez, director de la División Profesional de Psicología Jurídica del Colegio de Profesionales de la Psicología del Estado de Jalisco.
“Hemos pasado de ejecuciones que originalmente eran el tiro de gracia en la frente, a asesinatos donde las víctimas se encuentran encobijadas, en tambos con ácido, mutiladas o decapitadas. (…) Estos niveles de crueldad y de saña inaudita son rasgos psicopáticos que generan terror psicológico en la población”, afirma.
Ser testigo directo de un hecho violento o escucharlo o verlo puede generar problemas de salud mental y el estrés postraumático, expresa Gutiérrez Rodríguez.
Una persona muy probablemente desarrollará estrés postraumático si responde con miedo intenso, impotencia o terror luego de ser testigo de un hecho violento, de acuerdo con el estudio Prevalencia de sucesos violentos y de trastorno por estrés postraumático en la población mexicana. Otra característica es recordar el hecho persistentemente por medio de flashbacks (recuerdos involuntarios y repentinos) o pesadillas. También puede reducir su capacidad de vincularse con otras personas y experimentar problemas para dormir e irritabilidad. Estas respuestas se consideran patológicas si se prolongan un mes después del suceso traumático, debido a producen malestar cotidiano.
1.46 por ciento de la población de México ha experimentado estrés postraumático, registra el estudio.
A inicios de este siglo, los mexicanos perdían en promedio 14.21 días de trabajo por trastorno por estrés postraumático, según el estudio Costo social de los trastornos mentales: discapacidad y días de trabajo perdidos; resultados de la Encuesta de Nacional de Epidemiología Psiquiátrica, publicado en 2007.
Se estima que una de cada cuatro personas manifiesta estrés postraumático después de un suceso violento. La prevalencia de estrés postraumático a lo largo de la vida en la población de Estados Unidos es de 6.8 por ciento, detalla la Encuesta Nacional Replicada de Comorbilidad, publicada en 2003, y a escala global es de 8 por ciento, según la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud.
José de Jesús Gutiérrez Rodríguez, jefe del Departamento de Clínicas de Salud Mental de la UdeG, explica que el desarrollo de estrés postraumático depende de las características de personalidad. “Una persona que vive situaciones adversas moderadas desde niño, desarrolla salud mental. Sin embargo, quienes estén sobreexpuestos a padecer violencia o quienes han sido sobreprotegidos enfrentarán con mayor dificultad las situaciones estresantes”.
¿Cómo evitarlo?
(ansiedad.net)
Francisco de Jesús Gutiérrez Rodríguez, director y fundador del Centro de Evaluación e Investigación Psicológica de la Universidad de Guadalajara (UdeG), recomienda practicar deporte, buscar técnicas de relajación, convivir con la familia y afrontar el entorno estresante con sentido del humor.
“El problema es que muchas personas no acuden con los especialistas de la salud mental. Acuden después de cinco años de que presentan síntomas físicos, o cuando su agotamiento emocional es tal que ya no pueden manejar su vida cotidiana”, explica Gutiérrez Rodríguez, ex director y fundador del Centro de Intervención en Crisis del Gobierno del Estado de Jalisco.
Por su parte, el psiquiatra Guillermo González recomienda abstenerse de ver o escuchar noticieros donde predomina la nota roja (información criminal), ya que “la percepción social de inseguridad se multiplica, porque uno antes se enteraba de lo que ocurría en el barrio, pero hoy sabe de todos los hechos violentos a través de los medios comunicación”.
Nota del editor: El nombre Claudia es un seudónimo. La fuente pidió no publicar su nombre porque teme a represalias de quien asesinó a su amigo. Las autoridades constataron que Abel fue secuestrado al azar por un grupo armado.
Tomado de:CNN México. Octubre 15, 2012.