Roberto Medina: escritura con sonidos


POR Gabriel Ríos
Lo esencial para Roberto Medina es la relación entre música y texto. Fundamento desde siglos atrás, aunque hay épocas predominantes. De la Edad Media al Renacimiento se practicó. En los siglos XIV al XVI se dice que predominó la música sobre la palabra
Roberto Medina (cenart.gob.mx)
Para el compositor y ex director de la Escuela Superior de Música de la Ciudad de México, Roberto Medina, escribir para cámara, trío o cuarteto es igual de importante. Las referencias más cercanas a su música han sido la ópera, Bach y Bartok. Su formación inicia en la Escuela Superior de Música del Conservatorio de las Rosas, de Morelia, desde la tradición del canto gregoriano, la polifonía y autores clásicos. Después pasó al taller Carlos Chávez del Cenidim, cuyo titular fue Manuel Enríquez, y el coordinador, el maestro Federico Ibarra.

Medina escribe desde la escuela, pero su producción madura es de 1980 a la fecha. Se dio en el momento en el que decidió ser compositor, y al mismo tiempo ser funcionario de la Escuela Superior de Música, primero como secretario académico y luego como director.
Lleva un proceso creativo más lento. Recuerda que en los años 80 había en el taller compañeros que escribían imitando. En ese tiempo tuvo una charla muy importante con Arturo Márquez, de quien ya se conocían sus primeros sones para flauta. Pensaba en la música tradicional, en sus significados y en lo que se entiende de manera personal.
Escuchaba de niño, allá en Morelia, la música ranchera que programaba Radio Ranchito, que por cierto, todavía existe. Esa fue su primera formación. También puede ser, cuando escuchó a los Niños Cantores de Morelia. Esa es su tradición y no la de los otros músicos populares.
En su obra se nota una fuerte influencia del canto gregoriano. Puede decir que su música es sencilla. En ella aparecen tres sonidos, y todo lo que ha tratado de establecer con los cromatismos. Pone como ejemplo, El prisma del cristal, pieza para trío, oboe, violoncello y flauta de 1983.
Otra obra para piano se titula Un sueño, construida con tres escalas superpuestas. El sueño, como lo dicen los psicoanalistas, es un fragmento de algo que no tiene medida; cuenta con su propia duración, que es lo que pasa con la música que escapa de lo cotidiano.
Lo anterior tiene que ver con el microcosmos y macrocosmos de Bartok y los pequeños preludios para órgano de Bach, que en realidad son obras que contienen un universo y se pueden multiplicar.
Un sueñole hizo recordar un artículo que se publicó en la revista Pauta hace muchos años. En esa publicación señalaban que algunos compositores como Medina escribían con todos los sonidos.
Mario Lavista (asociacionrecoleta.blogspot.com)
En aquel tiempo, los años 80, aunque la vanguardia en Europa había caducado, en México, permanecía vigente. Compositores como Manuel Enríquez habían dejado esa etapa. Se abandonaba en el país la música tradicional de los años 60 y 70. Había una gran cantidad de compositores que escribían de manera conceptual, y aquellos que como Medina escribían música tradicional, como que estaban pasados de moda.
Fue muy importante para él pertenecer al taller Carlos Chávez, espacio donde tenían mucha libertad, pero también un firme conocimiento por las sesiones que eran pesadas, de análisis, de trabajo. A la manera tradicional, con papel y lápiz, decía Mario Lavista.
La obra más tradicional que tiene se titula Signos, para voz y piano. Su factura son frases de poemas surrealistas que exponen la oposición de los extremos. Todo bajo un sistema modal romántico.
Lo esencial para Roberto Medina es la relación entre música y texto. Fundamento desde siglos atrás, aunque hay épocas predominantes. De la Edad Media al Renacimiento se practicó. En los siglos XIV al XVI se dice que predominó la música sobre la palabra. Con el cambio en 1600 en las tradiciones la aparición de lo que se iba a llamar la ópera, los distintos grupos intelectuales, sobre todo italianos y franceses, dijeron que lo más importante era la palabra.
Si se querían representar las tragedias griegas se consideraba que no podían utilizar contrapuntos a cuatro, seis, ocho o treintaidós partes, como ya habían llegado a esos extremos los compositores de finales de la Edad Media y principios del Renacimiento. La música sobre la palabra.
Se convirtieron en recitados. De ahí viene la técnica del recitativo en las óperas, predominantes en el siglo XIX. Lo más importante es lo que sucede en la escena; a partir de ese momento viene el desarrollo dramático de los temas que se están tratando.
(cenart.gob.mx)
—Su opinión acerca del ruido.
Es una de las plagas que está acabando con la cultura y la vida musical auditiva. Antes la radio era un peligro, pero se podía apagar. Ahora, invadidos de televisores, en restaurantes, cantinas, autobuses. En lo particular me afecta. A nivel social ha acabado con el silencio, la convivencia, y por otro lado está imponiendo una serie de formas y gestos nefastos.
—Su comentario sobre música electrónica.
No he hecho mucha música electrónica, porque no considero que sea un área que pueda sacarle provecho. Creo que no hay nada nuevo bajo el sol, excepto los sintetizadores. Soy muy simplista y pienso que los medios electrónicos es un instrumento más, como lo fue la aparición del piano.
Otro recurso en el que no estoy de acuerdo es meter música en una computadora, porque va creando procesos nuevos. Pongo por ejemplo al piano, que al fortalecerse creó un repertorio y una técnica nueva con respecto al clavecín. Nunca se pensó en escribir igual que la música de clavecín.