Segundo encuentro con Le Clézio


POR Alfredo C. Villeda
El Premio Nobel de Literatura 2008 pronostica el fin de los diarios impresos. Su futuro, no duda, está en la versión electrónica de Internet, por su eficacia en la difusión, a diferencia de los libros, de la literatura, que perdurarán en su forma actual
(absolutfrancia.com)
Bouquinerie, voz francesa que significa “librería de viejo”, es el nombre de la tienda otrora ubicada en la calzada al Desierto de los Leones, en San Ángel. Como alumno del IFAL, solía pasar horas recorriendo la estantería de ese pequeño oasis de textos en francés, ahíta de clásicos y novedades, rematando con un buen café. Ahí fue el primer encuentro, a principios de este siglo, con la pluma de Jean-Marie Gustave Le Clézio, atraído por un singular título de su autoría: Le rêve mexicain, El sueño mexicano.

La entrega de “Fusilerías” (MILENIO) del 12 de octubre de 2008, recién conocido el nombre del ganador del Premio Nobel de ese año, comienza así: “En toda la magia, la embriaguez y la sangrienta tradición de los antiguos mexicanos hay mitos y tradiciones, monstruos y dioses que deslumbran a J. M. G. Le Clézio. Pero quizá pocos con la fuerza de Cuauhtémoc, héroe de leyenda, el joven rey de México-Tenochtitlan que se convertirá más tarde en uno de los símbolos de la Independencia, y su mutismo: ‘Cortés, que vio en él un enemigo valioso, trata de seducirlo con promesas de pago y perdón. Pero el Águila que Cae no responde. El silencio es toda su fuerza’.”
Ahí se consigna también: “Le Clézio también es deslumbrado por historias tarascas, como la creación del tabaco, y tzotziles, como la del hombre que es juzgado en el otro mundo por los crímenes de su perro; igual lo seduce la leyenda huichol de una iniciación chamánica en el reino del Sol, que Xibalbá, el infierno de la mitología maya quiché. Sin escatimar créditos, en Le rêve mexicain (Gallimard, 1988) traza un recorrido como el de los condenados de Mictlán, el otro infierno que lo anima, como si del de Dante o la Eneida tratárase, en el que multiplica sus citas a Bernardino de Sahagún, Hernán Cortés, Cruz Refugio Acevedo Barba, Ángel María Garibay, Motolinía, Diego Landa, Beaumont, Acosta, Bernal Díaz del Castillo et al”.
El miércoles pasado, en Xalapa, el fusilero pasó de las páginas a las palabras frente a frente, en un patio del hotel del mismo nombre, donde horas más tarde Le Clézio iba a inaugurar el Hay Festival, encuentro literario anual. Ahí, con lentes oscuros por su poca tolerancia al sol veracruzano, con un atuendo casual y huaraches, el escritor francés estaba listo para la entrevista concertada con MILENIO, publicada el jueves pasado en ese diario.
Frente al incomparable escenario, con el Pico de Orizaba al fondo, a la sombra de una ceiba, Le Clézio no para de hablar. Mientras se prepara el equipo técnico, comenta que le parece increíble que la grabación de una entrevista para televisión dependa de tanto cable y tanto micrófono. Especula que pronto dejará de ser así y también pronostica el fin de los diarios impresos. Su futuro, no duda, está en la versión electrónica de Internet, por su eficacia en la difusión, a diferencia de los libros, de la literatura, que perdurarán en su forma actual.
Comparte que su hija es mexicana, aunque vive en Estados Unidos, “adonde ahora se van todos los jóvenes”.
—Ahora ella está viviendo la historia que usted cuenta en L’Africain —comenta el fusilero.
Siempre sonriente, el narrador asiente, y aclara: “Yo también vivo en Estados Unidos, pero soy mexicano de adopción; tengo, además, dos nacionalidades, dos sombreros, que voy alternando de acuerdo con cada situación. El sombrero de Isla Mauricio y el sombrero de Francia”. Y ríe con ánimo mientras el equipo de MILENIO Televisión pide niveles de audio. Está a punto de comenzar la entrevista con el Premio Nobel de Literatura 2008, en la que expresa su admiración por los antiguos mexicanos, por sor Juana, por Rulfo, por Enrique Shelley y Luis Martínez. Y por sus autores favoritos, Malcolm Chazal y Aimé Césaire, monstruos, como él, de la nación francófona.
Segundo encuentro con Le Clézio.