Sólo eran piezas de basura


POR José Luis Duran King
El rechazo histórico que han sufrido las prostitutas desde tiempos bíblicos las ha arrojado a sobrevivir en los poros de la sociedad, donde apenas si alcanzan algunos de las prebendas legales que otorga el Estado
(blog.aacriminallaw.com)
“El cuerpo desnudo de una mujer de Kansas City fue encontrado el lunes en una banqueta del lado oeste de la ciudad. La víctima, Connie Luther, de 29 años, fue hallada alrededor de las 6:30 am cerca de las calles 25 y Allen, dicen los investigadores. La policía cree que la mujer fue asesinada en otro lado.
Un hombre que conducía hacia su trabajo dijo a las autoridades que vio el cuerpo desnudo de Connie boca abajo en la nieve entre hojarasca y basura. La policía no tiene sospechosos y desconoce los motivos del crimen. Las causas de la muerte serán determinadas por la autopsia”.

El párrafo anterior, publicado en enero de 1993 en la página 6 del periódico local Kansas City Star, fue lo más que mereció el asesinato de la prostituta Connie Luther, la víctima número 13 de un homicida recreativo de Missouri.
A partir de la aparición en escena de Jack el Destripador, que entre el 31 de agosto y el 9 de noviembre de 1888 vació de su contenido a cinco mujeres de la calle en el barrio londinense Whitechapel, las prostitutas han sido uno de los blancos favoritos de los asesinos seriales.
La razón de esta preferencia es obvia y Eliyanna Kaiser, editora ejecutiva de la revista Spread de Nueva York, especializada en la industria de entretenimiento para adultos, la sintetiza con las palabras siguientes: “Se tiene fácil acceso a ellas. Se van voluntariamente con clientes mientras nadie las ve y, cuando desaparecen, muy pocas personas se percatan de eso”.
Asimismo, el rechazo histórico que han sufrido las prostitutas desde tiempos bíblicos las ha arrojado a sobrevivir en los poros de la sociedad, donde apenas si alcanzan algunos de las prebendas legales que otorga el Estado.
Uno de esos beneficios, quizá el menos necesario para ellas, porque cuando lo reciben nunca se percatan de él, se expresa en la investigación que inician las autoridades cuando las damas horizontales son asesinadas.
Y los medios también han estrechado filas en torno a esa indiferencia. “Los medios –dice la señora Kaiser— son sólo la proyección de lo que a la gente le importa. A la mayoría de las personas no le interesa si las prostitutas se mueren o se van”. En ese contexto es donde alcanza su dimensión exacta el desprecio contenido en Gary Ridgway, el asesino de Green River, cuando, refiriéndose al robusto racimo de prostitutas que había asesinado, dijo: “Sólo son piezas de basura”.
Gustos universales
(murderpedia.org)
En abril de 1977, un asesino serial comenzó su actividad en el asfalto de Kansas City. Sus primeras víctimas fueron tres prostitutas que tenían apenas unas semanas en el oficio: Stacie Swofford, de 17 años; Gwen Kizine, de 15, y Margaret Miller, también de 17, cuyo cadáver fue recogido en mayo de 1982.
En un principio, las autoridades desconocían que en los terrenos de su jurisdicción actuaba un asesino serial de prostitutas, ya que el predador era, como lo describen los perfiladores de conducta criminal, de “gustos ecuménicos”, hecho que quedó corroborado en el balance final de este criminal, quien de las 13 mujeres que mató, sus edades variaron de 15 a 36 años, además de que nueve fueron blancas y cuatro afroamericanas.
Las características que contribuyeron a confirmar la presencia de un asesino reiterativo incluyeron la forma en que el individuo acababa con la vida de sus víctimas.
La mayoría de ellas fue estrangulada mediante un torniquete con accesorios que el criminal tuvo a la mano: cordones eléctricos, prendas de vestir o agujetas de zapatos, entre otros.
Asimismo, todas las mujeres fueron violadas, abandonadas desnudas y con pedazos de tela o papel en la boca para ahogar los gritos, y en ninguno de los casos se recuperaron los zapatos de las presas, un indicador claro de que el agresor era un fetichista.
Sólo una de las 13 víctimas no era prostituta: Catherine Barry, cuyo cadáver fue hallado el 14 de marzo de 1986. Barry vagaba por las calles, a donde fue echada después de que sus facultades mentales fallaron y su familia no quiso o no pudo hacerse cargo de ella.
En 1987, el año de mayor actividad del predador, las autoridades ofrecieron una recompensa de mil dólares a quien proporcionara datos que ayudaran a la detención del criminal. El irrisorio monto nuevamente mostró el desdén del aparato social hacia las prostitutas, pues mil dólares, dividido por la cantidad total de víctimas, arroja menos de 77 dólares por cada una de ellas.
En 1993, después de asesinar a Connie Luther, el estrangulador se retiró, un hecho que contradice la teoría de que la actividad de los asesinos seriales nunca cesa.
En 2003, después de ser aprobado un presupuesto millonario para retomar la investigación de 600 crímenes sexuales “congelados” en Missouri, las pruebas de ADN aplicadas en el semen de una de las prostitutas asesinadas empataron con el nombre de Lorenzo Gilyard, un afroamericano que se dedicaba a la recolección de basura y que tenía un robusto expediente de delitos sexuales. Para entonces, Gildyard era un individuo maduro, casado y con hijos.
El 13 de abril de 2007, Gilyard recibió cadena perpetua sin posibilidad de salir libre bajo juramento. El juez fue enfático al dictar la condena: “Quiero, señor Gilyard, que al levantarse todos los días por el resto de su vida, se mire al espejo y diga: Esto es lo que he hecho. Esto es por lo que estoy aquí”, sentenció.