Ecologismo, esoterismo, soldados y hippies


POR Juan Camilo Cano
Este curioso revoltijo de saberes y bazofias suele darse mucho en entornos similares, con lamentables consecuencias para muchos productos, actividades y conocimientos científicamente válidos que tienen que codearse con despojos esotéricos y seudocientíficos

Suelo comprar té en una tienda vegetariana que me queda de camino a casa y (como siempre) me sorprende la mezcla de ciencias y falacias que se suelen reunir en este tipo de establecimientos.
Junto a comida sin gluten para celíacos, productos de comercio justo y un sinfín de derivados de la soja en todas las presentaciones posibles (todo muy razonable), hay cursos sobre ecología y talleres de astrología. Hay una mujer leyendo el tarot y una revista gratuita sobre “energías alternativas”. Publicidad de videntes, homeópatas y acupunturistas. Clases de “Kabbalah” y talleres de “sanación del niño interior”. Anuncios sobre clases de yoga, del normal en el que haces estiramientos, y del que te pone en contacto con la serpiente Kundalini.

Este curioso revoltijo de saberes y bazofias suele darse mucho en entornos similares, con lamentables consecuencias para muchos productos, actividades y conocimientos científicamente válidos que tienen que codearse con despojos esotéricos y seudocientíficos. ¿Cuándo empezó esto a ser así? Pues básicamente es una consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, los procesos contraculturales de los años 60, y la aparición de los grandes medios de comunicación.
La cultura occidental ha estado más o menos influenciada por corrientes esotéricas provenientes de Asia a lo largo de los últimos siglos, aunque no pasaban de ser modas pasajeras entre las élites. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial cambió todo esto. Los grandes movimientos de tropas hicieron posible en aquellos tiempos lo que jamás se hubiera realizado en épocas de paz: más de un millón de occidentales, provenientes en su mayoría de Estados Unidos, pero también de Gran Bretaña, Francia y Canadá, viajaron a combatir en Japón, Tailandia, Filipinas y las Islas del Pacífico. (1)
No estamos hablando de comerciantes acostumbrados a la variedad de culturas, ni de académicos en viaje de estudios. La mayor parte de estos soldados eran jóvenes inexpertos que salían por primera vez de su país, de su región o incluso de su pueblo. A su regreso, venían cargados de influencias enormes, mal aprendidas y pobremente asimiladas, de todo lo que habían visto y oído. Es parte de lo que nos ha llegado.
FOTO: Esoterismo 2
Por ejemplo: más de 350 mil soldados estadounidenses que ocuparon Japón, se llevaron a casa todo el sincretismo absorbido durante siglos por Japón de las ricas culturas de India y China. Las otras guerras asiáticas, la de Corea y la de Vietnam, sirvieron como colofón a esta enorme mezcla de culturas en las que se colarían montones de ideas religiosas, supersticiones y esoterismos que inundaron occidente en la segunda mitad del siglo XX.
Pero nada de esto hubiera sido posible sin el fenómeno de la contracultura en los años 60. Esa revolución juvenil en busca de cambio fue la que abrió la puerta a todo lo que sonara como un desafío a los valores que intentaba derribar. El movimiento contracultural aceptó como válida, sin importar su veracidad científica, cualquier manifestación cultural por primitiva o absurda que fuera, con tal de que fuera diferente de lo tradicional. (2) El discurso contra “los químicos” comienza aquí, y el uso de “remedios naturales” y “medicinas ancestrales” se redescubre y amplía. Al mismo tiempo surge un rechazo hacia el rigor científico por considerarse aliado de las industrias, especialmente las fabricantes de químicos pesticidas y armamento, ambas muy ligadas.
Parte de esa inquietud sobre la desaforada industrialización y la crítica al estilo de vida moderno permite que surjan en occidente los movimientos ecologistas, por un lado, y las alternativas vegetarianas, por otro. Lamentablemente, a estas inquietudes venían pegadas miles de tonterías adjuntas a la “nueva era” en épocas dominadas por el Tercer Ojo de Lobsang Rampa. Una especie de descubrimiento juvenil que pronto se convirtió en universal gracias al auge de los medios de comunicación: hasta los Beatles, en su momento de más popularidad, hicieron su peregrinación a la India tras el viaje místico de George Harrison.
Poco a poco todas las realidades culturales exóticas se fueron vendiendo, cómodamente empaquetadas al gusto occidental, hasta darles la forma que tienen en el presente. La parafernalia mística se comercializa tras haber sido absorbida por el sistema de mercado, (ese mismo que también absorbió la contracultura transformándola en una moda), en el que hoy en día son un bien más.(3) La efectividad sigue siendo nula a nivel científico, pero ya hacen parte de una vida cotidiana por donde se pasean orondas, sin ningún pudor. Así, vemos cómo tanto esoterismo se ofrece a diario en farmacias, en supermercados, en librerías, en medios de comunicación, y circula impune entre tus familia y amigos como si fuera válido, real e inofensivo.
Notas
(1) Hobsbawm, Eric. Historia del Siglo XX. La época de la guerra total.
(2) Harris, Marvin. Vacas, cerdos, guerras y brujas. El retorno de las brujas.
(3) Selva, David. Marketing y contracultura: de como lo alternativo se convierte en masivo.
Tomado de:·Escéptica. Noviembre 8, 2012.