La Atlántida de Stalin

POR Arno Frank
En los años 50, ingenieros soviéticos construyeron una gran ciudad en el mar Caspio frente a la costa de Azerbaiyán. Fue una red de plataformas petroleras unida por cientos de kilómetros de carreteras y viviendas que albergaban a 5 mil trabajadores, con un cine, un parque y bloques de apartamentos

POR Arno Frank

 

En los años 50, ingenieros soviéticos construyeron una gran ciudad en el mar Caspio frente a la costa de Azerbaiyán. Fue una red de plataformas petroleras unida por cientos de kilómetros de carreteras y viviendas que albergaban a 5 mil trabajadores, con un cine, un parque y bloques de apartamentos

 

(bryla.gazetadom.pl)

Las balas pasan rozando a James Bond mientras corre a lo largo de un muelle de madera. Un francotirador abre fuego desde un helicóptero que se cierne por encima mientras el agente 007, interpretado por Pierce Brosnan, huye por un laberinto de tubos y puentes. De repente una explosión se derrama sobre esa planta industrial dirigida por la mafia rusa, una enorme ciudad en el mar Caspio. Bond logra saltar a un vehículo convenientemente equipado con un sistema de lanzamiento de misiles y rápidamente derriba el helicóptero.

El telón de fondo de la ciudad flotante en la que Bond libra su batalla en la película El mundo no basta fue construido en los estudios Pinewood de Gran Bretaña, aunque se inspiró en una locación real que se considera una de las ciudades más impresionantes del mundo: Neft Dashlari, a las orillas del mar Caspio.

Esta área de Azerbaiyán ha sido famosa desde la antigüedad por sus recursos petroleros. El “fuego líquido” con el que Constantinopla mantuvo a raya desde sus muros a sus sitiadores árabes en el siglo VII provino en gran parte del petróleo que burbujea en la superficie a lo largo de las costas del Mar Negro y el Mar Caspio. Los persas la llamaban la zona “Tierra de fuego”, donde los sacerdotes iluminaban sus templos con aceite de esas fuentes naturales.

La industria petroquímica no se asentó en el lugar sino hasta 1870, después de que Rusia conquistó el territorio. En los años que siguieron, industriales como Ludvig Nobel y los hermanos Rothschild transformaron la capital Bakú en una versión oriental de Niza, la joya mediterránea francesa. Para 1941, Azerbaiyán, que en ese entonces era parte de la Unión Soviética, ya suministraba 175 millones de barriles de petróleo crudo al año, 75 por ciento de la producción total de aceite del país. Por eso las fuerzas alemanas luchaban por apoderarse de la ciudad y la circundante península de Abseron. Pero fracasaron.

 

Monstruo de acero y madera

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Después de la guerra, ingenieros soviéticos echaron un vistazo más de cerca a un arrecife que los marinos llamaban la “roca aceitosa”. Construyeron un cobertizo en la pequeña isla y realizaron la prueba de perforación. La noche del 7 de noviembre de 1949 hallaron petróleo de calidad superior a una profundidad de mil 100 metros bajo el lecho marino, y poco después, la primera plataforma petrolera del mundo fue construida en el lugar, ahora llamada Neft Dashlari, o “Roca Aceitosa”. Aunque “plataforma” es una palabra totalmente inadecuada para el monstruoso armado de acero y madera que gradualmente se extendió a través de las olas de un mar que en esa orilla sólo tiene 20 metros de profundidad en promedio.

La fundación del principal asentamiento consta de siete barcos hundidos, incluyendo a “Zoroastro”, el primer buque petrolero del mundo, construido en Suecia. En el apogeo de Neft Dashlari, unas 2 mil plataformas de perforación se esparcieron en un círculo de 30 kilómetros, unidas por una red de viaductos colgantes que abarca 300 kilómetros. Los camiones cimbraban los puentes y los bloques de apartamentos de ocho pisos que se construyeron para los 5 mil trabajadores que pasaban a veces semanas en Neft Dashlari. El viaje de regreso a tierra firme podía durar entre seis y 12 horas, dependiendo del tipo de buque. La isla tenía su propia fábrica de bebida, campo de futbol, biblioteca, panadería, lavandería, cine con 300 butacas, baño de vapor, huertas e incluso un parque arbolado para el cual la tierra fue traída del continente.

Fue una utopía estalinista para la clase trabajadora. Una estampa soviética de 1971 resumía la esperanza gigantesca plasmada en una imagen pequeña: contra el contorno negro de una plataforma de perforación, un camino de puentes serpenteaba a través del mar azul profundo hacia nuevas plataformas y un sol rojo en el horizonte.

 

Amenaza oxidada

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Pero hay pocas cosas tan precarias como un mundo construido sobre agua y aceite. El colapso de la Unión Soviética marcó el comienzo de la decadencia de esa ciudad flotante, cuando nuevos yacimientos fueron descubiertos en otros lugares y el precio del petróleo comenzó a fluctuar. La fuerza de trabajo se redujo a 2 mil 500 obreros, y la mayoría de las plataformas está ahora fuera de uso o no se puede llegar porque se han derrumbado los puentes que conducían a ellas. De los 300 kilómetros de carreteras, sólo 45 kilómetros aún son utilizables, pese a su mal estado. Durante una inundación hace algunos años muchos apartamentos quedaron sumergidos hasta la segunda planta.

Un trabajador en Neft Dashlari gana unos 130 dólares al mes, dos veces más que cualquier otro empleado en el mismo trabajo en el continente. Sin embargo, durante años la planta no ha funcionando eficientemente. Las construcciones sumergidas de acero representan una amenaza para la navegación, abundan las fugas de aceite y los equipos se caen a pedazos.

Desmantelar apropiadamente a Neft Dashlari probablemente sería más caro que simplemente mantenerlo con una producción reducida. Para el gobierno, el lugar sigue siendo un orgullo, el secreto más celosamente resguardado de lo que fue la época soviética. Para los extranjeros todavía es muy difícil acceder a la ciudad, la cual aún no se muestra en Google Maps.

Hay planes para restaurar Neft Dashlari e incluso a transformarlo en un complejo vacacional, pero nada se ha concretado. Actualmente, el complejo representa sólo una fracción de la producción de petróleo de Azerbaiyán. Los expertos estiman que los depósitos de petróleo por debajo de la ciudad sólo durarán 20 años más. Dentro de unas décadas, el acero oxidado que sobresale de las olas y las viejas cartas marinas será lo único que quedará de ese gigantesco laberinto en el mar.

 

Tomado de: spiegelonline. Noviembre 14, 2012.

Traducción: José Luis Durán King.