Las lecturas que marcaron a Obama y a Romney


POR Alfredo C. Villeda
Le Figaropublicó una nota acerca de los gustos culturales de los contendientes por la presidencia de EU, ambos, por cierto, egresados de Harvard, universidad que ha dado cuarenta y tantos premios Nobel, pero sólo un mariscal de campo en la NFL, dicho esto último como dato estadístico
(newsday.com)
Harold Bloom ha escrito que pocos de nosotros estamos calificados para atestiguar si Dios ha muerto o está vivo, o yerra por ahí en el exilio, posibilidad que el escritor favorece: “Algunos autores están ciertamente muertos, pero no William Shakespeare”.
La mención de Dios no es gratuita en Bloom, quien dice en Shakespeare: La invención de lo humano (Verticales de bolsillo, 2000): “Un número sustancial de estadounidenses que creen adorar a Dios adoran en realidad a tres principales personajes literarios: el Yahweh del Escritor J, el Jesús del Evangelio de Marcos y el Alá del Corán. No sugiero que los sustituyamos por la adoración de Hamlet (…) Su efecto total sobre la cultura mundial es incalculable. Después de Jesús, Hamlet es la figura más citada en la conciencia occidental; nadie le reza, pero tampoco nadie le rehúye mucho tiempo”.

Con la lectura de Bloom sobre Shakespeare en pleno cierre de campañas en Estados Unidos, el fusilero conoció también una nota de Le Figaro sobre los gustos culturales y, cómo no, las tres lecturas que más influyeron en los candidatos demócrata, Barack Obama, y republicano, Mitt Romney, ambos, por cierto, egresados de Harvard, universidad que ha dado cuarenta y tantos premios Nobel, pero sólo un mariscal de campo en la NFL, dicho esto último sólo como dato estadístico.
Las respuestas deben haber sorprendido al propio Bloom, de 82 años, y a alguien más que usted ya sabe quién es por estos rumbos, porque de entrada uno de los candidatos, contra todo pronóstico, no citó la Biblia ni obra alguna de Shakespeare como sus favoritas. En comparación con nuestro clásico, Romney supo decir libros y autores sin problemas, y vaya títulos. El primero es Al Este del Edén, del Nobel John Steinbeck, que debería resistir la crítica del más exigente.
Sin embargo, vea usted cuáles son sus otras dos lecturas que lo marcaron: Battlefield Earth, novela de ciencia ficción de Ron L. Hubbard, el fundador de la cienciología, y la saga de Crepúsculo, serie de best sellers basados en historias de vampiros escritas por Stephenie Meyer para adolescentes. La Biblia, pues, no figura entre los libros favoritos del mormón Romney.
Obama optó por la respuesta segura: La canción de Salomón, de la Nobel Toni Morrison; Moby Dick, de Herman Melville; las tragedias de Shakespeare y, finalmente, agregó una cuarta lectura: la Biblia. Si el lector aún no tiene una idea aproximada de los gustos culturales de estos personajes, cuyo duelo electoral tuvo un desenlace favorable para el negro el martes pasado, veamos qué nos dicen sus preferencias fílmicas.
El presidente reelecto destaca El padrino1 y 2, de Francis Ford Coppola, y Casablanca, la clásica de Michael Curtiz. El republicano citó La guerra de las galaxias, de George Lucas; Enrique V, de Kenneth Branagh, e Indiana Jones, del propio Lucas. En música, el primero prefiere a Miles Davis, John Coltrane y Bob Dylan, mientras que Romney gusta de Roy Orbinson, The Beatles y Johhny Cash: el folk y el jazz, pues, frente a la música country.
Más allá, entonces, de las lecturas que marcaron a los contendientes por la presidencia, Bloom pone el acento en la influencia del dramaturgo entre los estadounidenses: “El primer inglés moderno fue moldeado por Shakespeare: el Oxford English Dictionary está hecho a su imagen. Los seres humanos posteriores siguen siendo moldeados por Shakespeare, no como hombres ingleses o mujeres norteamericanas, sino en modos cada vez más posnacionales y más posgenéricos. Se ha convertido en el primer autor universal, sustituyendo a la Biblia en la conciencia secularizada”.