Prueba de ácido


POR José Luis Duran King
Los especialistas aducen que Robert Lee Bennett Jr. nunca alcanzó el orgasmo mientras atacaba a sus presas. Los actos violentos sólo servían para provocarle una erección, nunca para llegar al clímax. Sus ataques a los genitales masculinos fueron un acto de homofobia con el que intentaba negar su propia homosexualidad
John Wayne Gacy (taringa.net)
Las esposas de manos representan un fetiche invaluable para los criminales sádicos. Las misas en escena desplegadas por ogros sexuales como John Wayne Gacy y Ted Bundy siempre incluían ese pequeño artefacto de dominio y sujeción. Sin embargo, el amo de las esposas fue Robert Lee Bennett Jr., un hombre que aterrorizó las comunidades gay de Atlanta, Georgia y Florida.

Bennett es un misterio más de las mentes criminales que carecen de motivos aparentes de detonación delictiva. A los 22 meses de edad fue adoptado por un matrimonio económicamente acomodado, integrado por el abogado Robert Bennett y su esposa Annabelle Maxwell. La infancia de Bennett Jr. transcurrió en medio de la abundancia pecuniaria. Fue boy scout, una actividad que, como está comprobado, no es garantía de solvencia mental. Recuérdese que Thomas Hamilton, el asesino en masa del kínder de Dunblane, Escocia, era jefe de scouts, además de pedófilo y amante de las armas.
La gente cercana a Bennett Jr. lo recuerda como un estudiante tranquilo, no sobresaliente, pero tampoco blanco de las burlas y bromas de los niños de su edad. De adolescente destacó en la botánica, una actividad que mantuvo gran parte de su vida. Paulatinamente se inclinó por otras aficiones no tan inofensivas como el estudio de las plantas. Con la vida resuelta, porque al graduarse en ciencias políticas su padre lo heredó en vida, obsequiándole, además de dinero en cuentas bancarias, una casa con valor de 167 mil dólares, tuvo todo el tiempo del mundo para dedicarse a lo que realmente era lo suyo.
Jekyll a escena
Robert Bennett (trutv.com)
Al cursar una maestría en ciencias la Universidad de Virginia, el lado B de la personalidad de Bennett Jr. se expresó. En 1971 fue detenido por exhibirse de forma indecente, pero gracias a las buenas relaciones de su padre le exentaron los antecedentes penales. Al integrarse a trabajar a la empresa de su padre, la cabeza de Bennett Jr. estaba saturada de fantasías sexuales violentas. Y no sólo eso: la homosexualidad que siempre negó asomó la cabeza.
Los investigadores asignados al caso consideran que la carrera delictiva de Bennett Jr. comenzó en 1968, cuando varios episodios sádicos fueron registrados en la comunidad gay de Atlanta. Se habló de un hombre delgado de cabello negro, con bigote, de cejas espesas. Su buena posición social no la podía ocultar. En 1978, para cumplir las apariencias, Bennett Jr. se casó con Sandra Powell. La pareja nunca llegó más allá de la simple firma del acta de matrimonio. Bennett era impotente, pero la unión fue la mascarada perfecta para los planes que el hombre tenía en mente.
Amargo despertar
La casa de Gacy durante la excavación en busca de cadáveres (tejiendoelmundo.wordpress.com)
El sadismo, el matrimonio por conveniencia, las brutales orgías nocturnas y la utilización de esposas para maniatar a sus víctimas, son rasgos que comparten Bennett Jr. y John Wayne Gacy. Ambos eran miembros prominentes de su comunidad, estatus que actuó en su favor para evadir la justicia por mucho tiempo. Sólo que Robert Bennett Jr. no era un asesino (estuvo implicado en un homicidio, pero fue liberado por falta de pruebas), era un sádico que disfrutaba torturando a los prostitutos que contrataba.
Por las noches salía a recorrer la zona roja local en busca de hombres homosexuales. Cuando encontraba un prospecto, se acercaba a él, lo invitaba a subir y a beber en el interior del vehículo. Posteriormente explicaba que estaba haciendo una investigación acerca de los efectos del alcohol en los individuos. Si accedían a tomar rápido sus bebidas, Bennett le prometía 100 dólares.
Las víctimas no estaban consientes mucho tiempo. El narcótico disuelto en la bebida los hacía perder el conocimiento. El despertar era atroz, en zonas boscosas o habitaciones baratas de hotel. Generalmente, el dolor era tan intenso que les impedía solicitar ayuda de inmediato. Bennett utilizaba ácido, que vertía en el área genital de sus presas. Además de dormir a los jóvenes prostitutos, el individuo los esposaba, previendo que el efecto del corrosivo fuera superior al del somnífero.
Fueron casi 20 años de conducta criminal reiterada. La policía tenía conocimiento de los ataques, pero la mayoría de las víctimas optó por el silencio, por temor a que su condición de prostitución homosexual fuera ventilada.
Todas las víctimas de Bennett Jr. tuvieron secuelas de los ataques, aunque el caso de Gary Clapp, en Tampa, Florida, fue extremo. Clapp no era gay ni prostituto. Su error fue acudir por una cena a las instalaciones del Ejército de Salvación, ubicada en la zona roja. Ahí fue contactado por Bennett, quien puso en práctica su truco de los 100 dólares. Horas después un patrullero vio que algo ardía en una zona boscosa, cerca de la carretera. Era el cuerpo de Clapp, quien sobrevivió al ataque, perdió ambas piernas y reconoció a su verdugo en un conjunto de fotografías que le mostró la policía.
Robert Bennett Jr. fue detenido y de inmediato echó por delante su posición social. No le funcionó la táctica. En 1992 fue sentenciado a 17 años de prisión, una vez que varios de los agredidos testificaron en su contra. Seis años después falleció de una embolia al interior de la prisión. Los especialistas aducen que Bennett nunca alcanzó el orgasmo mientras atacaba a sus presas. Los actos violentos sólo servían para provocarle una erección, nunca para llegar al clímax. Sus ataques a los genitales masculinos fueron un acto de homofobia con el que intentaba negar su propia homosexualidad.