Baile por metro

La abrupta noticia de una mujer regiomontana que hizo un espectáculo de table dance en pleno metro de Monterrey, hizo realidad la fantasía expresada en mi cuento “Un metro de su atención”

POR Teófilo Huerta

 

La abrupta noticia de una mujer regiomontana que hizo un espectáculo de table dance en pleno metro de Monterrey, hizo realidad la fantasía expresada en mi cuento “Un metro de su atención”

 

Pole dance en la Línea 2 del Metro (musikadisco.com)

Sin que tenga ninguna comparación con la visión de un Jules Verne sobre los viajes a la luna o la de George Orwell sobre una sociedad observada continuamente por cámaras, la abrupta noticia de una mujer regiomontana que hizo un espectáculo de table dance en pleno metro de Monterrey, hizo realidad la fantasía expresada en mi cuento “Un metro de su atención” dentro del recién publicado libro La segunda muerte y otros cuentos.

El referido cuento, escrito en 1996, narra la escena en el metro de la ciudad de México en el hipotético año 2020 (curiosamente en el original había determinado que fuera en 2011) de esta manera:

“Raúl sube las escaleras y nota con emoción los cambios en el piso y en los barandales de la estación. A lo lejos distingue los cerros con sus grandes antenas televisoras y se convence de que es el mismo lugar que hace veinte años frecuentaba. Precisamente ha extrañado los puestos de tacos y golosinas y por la prisa apenas si ha reparado en las máquinas que los sustituyen.

Su hermano le ha prestado su metrocard para el viaje de ese día. Seguro, introduce su tarjeta que le da acceso a un elevador personal que lo transporta al andén inferior. Retira la tarjeta y la guarda…

Raúl se acomoda en su lugar y se le antoja dormir, pero lo evita para no perderse las novedades que el viaje le pueda aportar. Piensa que gracias a la modernidad la pobreza se ha desterrado y suspira con nostalgia y felicidad de saber que no verá subir a un sordomudo que reparta chicles para venderlos, a un par de invidentes con su armónica, a un grupo de jóvenes tocar un rock urbano y mucho menos a un niño estirar su manita en espera de limosna. No, no, se dice, ya no será…”

Y efectivamente el pasajero ya no se encuentra con este tipo de comercio, sino con uno mucho más sofisticado acompañado del sonido ambiente del propio transporte y así ve desfilar un comando representando una película en cartelera, una fotógrafa, deportistas, mujeres filantrópicas, un sacerdote y su acólito vendiendo hostias y, también la bailarina:

“De pronto surge el mensaje con música instrumental.

—Casandra, una de nuestras bellas féminas que lo esperan en el table dance más cerca de su hogar… aquí sólo una probadita.

La “bella fémina” danza y se detiene bruscamente ante los lugares de los caballeros para abrir su abrigo y dejar que le aporten algún donativo. Al llegar frente a Raúl hace la misma operación. Él, boquiabierto, ve los pechos desnudos y en la tanga sostenidos billetes y cheques. Por fin reacciona y presuroso saca su cartera que está vacía y en la emergencia lo único que se le ocurre es colocarle su metrocard…”

En el hecho real acaecido los primeros días de diciembre, la mujer no llevaba abrigo pero si ropa casual de la que se fue despojando hasta llegar a mostrar efectivamente sus pechos y principalmente a un personaje parecidísimo a Raúl. Al circular la noticia por las redes sociales se puede testificar el antecedente de un caso en el metro de Santiago de Chile un par de años antes.

La escritura del cuento realizada en 1996 avizoraba también el empleo de una tarjeta en lugar de boletos, hecho que igualmente se concretó desde hace años y la existencia de elevadores en las estaciones, lo cual apenas ha sucedido en el suburbano.

Asombrado por el cumplimiento de la ficción, la verdad no puedo asegurar ni desmentir si también se harán realidad los anuncios cinematográficos, fotográficos, deportivos y mucho menos, si un día se llegarán a vender masivamente hostias para atraer fieles que se ausentan de los templos.

La verdad nada es imposible y ciertamente “la realidad supera a la ficción”.