Chopin: las alucinaciones de lo divino

Para todos los genios románticos que supuestamente sucumbieron a la esclavitud salvaje de sus pasiones ha habido muchos médicos, psicólogos, y darwinistas literarios con ganas de diagnosticarlos. El diagnóstico exacto de la epilepsia del lóbulo temporal de Chopin ha sido aplicado a Poe, Gustave Flaubert, Philip K. Dick, Sylvia Plath y Lewis Carroll

POR Stefany Anne Golberg

 

Para todos los genios románticos que supuestamente sucumbieron a la esclavitud salvaje de sus pasiones ha habido muchos médicos, psicólogos, y darwinistas literarios con ganas de diagnosticarlos. El diagnóstico exacto de la epilepsia del lóbulo temporal de Chopin ha sido aplicado a Poe, Gustave Flaubert, Philip K. Dick, Sylvia Plath y Lewis Carroll

 

(foxnews.com)

En su Histoire de ma vie, la autora George Sand describe una anécdota con Frédéric Chopin al regresar una noche de un viaje a Palma. Chopin componía una melodía en el piano en las garras de un delirio extraño. “Se veía a sí mismo ahogándose en un lago”, escribió:

“… gotas pesadas de agua y hielo caían a intervalos regulares sobre su pecho, y cuando yo le dije que aquellas gotas en realidad estaban cayendo a intervalos regulares en el tejado, negó haberlas escuchado. Estaba molesto –yo deduje— por aquella armonía imitativa…. Su genio rebosaba de misteriosas armonías de la naturaleza, traducidas por sublimes equivalentes en su pensamiento musical, y no por una repetición servil de los sonidos externos.”

La obra que Chopin componía aquella noche –de acuerdo con “The hallucinations of Frédéric Chopin”, un artículo publicado recientemente en la revista Medical Humanities— se cree que era Preludio en Re bemol mayor o Preludio en fa sostenido menor o incluso Preludio en si menor. Pero para los autores del artículo –Manuel Vázquez Caruncho y Francisco Brañas Fernández—, la pieza exacta que el músico repetía resulta menos interesante al lado de lo que podía estar pasando por la mente de Chopin mientras componía.

El diagnóstico es claramente médico. Chopin padecía “alucinaciones”. Lo que muchos han leído en palabras de Sand es un ejemplo de que el genio misterioso de Chopin era en realidad resultado de una condición neurológica. Caruncho y Fernández presentan una larga lista de posibles diagnósticos que pueden explicar las alucinaciones de Chopin: esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión, fiebre, migraña. Finalmente, los autores deciden que la mejor explicación de las alucinaciones de Chopin es epilepsia del lóbulo temporal.

¿Qué dice esto acerca de la obra de Chopin? La respuesta, los autores admiten, es nada. Aunque creen que la pregunta va más allá. ¿Qué impulsó a Caruncho y Fernández a presentar esa conclusión: “Dudamos que añadir otro diagnóstico [a] la lista ya de por sí numerosa nos ayudaría a entender el mundo artístico de Frédéric Chopin, pero sí creemos que saber que presentaba esa condición puede contribuir a separar la leyenda romántica de la realidad…” Los detalles de las composiciones de Chopin están un poco fuera del ámbito de competencia de los autores. La conclusión, sin embargo, sugiere que Caruncho y Fernández no están muy interesados en los detalles físicos de las alucinaciones de Chopin. Su objetivo real es cómo esas alucinaciones afectaron la historia que contamos de Chopin. Ellos están interesados en la mitología del genio de Chopin.

 

George Sand (en.wikipedia.org)

Para todos los genios románticos que supuestamente sucumbieron a la esclavitud salvaje de sus pasiones –Robert Schumann, Edgar Allan Poe, William Blake, etcétera— ha habido muchos médicos, psicólogos, y darwinistas literarios con ganas de diagnosticarlos. El diagnóstico exacto de la epilepsia del lóbulo temporal de Chopin también ha sido recientemente aplicado a Poe, Gustave Flaubert, Philip K. Dick, Sylvia Plath y Lewis Carroll, entre otros. “Las alucinaciones de Frédéric Chopin” son, pues, en la tradición de lo que algunos denominan neuroteología, el intento de explicar médicamente las experiencias espirituales. El no siempre sutil subtexto es que las visiones inexplicables, u otras locuras divinas, no tienen cabida en nuestro mundo ilustrado y moderno. Los neuroteólogos nunca se han sentido cómodos con la idea de que existen las visiones románticas, y mucho menos a gusto con la idea de la locura como catalizadora de la obra del genio. El impulso detrás de esos diagnósticos es el deseo de secularizar al genio, o de democratizarlo, y en algunos casos, de acabar por completo con la noción de genio. Las experiencias aberrantes de nuestros grandes artistas y escritores, por lo tanto, a menudo aterrizan en el manicomio (Schumann o Robert Walser) o, al menos, plantear serias dudas sobre si podemos distinguir entre su enfermedad y su obra.

 

Voltaire (constitution.org)

En resumen, “The hallucinations of Frédéric Chopin” es un ataque a la noción romántica del genio. En “Genius and Taste”, un ensayo de 1918 publicado en The Nation, el crítico Irving Babbitt analiza las dos nociones de genio –el neoclásico y el romántico— que son tan hermosamente interpretadas en la relación entre Chopin y Sand. Cualquiera que sea nuestra opinión personal sobre el genio deriva probablemente, y en parte, de uno de aquellos campos.

En el lado neoclásico del ring tenemos a Voltaire y Kant, quien definió al genio como “sólo una imitación juiciosa” (que Voltaire lo fue). Esto quiere decir que el genio es deliberado y que las ideas vienen de alguna parte y no de la nada. Cuando Sand entra en la habitación y dice que Chopin toca una “armonía imitativa”, ella representa la posición neoclásica. “Su composición de esta noche estuvo llena de gotas de lluvia que resonaron sobre las baldosas sonoras del monasterio”. Sand implica que Chopin pudo escuchar algo extraordinario en las gotas de lluvia que la mayoría de la gente no puede escuchar. Su genio radica en que puede imitar las gotas de lluvia y hacerlas suyas. (Esto también implica que él está trabajando en la tradición de otros grandes compositores amantes de la lluvia.)

Los románticos, por otra parte, sustituyen el juicio y la gracia con la imaginación y la originalidad: “El poder de actuar creativamente en las leyes de su propio origen”, en palabras de Coleridge. Hay que considerar que como buena romántica genuina que es ella en el fondo, Sand retrocede cuando el propio Chopin protesta contra la sugerencia de que él sólo imita el sonido de la lluvia. Ella dice: “Su genio estaba lleno de misteriosas armonías de la naturaleza, lo que se traduce como equivalentes sublimes en su pensamiento musical, y no por una repetición servil de los sonidos externos”. Tanto escritora como compositor están de acuerdo en que la ensoñación salvaje de Chopin (o alucinación) fue la que en realidad dio nacimiento a la composición en que estaba trabajando. Chopin no sólo estaba tintineando alrededor del sonido de la lluvia; él había sido tocado por lo sublime.

 

(spain.intofineart.com)

En su forma romántica, el genio es irracional y está más allá de nuestro control. De hecho, el verdadero genio requiere una pérdida de control. En cierto modo, los románticos alejan al genio de lo que hacemos y sentimos, de lo que creamos a lo que estamos experimentando. Al pensar de esa manera, el genio es realmente un estado del ser, más cercano a un estado de éxtasis.

Si los llamamos sueños o alucinaciones, casi todos estaremos de acuerdo en que Chopin tenía visiones extraordinarias de algún tipo que se correspondían con distintos efectos físicos. Románticos y neoclásicos por igual –junto con Caruncho y Fernández— coinciden en que esas experiencias desempeñaron algún papel en la obra que Chopin produjo. Las alucinaciones, el hombre y la música son todo un paquete. Lo que es emocionante, entonces, en la obra de Caruncho y Fernández no es su negación de la experiencia sublime de Chopin sino más bien su compromiso con la experiencia física del genio.

Al final, Caruncho y Fernández dicen que desean separar el romance de la realidad, pero su diagnóstico lleva a una conclusión no menos romántica, y no menos religiosa, que la leyenda: que nuestros cuerpos pueden generar en nosotros una sensación de lo divino. A partir de esto, tal vez los románticos y neoclásicos se pueden reunir para elaborar una nueva noción de genio, que permita y exija en ocasiones fantasías extáticas irracionales que deban estar enraizadas en la práctica si las buenas obras se van a producir. Después de todo, las visiones por sí solas no son suficientes. Si Chopin no hubiera practicado en su piano, quizá nunca habría llegado más allá de la frontera con Polonia. Pero su experiencia de lo sublime, cualquiera que sea su causa, era un factor real en su capacidad de componer.

Incluso William Blake habría aprobado esta síntesis. “Así como un hombre es, ve”, escribió. “Así como el ojo es formado, así es como sus potencias quedan establecidas”. Del mismo modo, sólo porque las grandes ideas pueden venir de alguna parte, no siempre significa que el genio pueda ser o deba ser.

 

Tomado de: The Smart Set. Febrero 15, 2011.

Traduccion: José Luis Durán King.