Connecticut: error de la especie

Defender con un rifle en la mano el derecho a tener un rifle en la mano es un inmenso fracaso ya no se diga de una buena parte del pueblo estadounidense, o de sus leyes, sino de la especie

POR Alfredo C. Villeda

 

Defender con un rifle en la mano el derecho a tener un rifle en la mano es un inmenso fracaso ya no se diga de una buena parte del pueblo estadounidense, o de sus leyes, sino de la especie

 

(emirates247.com)

Las lágrimas de la hipocresía. El aturdimiento del autoengaño. El duelo de la desmemoria intencional. El drama artificial del dolor y los golpes de pecho. Hoy sólo la tragedia es real.

Otra matanza en una escuela estadounidense. Otro discurso lacrimoso y otra bandera a media asta. Otra jornada de cuatro días en duelo. Otra débil cruzada contra la venta indiscriminada de armas, apagada, de nuevo, por la delirante perorata de que primero está la Constitución y la libertad.

Cuando se alega una ley por encima de la vida humana hay un error en la Matrix. El apartheid no sancionaba los abusos y la exclusión contra los negros, porque la ley no preveía esos supuestos, convertidos en normalidad en Sudáfrica: era legal, pues, aunque inmoral.

Defender con un rifle en la mano el derecho a tener un rifle en la mano es un inmenso fracaso ya no se diga de una buena parte del pueblo estadounidense, o de sus leyes, sino de la especie. El tradicional llamado a combatir esa enmienda porque muchas de esas armas son las que llegan a manos del crimen organizado mexicano es de una estrechez intelectual exasperante.

Porque la tragedia va más allá de los 58 mil 398 muertos del sexenio recién concluido. Hoy somos testigos de una nueva matanza de niños, pequeños que cursaban de preescolar a cuarto grado, inocentes víctimas de una injustificable ley que pone la libertad de comprar un fusil encima de la vida humana.

Sólo este año hubo cinco episodios similares en Estados Unidos con un escalofriante cúmulo de 56 víctimas mortales, muchos de ellos menores de edad, ajenos todos a las veleidades de la Asociación Nacional del Rifle, poderosa agrupación que decide a su antojo en materia política. Omnipotente sociedad que pone agenda y desaparece de los debates.

Si el tema migratorio fue soslayado en los recientes debates de los candidatos presidenciales en pos de la Casa Blanca, el asunto de la venta de armas parecía proscrito. Por tradición, el Partido Republicano, receptor entusiasta de los aportes de los belicistas, desecha el asunto, y su rival Demócrata se queda siempre con la promesa de retomarlo. Simulación pura. Primero los votos, luego las vidas.

Ya Michael Moore había exhibido a esa violenta élite en su documental Bowling for Columbine (2002), en el que el propio George W. Bush batea al cineasta cuando intenta hacerle una pregunta y le recomienda, frente a un grupo de reporteros, que vaya a casa. Moore, en efecto, se dirige a casa, pero de Charlton Heston, la leyenda de Hollywood que encabezó al grupo del rifle hasta su muerte.

Resultado de la visita: necedad religiosa, decrepitud, inhumanidad, fanatismo. “Error de la especie”, dicen con toda razón, de forma profética, los gorilas que capturan a Heston en la primera entrega de El planeta de los simios (Shaffner, 1968).

Quizá sea Voltaire quien mejor explique el caso con siglos de por medio: “Fanatismo es el efecto de una conciencia falsa, que sujeta la religión a los caprichos de la fantasía y el desconcierto de las pasiones. Generalmente proviene de que los legisladores han tenido miras mezquinas, o de que se traspasaron los límites que ellos prescribían. Sus leyes sólo eran a propósito para una sociedad escogida. Extendiéndolas por celo a todo un pueblo, y transportándolas por ambición de un clima a otro, debían haberlas corregido y acomodado a las circunstancias de los lugares y de las personas. ¿Y qué es lo que sucedió? Que ciertos espíritus de carácter más proporcionado al de la muchedumbre para la que se confeccionaron, recibiéndolas con gran calor, se convirtieron en apóstoles y hasta en mártires de ellas antes que dejar de cumplirlas al pie de la letra”.

Esa es la airada y legaloide defensa de las armas sobreponiéndola a la vida. No más que eso.