Manuel de Elías y su visión ecléctica de la música

La invención consiste en hacer aquello que para uno mismo lo representa. Finalmente lo de los lenguajes, ahora más que nunca, es irrelevante. Primero, para este artista, hay que concebir, y luego hacer un análisis del material que se imagina, con una técnica, para que el discurso sea congruente

POR Gabriel Ríos

 

La invención consiste en hacer aquello que para uno mismo lo representa. Finalmente lo de los lenguajes, ahora más que nunca, es irrelevante. Primero, para este artista, hay que concebir, y luego hacer un análisis del material que se imagina, con una técnica, para que el discurso sea congruente

 

(elsiglodetorreon.com.mx)

Manuel de Elías, el compositor, tiene una visión ecléctica de la música, y no puede ser de otra manera. Lo que ofrece es un panorama de cómo los lenguajes de su obra han evolucionado, a la par que las tendencias, siempre en la búsqueda de una verdad estética. Hasta donde puede tener conciencia, nunca se he atado a una fórmula específica. Permanentemente lo que hace es fusionar contenido con continente, con un discurso propio, único, personal. Así es como le conviene.

Está muy lejos de creer en definiciones y en reglas. Expresa que cada compositor debe ser un inventor, en el sentido no del que quiere escribir cosas inéditas y nadie las reconozca en ninguna parte. Eso no existe, porque, dice, no somos hijos de probeta ni estamos incomunicados del resto del mundo. Cuando comenta que el compositor necesita ser un inventor, es porque si no es así estará copiando, más o menos, de cerca o de lejos, reproduciendo lo que otros hacen.

La invención consiste en hacer aquello que para uno mismo lo representa. Finalmente lo de los lenguajes, ahora más que nunca, es irrelevante. Primero, para Manuel de Elías, hay que concebir, y luego hacer un análisis del material que se imaginan, con una técnica, para que el discurso sea congruente.

Es su manera de proceder, de contemplar el fenómeno del arte musical. Si nos adentramos en el proceso íntimo, es demasiado complejo para que sea suficientemente elocuente. No da clases de composición, porque cada día cree menos en enseñar procedimientos. Piensa que cada compositor tiene que partir de una base para ser su propio maestro y tener una sólida formación analítica. Cada quien debe encontrar afinidades a sus búsquedas.

A su manera comenzó a buscar recursos, procedimientos, para ampliar su lenguaje: aprender a través de la exploración, como ocurrió en determinado momento con el mundo de la dodecafonía. Recursos que estaban flotando en torno a una generación. En otro momento se adentró en el mundo aleatorio. Siempre teniendo como prioridad el sentido estético.

En 1967, la Universidad Nacional Autónoma de México le encargó la composición de su primer Cuarteto de cuerdas. Para entonces ya había analizado y trabajado con los procedimientos del dodecafonismo y algunas de sus consecuencias. Este cuarteto es un juego de espejos en la estructura. Existe la explotación de los colores, donde se establece el qué se puede hacer en un cuarteto de instrumentos: la concreción de las series, con un motivo original desde el principio, varias veces, hasta su conclusión.

 

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La composición, para Manuel de Elías, es algo más, en el sentido del pensamiento musical. En cuanto a los elementos constructivos, se da por sentado que son manejables, y para eso son. Vuelve a decir que es apenas el continente.

Al sentarse ante el papel, dice, es una percepción cercana a la tragedia.

Las Canciones del ocaso las concibió simultáneamente para voz y piano, y también para orquesta. Apuntó que la versión para piano no es una reducción de la versión orquestal; a partir de la parte del piano concibió la versión orquestal. Son dos versiones, una después de la otra. En ese lapso tuvo todo el trabajo de copiar las partes, y también el no contar con una orquesta.

Como músico no se conforma con una estructura o una época. Hace aquello que le complace. Al tocar este punto siempre recomienda a los jóvenes, y a los que ya no lo son, que no se olviden de hacer música.

Siempre debe haber una gran armonía, explica, entre discurso musical y la expresión textual, es decir, la fonética. “Existen sonidos, que si los producimos en una región aguda, se van a opacar y el texto no va a funcionar”.

Ha llegado a la conclusión, después de muchos años, que en su caso cabe el manejo ecléctico, y trata de evitar la rigidez de un esquema personal. Sin embargo, cree que la universalidad puede ser consecuencia de que hay ciertos rasgos de un perfil propio. No tiene preferencias. Por ejemplo, maneja los dos semitonos unidos, que realmente aparecieron desde que era un adolescente.

Si hay eclecticismo en alguna parte es en la partitura de su Sonata No 11. Hay tres momentos en la sonata, donde está la presencia gregoriana, con una organización armónica totalmente distinta.

Para Manuel de Elías, el músico debe haber pasado por el canto gregoriano y haber caminado hasta nuestros días, por otros recursos. Se puede percibir en su obra: siempre hay un contrapunto riguroso, donde se encuentran los elementos de la fuga concentrados, además de inversiones y simultaneidad.

En su obra aparecen todas las técnicas, porque las practicó. Desde muy joven llenaba cuadernos de ejercicios. Ese tiempo invertido lo celebra y recomienda.