Asesino serial y rata de morgue

De manera circunstancial, un policía de Ohio escuchó la confesión de un hombre que resultó ser un homicida reiterativo que disfrutaba meditar en el lugar más frío de un hospital para enfermos mentales

POR José Luis Durán King

 De manera circunstancial, un policía de Ohio escuchó la confesión de un hombre que resultó ser un homicida reiterativo que disfrutaba meditar en el lugar más frío de un hospital para enfermos mentales

 (telemundoatlanta.com)

A finales de enero de 1999, la vocera del Departamento de Rehabilitación y Corrección de Ohio, Andrea Dean, organizó una rueda de prensa en las instalaciones de la correccional para informar que el asesino y violador serial convicto Larry Ralston permanecería una década más en prisión por el asesinato de cuatro mujeres en los años 70.

Pese a que Ralston mostraba un comportamiento ejemplar en su reclusión, al grado de haber ganado algunas prebendas –como una cama en el dormitorio de los presos “privilegiados” y un empleo dentro del complejo de seguridad—, su petición de libertad bajo palabra fue rechazada “debido a la naturaleza de sus crímenes y porque existe el sentimiento general de que no ha servido el tiempo suficiente”, explicó la funcionaria.

Para esa decisión, las autoridades consideraron el descontento del público y de los familiares de las víctimas: más de 400 personas firmaron peticiones y escribieron cartas solicitando que Ralston continuara en prisión.

La audiencia siguiente para que Ralston solicitara su libertad bajo palabra se emplazó para 2009, lo que para algunos familiares de las victimas representó una victoria a medias. La señora Dori Porter, madre de Linda Kay Harmon, la primera presa mortal de Ralston, señaló: “Es un paso más en la búsqueda de justicia para Linda. Puedo respirar un poco mientras tanto. La mala noticia es que tendremos que hacer esto nuevamente dentro de 10 años”.

Lugar de reflexión

En noviembre de 1977, el sheriff investigador Robert Stout acompañaba a Larry Ralston en el vehículo que transportaba al detenido al condado de Clermont, donde enfrentaba cargos por haber violado a una adolescente de 15 años. El agente platicaba con el sospechoso, quien no podía ocultar su nerviosismo. De repente, algo se rompió en el interior del hombre y comenzó a llorar. Robert Stout no se movió de su lugar y espero a ver cuál era el descenlace de esa crisis.

“Nunca tuve intención de matar a ninguna de ellas”, soltó de repente Ralston, dejando al policía con la boca abierta. ¿De qué hablaba el individuo? Sin embargo, el sheriff de inmediato comprendió la situación y supo que estaba frente al asesino en serie que las autoridades de Ohio buscaban desde hacía dos años. El asunto de la adolescente violada por Ralston pasó a segundo término y a continuación comenzaron los interrogatorios, que desembocaron en cuatro sentencias de por vida para Ralston.

Al momento de ser capturado por la policía Ralston tenía 28 años, vivía en la casa de unos amigos y recientemente había perdido su trabajo en la morgue de un hospital para enfermos mentales del condado Hamilton.

La pérdida de su empleo le dolió bastante a Ralston, no tanto por el salario que obtenía en la morgue sino porque ahí pasaba horas observando a los muertos. Era un placer que ocultaba a los demás. Asimismo, el hombre sacrificaba su hora de almuerzo para visitar el área de terapia intensiva. El sheriff Stout, con base en las conversaciones que sostuvo con Ralston, señaló: “Lo hacía tres o cuatro días por semana, sólo para ver a las personas morir. (…) Le gustaba estar al cuidado de esos pacientes, sólo de las personas de esa área. Él sabía que morirían. Él iba a ver”.

La saga mortal de Larry Ralston comenzó el 3 de septiembre de 1975 con la desaparición de Linda Kay Harmon, de 17 años, mientras esperaba el autobús, a tres cuadras de su casa. Más de un mes después la policía tuvo que armarse de paciencia para reunir las piezas del cadáver descuartizado de la joven, que fue encontrado en una zona boscosa.

En mayo de 1976, el cuerpo desnudo de una joven fue rescatado de una tumba a ras de tierra. Nancy Grigsby, de 23 años, era una mujer discapacitada que le gustaba frecuentar bares. Aunque Elaina Marie Bear desapareció en noviembre siguiente, su cadáver fue hallado el 28 de febrero de 1977, también en un bosque.

Diana Sue McCrobie, de 16 años, fue otra de las víctimas del asesino. El cuerpo desnudo de Mary Ruth Hopkins, de 21 años, fue descubierto el 30 de junio de 1975 con su playera alrededor del cuello. Este homicidio finalmente se aclaró y comprobó la culpabilidad de Ralston en él.

Larry Ralston manejaba en las carreteras de Ohio hasta encontrar alguna joven en busca de aventón. Ya en el auto, las convencía de beber y fumar mariguana. Estranguló a las que rechazaron tener relaciones sexuales. De acuerdo con su confesión, una vez que llegaba a casa de sus amigos les pedía que le pusieran la canción “Fly Like An Eagle”, de Steve Miller Band, pieza que le proporcionaba la tranquilidad para reflexionar en el asesinato que acababa de cometer.