Kafka: el miedo desnudo

Coleccionistas alemanes han ofrecido en subasta una carta del autor de La metamorfosis. En el documento queda de manifiesto el miedo a los bichos y a la suciedad por parte del escritor, sentimiento que provenía de una infancia de terror junto a su padre, quien insultaba a los amigos más queridos de Kafka llamándolos pulgas y alimañas

POR Sophie Hardach

 

Coleccionistas alemanes han ofrecido en subasta una carta del autor de La metamorfosis. En el documento queda de manifiesto el miedo a los bichos y a la suciedad por parte del escritor, sentimiento que provenía de una infancia de terror junto a su padre, quien insultaba a los amigos más queridos de Kafka llamándolos pulgas y alimañas

 

(todojujuy.com)

Una carta de Franz Kafka, en la que el enfermo escritor describe su “miedo desnudo” a los ratones que invaden su dormitorio y se queja de la suciedad de su gato en sus zapatillas, podría salvarse de desaparecer en una colección privada, en un intento de rescate de último minuto por aficionados alemanes.

Bautizada por los expertos como “Kafka en una cáscara de nuez”, la carta pertenece a tres coleccionistas alemanes, quienes el pasado 7 de diciembre decidieron venderla en la casa de subastas Kaupp, arrancando la puja en 42 mil euros. El principal archivo literario alemán inicialmente dijo que no haría alguna oferta. Se esperaba que la carta fuera adquirida por otro coleccionista. Sin embargo, un diario informó que la subasta provocó que entusiastas anónimos y adinerados de Kafka ofrecieran su apoyo financiero.

“Quieren asegurar esta pieza para el público, para los estudiosos y para los seguidores de la literatura, y poner fin a este viaje a través de los mercados de autógrafos y de las colecciones individuales”, declaró al Daily Telegraph el profesor Ulrich Raulff, director del Archivo de Literatura Alemana en Marbach. Raulff señaló que esa tarea era particularmente importante con miras a la conservación del documento. “Después de todo hay muchos coleccionistas que compran un objeto precioso y después lo guardan en un armario, en una sala sobrecalentada”.

 

Kafka con Ottla, su hermana favorita, ca. 1914 (enriquevilamatas.com)

Kafka escribió la carta a su amigo Max Brod en diciembre de 1917, cuando estaba en la granja de su amada hermana Ottla en la rural Bohemia tratando de recuperarse de la tuberculosis. Dos años antes había publicado La metamorfosis, su famosa historia acerca de un hombre que al despertar se da cuenta de que ha convertido en un bicho, una alimaña monstruosa —una Ungeziefer, en alemán. En 1924, agonizando por la tuberculosis, escribió su último cuento Josephine la Cantante, acerca de un ratón dotado musicalmente. No obstante, en su carta, Kafka sólo expresa rechazo hacia los roedores:

“Lo que siento hacia los ratones es un miedo desnudo. Para explorar el origen de esto hay que recurrir a los psicoanalistas… Como la fobia a los bichos, ciertamente está relacionado con lo inesperado, lo no deseado, lo inevitable, al aspecto mudo, sombrío, con la apariencia de los secretos que guardan estos animales, con la sensación de que han cavado centenares de túneles por las paredes a mi alrededor, y allí están acechando…”

Kafka describe su miedo a lo pequeño en general: “La idea por ejemplo de un animal que se viera exactamente como un cerdo, es decir, algo cómico en sí mismo, pero que fuera tan pequeño como una rata y gruñera a través de un agujero en el suelo, es una idea horrible”.

El profesor Ritchie Robertson, especialista de Kafka en la Universidad de Oxford, explica que la carta es de importancia particular porque explora algunos de los temas centrales del escritor –como los bichos y la bajeza— de una manera que en ocasiones aterroriza y en otras resulta cómica. Robertson señala que Kafka había llamó a la lucha con su propio padre una “lucha de alimañas”.

“Es una metáfora de un aspecto de él que no le gusta”, declaró Robertson al Daily Telegraph. “Esas pequeñas criaturas en ocasiones desataban una reacción psicológica muy fuerte en él. Pero, debido a que son muy importantes para su vida psíquica, también son ambivalentes, y escribía sobre ellas con simpatía e incluso identificación”.

Kafka pidió a Brod que quemara sus cartas, diarios y manuscritos después de su muerte. Brod ignoró ese deseo y publicó tres novelas póstumas: El castillo, El juicio y Amerika. Su conexión con la temática de individuos perdidos dentro de un sistema cruel e incomprensible presagió los momentos más oscuros de la Europa del siglo XX, cuando los jueces sin rostro y las burocracias asesinas surgidos de la imaginación de Kafka encontraron sus homólogos reales en los estados totalitarios.

 

(365manerasdeestarenelmundo.blogspot.com)

El miedo a los bichos y a la suciedad provenía de una infancia de terror junto a su padre, quien insultaba a los amigos más queridos de Kafka, llamándolos pulgas y alimañas. El mismo Kafka era chocante, afirma Robertson, pues le gustaba vestir bien y rechazaba el desaliño artístico.

“Esta carta es especialmente buena porque nos describe a Kafka en pocas palabras”, opina Raulff en el Archivo de Literatura Alemana. “Hay esa idea de bichos, de bajeza. Es algo que dice una y otra vez, soy inmundo, anhelo ser limpio, no puedo soportar estas criaturas desaliñadas a mi alrededor y dentro de mí, pero eso es como es”.

El amigo de Kafka, Max Brod, huyó de Europa a Palestina en 1939, llevando una maleta rebosante con papeles del escritor. Brod legó los documentos a su secretaria Esther Hoffe, quien vendió algunos y dejó el resto a sus hijas. La carta acerca de los ratones se cree que venía en ese alijo. Es bien conocida entre los estudiosos y ha sido publicada junto con otras cartas de Kafka, pero siempre ha estado en manos privadas. Una portavoz de la casa subastadora explicó que había sido parte de una gran colección privada de libros antiguos y cartas de otros autores.

La carta muestra el lado más ligero de Kafka, con sus esfuerzos infructuosos para entrenar a su gata como una aliada en su guerra contra los ratones:

“La gata sabe, como resultado de palizas y otras explicaciones, que la defecación es algo impopular y que el lugar para hacerlo debe ser elegido cuidadosamente. Entonces, ¿cómo lo hace? Por ejemplo elige un lugar oscuro, que le provee un cierto apego a mí y que por supuesto también resulta conveniente para ella. Visto desde el lado humano, este lugar suele ser el interior de mis zapatos”.

Las cartas y manuscritos de Kafka están ahora principalmente en la Biblioteca Nacional Israelí en Jerusalén, el Archivo de Literatura Alemana y la Biblioteca Bodleian de Oxford. El año pasado, el archivo alemán y la Biblioteca Bodleiana compraron conjuntamente más de un centenar de cartas y postales a la hermana del escritor, Ottla.

No hay un solo hogar literario para Kafka, quien nació en Praga, en el seno de una familia judía de habla alemana. Su obra está en alemán, pero debido a que sus tres hermanas fueron asesinadas por los nazis, es poco probable que el autor hubiera querido que la obra de su vida fuera archivada en Alemania. Los amantes de Kafka, de Philip Roth a Otto Dov Kulka, un académico y un sobreviviente del Holocausto que conocieron a Ottla en Theresienstadt, se han opuesto a los intentos alemanes de comprar los escritos de Kafka. En 2012, un juez israelí dictaminó que un enorme tesoro de documentos debe ser entregado a la Biblioteca Nacional de Israel, que prevé la publicación en línea del material.

 

Tomado de: The Telegraph. Diciembre 6, 2012.

Traducción: José Luis Durán King.