Kissmanía: cuatro décadas

Gene Simmons, al bajo, representaba a un demonio sediento de sangre; Paul Stanley, en la guitarra, era un arlequín del amor; Frehley se caracterizó con su requinto como un ser galáctico, y Peter Criss experimentó una metamorfosis para lucir como felino

POR Alfredo C. Villeda

 Gene Simmons, al bajo, representaba a un demonio sediento de sangre; Paul Stanley, en la guitarra, era un arlequín del amor; Frehley se caracterizó con su requinto como un ser galáctico, y Peter Criss experimentó una metamorfosis para lucir como felino

 (polvora.com.mx)

Un día de enero de 1973, un chico jipioso con guitarra al hombro, que usaba tenis distintos dada su precaria situación, acudió a una audición en la que otros tres jóvenes neoyorquinos buscaban guitarrista. Los examinadores dejaron de ver el calzado del aspirante en cuanto el muchacho disparó sus riffs más acabados y no tuvieron dudas de que era lo que necesitaban para tener la banda completa. Ace Frehley fue el último en integrarse a Kiss.

El grupo cumple 40 años en los escenarios con cambios de músicos y de apariencia, pero como la historia es circular, los personajes perviven como en su fundación. De hecho, el reclutamiento de Frehley aportó dos significativas características a la banda: la doble S final de su nombre con un diseño basado en la suástica nazi y la canción “New York Groove”, quizá la más célebre sólo detrás de “I Was Made For Lovin’ You”.

“Payasos”, “circo” y más calificativos recibieron en cuanto lanzaron su primer álbum con el título Kiss. Gene Simmons, al bajo, representaba a un demonio sediento de sangre; Paul Stanley, en la guitarra, era un arlequín del amor; Frehley se caracterizó con su requinto como un ser galáctico, y Peter Criss experimentó una metamorfosis para lucir como felino. Todos maquillados sobre una base blanca en el rostro, pronto se convirtieron en uno de los productos de marketing más rentables en la historia de la música.

Tenían, tienen, mucho de payasos y de circo, sin duda. Antes de que Madonna, Michael Jackson, U2 o hasta la ofensiva de los Rams de 1999 en la NFL fueran considerados “el máximo espectáculo” sobre la Tierra, el cuarteto puso a sus pies a millones de aficionados en todo el mundo, a los que reclutaron con otra exitosa estrategia de mercado llamada “Kiss Army”, su propio ejército de lo que llamaban en México “kissmaniáticos”. Sangre en los rostros, fuego en las guitarras, luces multicolores, grúas hidráulicas, trapecios y cohetes hacían de sus tocadas una experiencia que iba más allá de un concierto de rock.

Kiss dominó el negocio del rock de 1973 a 1982. El efecto de esa combinación de circo y rock prácticamente se desvaneció con el fin de las máscaras. En el penúltimo álbum con maquillaje de esa primera etapa, Unmasked, su portada era una tira estilo cómic en la que los integrantes del grupo resumían historias de cómo libraban a fanáticas y paparazzi que los perseguían para develar su identidad.

Una vez que los daños a la piel obligaron la metamorfosis, la nueva era Kiss trajo dos consecuencias: su música se volvió más metalera, como mandaba el canon de los 80, y sus presentaciones eran tan austeras como las de cualquier agrupación telonera. A ellos les abría en la mitad de los 70 Judas Priest, con 45 minutos mediditos. Para la época en que el grupo se desenmascaró, aquella otra banda ya era un acontecimiento junto con Scorpions y Iron Maiden.

El primer concierto de Kiss en México fue sin máscara, ya en la medianía de los 90. El Palacio de los Deportes no estaba lleno, pero sí rugió cuando el grupo abridor, Pantera, le hizo los honores al cuarteto desmaquillado. Sin temor a exagerar, un cuarto de asistentes se fue del domo cuando acabaron los teloneros. La estrella del antiguo “máximo espectáculo sobre la Tierra”, como la que solía llevar en su ojo derecho Stanley, parecía diluirse.

No sé decir si los adelantos de la industria del maquillaje hicieron propicio el regreso de las máscaras, pero el cuarteto, ya con distinta alineación, retomó sus personajes y el espectáculo de sangre y fuego. Hoy casi 8 millones de fanáticos están inscritos en su página de Facebook y la tienda oficial del grupo no tiene quejas por baja en sus ventas. No es propiamente una resurrección, porque la banda ha sorteado los vaivenes de cuatro décadas con tal salud, que ya prepara la gira Monster 2013 y Simmons mantiene su reality show.

Kissmanía: cuatro décadas.