Más viejas que el libro de Moby Dick

Con el hallazgo de algunos arpones en la piel de ballenas árticas o de Groenlandia, los arqueólogos han señalado que se trata de armas muy antiguas. El hallazgo contribuyó a determinar que las ballenas árticas son mucho más longevas de lo que se creía y algunas pueden llegar a los 200 años

POR Antonio Martínez Ron

 Con el hallazgo de algunos arpones en la piel de ballenas árticas o de Groenlandia, los arqueólogos han señalado que se trata de armas muy antiguas. El hallazgo contribuyó a determinar que las ballenas árticas son mucho más longevas de lo que se creía y algunas pueden llegar a los 200 años

En febrero de 2001, mientras acompañaba a los nativos locales en una de sus cacerías en Alaska, el biólogo Craig George descubrió una protuberancia en la piel de la ballena muerta. Con la ayuda de un cuchillo, George extrajo un objeto punzante que, según demostró un análisis posterior, resultó ser la punta de un arpón que había estado clavado en la piel del animal durante más de 100 años.

En la década reciente, otros investigadores han encontrado al menos seis arpones similares en la piel de ballenas árticas o de Groenlandia (Balaena mysticetus) y los arqueólogos han determinado que se trata de armas muy antiguas, algunas de ellas fabricadas hace más de un siglo. Uno de los últimos casos se conoció en 2007, cuando se encontró un arpón con un resorte explosivo fabricado en 1880 en una ballena ártica de 50 toneladas. El hallazgo contribuyó a las sospechas que algunos científicos ya tenían: las ballenas árticas son mucho más longevas de lo que se creía y algunas pueden llegar a los 200 años.

Pero, ¿cómo saber si esos arpones antiguos no fueron clavados por nativos en épocas posteriores? Para asegurarse de sus hallazgos, el biólogo Craig George contactó con Jeffrey Bada, un geoquímico de La Jolla, en California, que lleva años utilizando un sistema para datar la edad de algunos seres vivos. Bada, del Instituto Scripps de Oceanografía, estudia los cambios en los niveles de aspartato, uno de los 20 aminoácidos con los que las células forman las proteínas, en los ojos y dientes de las ballenas, lo que le permite datar con cierta exactitud la edad de los animales.

Para el análisis, Craig George le envió 48 ojos congelados de ballenas árticas, cada uno de ellos del tamaño de una bola de billar, que habían sido recopilados por él y otros biólogos durante sucesivos estudios entre 1978 y 1997. Los resultados de Bada indicaron que la mayoría de los ejemplares había muerto entre los 20 y los 60 años, pero cinco de ellos eran mucho más viejos.

En concreto, uno de los ejemplares tenía 91 años, otro 135, otro 159, un cuarto 172. La última ballena, determinó el análisis, había muerto a los 211 años. El método de Bada tiene un margen de error de 16 por ciento, lo que significa, que de equivocarse, la horquilla podía ir de 177 años (por abajo) y 245 (por arriba). Es decir, explican en Alaska Report, la ballena en cuestión, que estaba viva en tiempos de Bill Clinton, nadaba alegremente en aguas del estrecho de Bering en tiempos de Thomas Jefferson (¡!).

Hace unos días, y a raíz de un informe sobre la recuperación de la población de estas ballenas gracias al fin de la caza, el periodista Geoffrey Gagnon lanzó en Twitter una reflexión muy llamativa. “Hay ballenas de Groenlandia que aún viven en el Ártico que nacieron mucho antes de que Moby Dick fuera escrito en 1851”. La suposición es quizá algo exagerada y puede que nunca lo encontremos un ejemplar tan viejo, pero ahora sabemos, gracias a las pruebas, que entra dentro de lo posible.

 

Tomado de: Fogonazos. Asombros diarios. Enero 20, 2013.