Ogros, mujeres y fetiches

De Linda Slawson, el asesino conservó su pie izquierdo, el cual mantenía en un refrigerador y al que compraba zapatos. Jan Whitney aportó sus senos mutilados, los cuales sirvieron para que su verdugo hiciera unos moldes de plástico

POR José Luis Durán King

 De Linda Slawson, el asesino conservó su pie izquierdo, el cual mantenía en un refrigerador y al que compraba zapatos. Jan Whitney aportó sus senos mutilados, los cuales sirvieron para que su verdugo hiciera unos moldes de plástico

(asesinos-en-serie.com)

Jerry Brudos está considerado por la academia como el prototipo del “asesino serial por lujuria”, del criminal fetichista, y hay razones de peso para otorgarle algo más que el beneficio de la duda. Desde los cinco años dio muestras de la fascinación que sentía por los zapatos femeninos de tacón de aguja. De esa conducta su madre fue testigo. Nativo de Dakota, Brudos llegó desde muy pequeño con su familia a Oregon. Ahí escribió su ominosa historia. Su adolescencia estuvo marcada por los ingresos constantes a hospitales de salud mental y los allanamientos a habitaciones de mujeres, de donde sustraía ropa interior y zapatos.

Sin embargo, a los 17 años sus preferencias ya no eran tan inofensivas. Fue recluido nueve meses en el Hospital Estatal de Oregon tras raptar y golpear a una mujer, a la que obligó a vestir negligés mientras le tomaba fotografías. Por cierto, en el hospital le detectaron que tenía un incipiente desorden de personalidad.

Pese a su alteración, Jerome Henry Brudos, nacido el 31 de enero de 1939, hizo intentos por construirse una vida como la de cualquier persona. Y lo iba logrando. Se graduó en la high school y posteriormente se alistó al ejército de su país, de donde salió como técnico electricista. Asimismo logró llamar la atención de una mujer, con quien se casó y tuvo dos hijos. La relación con su esposa se mantuvo por varios años, pese a que Brudos la obligaba a andar desnuda por la casa, sólo vistiendo zapatos de tacón de aguja. Con el paso de los años, la mujer mostró indiferencia ante la conducta de su marido, quien se recluía en su “lugar de trabajo”, aunque ese lugar de trabajo fue el escenario en el que decenas de mujeres fueron fotografiadas desnudas, con o sin su consentimiento. Esa época de distanciamiento de la pareja también estuvo marcada por el inicio de las migrañas y de los “apagones” en Brudos. Además del dolor que significaban las migrañas, de repente había lapsos largos en los que el hombre no recordaba nada.

 

Falta de experiencia

Albert DeSalvo, El Estrangulador de Boston (jaircaraveounsolvedfiles.blogspot.com)

Al final de los años 60, el área de Portland, Oregon, carecía de la experiencia que tenían otros estados en lo que concierne a la investigación de los asesinos que atacan por lujuria. A mediados de ese decenio, Albert DeSalvo, el presunto estrangulador de Boston, fue detenido y sus testimonios fueron de gran ayuda para comprender, aun de forma incipiente, los motivos que impulsan a un asesino sexual. Lo mismo sucedió con la detención en Tucson de Charles Schmidt, quien acabó con la vida de tres jovencitas. La dorada California se las vería en 1969 con las atrocidades de Charles Manson y del Zodiaco. Pero Oregon… bueno, era una zona rural, con crímenes propios de los pueblos. Pero eso estaba a punto de cambiar gracias Jerry Brudos.

La desaparición de cuatro mujeres entre 1968 y 1969 comenzó el 26 de enero de 1968 con Linda Slawson, de 19 años. La joven trabajaba como vendedora de libros casa por casa. Con el producto de su empleo pagaba sus gastos y estudios. Sólo que aquel día Linda tocó en la puerta equivocada. La compañía de libros decidió buscarla cuando recibió una llamada telefónica por parte de los familiares, quienes estaban consternados por no tener noticias de la chica. Sin embargo, parecía que la tierra se la había tragado. Encontraron su auto, pero no había señales de lucha. Daba la apariencia de que se había esfumado como un hada de río. Con el transcurso de las semanas, el caso se enfrió.

Jan Whitney, de 23 años, desapareció el 26 de noviembre del mismo año, cuando caminaba hacia su casa, donde celebraría el Día de Acción de Gracias con su familia. Su auto fue encontrado en un área de descanso. El 27 de marzo de 1969, Karen Sprinker, de 19 años, salió del colegio y no llegó a la cita que tenía con su madre en un restaurante. Cuatro semanas después, Linda Salee, de 22, fue raptada en un centro comercial. Su carro estaba abandonado en el estacionamiento y, al igual que las otras mujeres, parecía haberse desvanecido en el aire. Las interrogantes en torno a las desapariciones pronto serían despejadas… cuando el río comenzó a vomitar sus secretos.

 

Trofeos

Imagen de andthelorddidgrin (tumblr.com)

Las cuatro víctimas de Jerry Brudos murieron estranguladas. Fueron violadas vivas e incluso varios días después de que hubieran fallecido. De Linda Slawson, el asesino conservó su pie izquierdo, el cual mantenía en un refrigerador y al que compraba zapatos. Jan Whitney aportó sus senos mutilados, los cuales sirvieron para que su verdugo hiciera unos moldes de plástico. Con Linda Salee, el asesinó puso en práctica algunas ideas un tanto descabelladas: utilizó corriente eléctrica mientras violaba el cadáver.

Jerry Brudos fue detenido el 25 de mayo de 1969 y recibió tres sentencias de prisión de por vida. Rápidamente se adaptó a la vida intramuros e incluso se convirtió en un preso modelo, experto en computación. Varias veces solicitó su libertad bajo palabra, misma que le fue negada. Pese a que decía que ya no representaba un peligro social, nunca expresó el mínimo remordimiento por las cuatro mujeres asesinadas, aunque reconoció que los homicidios le ayudaron a aliviar el estrés que sentía en la época en que cometió los crímenes.

A las 5:10 de la mañana del 28 de marzo de 2006, Jerry Brudos falleció a los 67 años en la Penitenciaría Estatal de Oregon, donde vivió casi 37 años, logrando así ser uno de los reos con mayor tiempo de estancia en prisión dentro del sistema penitenciario de Estados Unidos.