Pareja de asesinos

En la simbiosis que se establece entre dos homicidas seriales, generalmente una de las partes es la dominante, la que seduce y hace que el otro detone sus deseos más soterrados. Y entonces, sucede…

POR José Luis Durán King

 

En la simbiosis que se establece entre dos homicidas seriales, generalmente una de las partes es la dominante, la que seduce y hace que el otro detone sus deseos más soterrados. Y entonces, sucede…

 

(tumblr.com)

En su artículo Partners In Crime (www.crimelibrary.com), la psicóloga forense Katherine Ramsland establece que, “con notables excepciones (…) muchas parejas (sin importar el género) tienden a seguir comportamientos similares. Dos personas se conocen y sienten una fuerte atracción o establecen una familiaridad íntima en la que uno comparte sus fantasías con el otro, inclusive las de naturaleza violenta”. En esa simbiosis, generalmente una de las partes es la dominante, la que seduce y hace que el otro detone sus deseos más soterrados. Y entonces, sucede…

Ejemplos de parejas asesinas son un océano. Ian Brady y Myra Hindley, Henry Lee Lucas y Ottis Toole, Paul Bernardo y Karla Homolka, Kenneth Bianchi y Angelo Buono, entre otros, solventaron sus perversiones y los resultados hoy son capítulos aparte en las enciclopedias del crimen. Las parejas mencionadas en el párrafo anterior escribieron sus historias en Estados Unidos e Inglaterra. Las sociedades de asesinos seriales son raras en naciones católicas, pero eso no significa que estén exentas de ese fenómeno oscuro.

El 3 de marzo de 1984, la policía detuvo a una pareja de jóvenes cuando rociaba con petróleo la alfombra y el mobiliario de una disco cerca de la ciudad italiana Mantua. En la pista del lugar, decenas de personas bailaban, sin saber que el velo de la muerte les había rozado el rostro.

Wolfang Abel y Mario Furlan tenían 23 y 22 años, respectivamente, al momento de ser detenidos. Ambos pertenecían a familias económicamente acomodadas, exentas de antecedentes penales. Abel era hijo de un director alemán de una compañía de seguros que se estableció en Verona. Furlan vivía con sus progenitores cerca de un hospital en el que su padre era un reconocido cirujano plástico que laboraba en la unidad de pacientes quemados. No está muy claro aún, pero es posible que el contacto de Furlan con las personas quemadas influyó en la fascinación que más adelante la pareja de amigos experimentó por el fuego. Es posible, pero no hay nada claro, ya que en la relación que construyeron los muchachos, Furlan siempre fue el elemento obediente, nunca el dominante.

Como buenos amigos, Abel y Furlan estuvieron juntos desde la primaria hasta la universidad. Sus compañeros los consideraban bastante inteligentes, aunque un poco raros.

Esa rareza tomaría un camino torcido en agosto de 1977, cuando decidieron sellar su amistad con un rito brutal: prendieron fuego a un adicto gitano, cuando éste dormía la mona de la heroína en el interior de su auto en un callejón de Verona. Entre dolores atroces, la víctima sobrevivió las horas suficientes para declarar que había sido atacado por “tres” hombres. Aunque Abel y Furlan confesarían su participación en ese hecho, siempre negaron la corresponsabilidad de un tercer elemento.

Para los asesinos en general, la primera víctima es la más difícil. El fuego no estuvo presente en los capítulos siguientes de la saga. En Padua, un empleado de casino fue asesinado a cuchilladas. Después, la pareja golpeó brutalmente a un mesero homosexual, antes de que su cuerpo perforado apareciera con más de 34 heridas de arma punzocortante en una calle de Venecia.

 

El fuego camina con ellos

(tumblr.com)

“En ocasiones”, dice la investigadora Ramsland, “la formación de una sociedad se basa en la atracción sexual o en lazos familiares, aunque los equipos más peligrosos se integran por dos o más psicópatas que tienen la oportunidad de expresarse como pareja qué tan depravados son. Sin fronteras morales, trabajan en conjunto para expandir su rango de creatividad criminal y afirmar entre ellos su brutalidad”.

La lista de asesinatos creció con el sacrificio de una prostituta, que fue mutilada a hachazos. Los cráneos de dos curas fueron machacados a martillazos en Venecia, y un vagabundo fue quemado vivo en Verona. Posteriormente, de nuevo un homosexual fue la presa elegida por la pareja de jóvenes predadores.

La espiral de violencia dio un giro en Milán, cuando cinco personas murieron quemadas al interior de la cabina de un cine porno. El fuego nuevamente estuvo presente en Munich, donde una mujer murió y 40 personas más resultaron heridas después de que Abel y Furlan incendiaron una disco. Antes de cometer su siguiente atentado, la policía logró detenerlos.

 

Los elegidos

(forum.goregrish.com)

En la mayoría de los escenarios montados por los asesinos, éstos dejaron panfletos que glorificaban la ideología nazi. La suástica y el águila nacionalsocialistas estuvieron presentes. Las víctimas fueron cuidadosamente elegidas entre individuos que Abel y Furlan consideraban “subhumanos”, es decir, adictos, homosexuales y prostitutas.

Tras un prolongado juicio que se inició dos años después de su aprehensión y en el que Wolfang Abel y Mario Furlan mantuvieron su tesis de inocencia, en febrero de 1987 fueron condenados a 30 años de prisión, acusados de diez de 27 cargos de homicidio. En todo momento la defensa argumentó que los jóvenes habían cometido sus asesinatos en un estado de demencia temporal.

Aunque el recurso nunca estuvo sustentado, después de tres años de prisión Abel y Furlan fueron liberados y “condenados” a vivir en “custodia abierta”. Hasta hace unos años, el domicilio de Wolfang Abel se ubicaba en la villa de Mestrino, cerca de Padua, mientras que Mario Furlan recibía su correspondencia en Casale Scodosia. Para mantener a los monstruos a raya, la autoridad los obligaba a reportarse periódicamente en la comisaría. Un castigo ejemplar para un par de demonios que eligieron el fuego como elemento purificador de la sociedad.