Un tigre llamado Richard Parker

Life of Pi es la historia de un joven que antepone la fe, obtenida a partir de su incorporación a tres religiones, a la racionalidad científica de su padre, que muere junto con su familia en la tragedia de altamar cuando se dirigían a Canadá

POR Alfredo C. Villeda

 

Life of Pi es la historia de un joven que antepone la fe, obtenida a partir de su incorporación a tres religiones, a la racionalidad científica de su padre, que muere junto con su familia en la tragedia de altamar cuando se dirigían a Canadá

 

(screenrant.com)

Escribe Tzvetan Todorov que lo fantástico no dura más que un momento de vacilación: duda común al lector y al personaje, que deben decidir si lo que perciben depende o no de la realidad, tal como ésta existe para el resto de la opinión. Al final de la historia, dice, el lector toma una decisión, opta por una u otra solución: si las leyes naturales explican los fenómenos descritos, están ante el género de lo extraño; si hay que acudir a nuevas leyes, el género es lo maravilloso.

Lo fantástico, por eso, lleva una vida llena de riesgos y puede esfumarse en cualquier instante, porque se pasea en el límite entre los dos géneros.

Ante esa disyuntiva quedan dos ajustadores de una trasnacional que deben confirmar la historia de un ciudadano indio, convaleciente en un hospital del sureste mexicano, que sobrevivió a un naufragio de semanas en una pequeña barcaza de emergencia… con un tigre de Bengala a bordo.

Life of Pi (Una aventura extraordinaria, Ang Lee, 2012) es la historia de un joven que antepone la fe, obtenida a partir de su incorporación a tres religiones, a la racionalidad científica de su padre, que muere junto con su familia en la tragedia de altamar cuando se dirigían a Canadá. Pi, que así se llama el protagonista, cuenta su travesía, ya instalado en América del Norte, a un reportero en busca del gran reportaje.

Richard Parker es el nombre del felino, por una confusión que no viene al caso, atrapado en la pequeña embarcación junto con una cebra, una hiena y un orangután, únicos sobrevivientes del naufragio de la nave que trasladaba el zoológico familiar a Canadá.

Cómo se revuelve la trama queda para el cinéfilo extraviado por azar en estas líneas. El asunto es que la fábula que ha vendido Pi como historia deja salivando al reportero y mudos de incredulidad a los trabajadores de la aseguradora. Los episodios narrados como una serie de sucesos inusitados viajan en los límites apuntados por Todorov: entre lo extraño y lo maravilloso, es decir, en el género fantástico.

Ang Lee es un cineasta taiwanés doble ganador del Oscar a la mejor película extranjera, hace 12 años con El tigre y el dragón (2000), y como mejor director con su aclamada Brokeback Mountain (El secreto de la montaña, 2005). Un fabulador que vuelve al género de lo fantástico retratando a otro fabulador, su personaje Pi, quien echa mano de una gran historia y el antecedente de su fe para atrapar al ávido reportero canadiense.

El director, sin embargo, pone también a prueba al espectador, porque sin resolver la ecuación, es decir, sin darle una salida definitiva a su trama, lo lleva en esa cuerda floja entre las leyes naturales “reales” y la verosimilitud irreprochable de su odisea, de la posibilidad abierta de sobrevivir semanas junto a un amo de la jungla asiática, atrapados en un pequeño bote, a la sospecha fundada de que este héroe no es más que un convincente seductor que etiquetó a cada sobreviviente, incluido él mismo, con una personalidad animal. Así, el felino aparece no solo como la representación del personaje Pi, sino que puede configurar la transmutación salvaje favorita del director.

Guillermo Arriaga (quien ha escrito la mejor historia de perros de la Ciudad de México, apunte oportuno ahora que el tema está en el mundo con los sucesos trágicos del Cerro de la Estrella) confiaba en que la filmación de su libro cinematográfico ganara el Oscar en 2000. “Perdimos ante un rival digno”, respondió al fusilero en una entrevista el año pasado, en referencia a Lee y El tigre y el dragón.