Chester Turner: un hombre sociable

La gente que conoció a Turner nunca sospechó que estuviera relacionado con la cadena de crímenes que costó la vida a 13 mujeres, dos de ellas sacrificadas en estado de gravidez, aunque muchos sabían que el hombre tenía un temperamento violento, que era bebedor empedernido y visitante asiduo de los distritos rojos

POR José Luis Durán King

La gente que conoció a Turner nunca sospechó que estuviera relacionado con la cadena de crímenes que costó la vida a 13 mujeres, dos de ellas sacrificadas en estado de gravidez, aunque muchos sabían que el hombre tenía un temperamento violento, que era bebedor empedernido y visitante asiduo de los distritos rojos

(forum.goregrish.com)

Siempre estuvo alejado de los reflectores. Fue un fantasma agresivo que, incluso cuando fue grabado por una cámara mientras violaba salvajemente a una vagabunda retrasada mental, tuvo la suerte de que su rostro nunca fuera captado por el dispositivo de vigilancia. A Chester Turner se le considera el asesino serial más prolífico en la historia de Los Ángeles. Pese a lo anterior, el inicio de sesiones de su juicio estuvo vacío. Los medios, la gente, prefirieron asistir a la corte en la que el famoso Phil Spector –el músico y productor estadounidense que trabajó con los Beatles—comenzó su defensa ante la acusación de haber asesinado a una actriz.

El frenesí de la fama en Estados Unidos es un tornado que arrasa masas entusiastas de curiosos que hurgan en las conductas morbosas buscando una piedra filosofal que transforme en oro, aunque sea brevemente, la vida de alienación y anonimato por la que transitan al día millones de ciudadanos de aquel país. “Yo estuve ahí” es la consigna que atrae como miel a las moscas de panteón. Y no falla. Desde el juicio a Charles Manson hasta el de Jeffrey Dahmer, el fenómeno de los coleccionistas de escalofríos se repite cada año.

No sucedió así en el caso de Chester Turner. ¿Por qué? Muchos factores contribuyeron para que el caso pasara de noche y fuera relegado a las páginas interiores de los medios impresos, aunque el principal quizá sea el que adujo Jeff Victoroff, profesor de neurología y psiquiatría de la Universidad del Sur de California: las víctimas de Turner fueron mujeres de origen afroamericans, adictas, pobres, damas proscritas por la historia, muy lejos de las glamorosas rubias de extractos clasemedieros.

 

Década oscura

Una de las víctimas de los primos Bianchi y Buono (www.fanpop.com)

El contexto histórico que circundó el periodo criminal de Chester Turner no pudo ser más apropiado. Los años 80 en Los Ángeles vieron levantar enormes marejadas de drogas sintéticas. También significó la época de oro de William Bonin, Richard Ramírez, Ed Kemper, de los primos Bianchi y Buono, y de Vaughn Greenwood, que tenía como afición rebanar la garganta de las personas mientras éstas dormían.

Los asesinatos de Chester Turner de alguna manera cierran un periodo cruento que arrojaba al año decenas de investigaciones de asesinato serial. En 1987, el cadáver semidesnudo de Diane Johnson fue hallado al lado de la autopista 110. En ese mismo año, Eleandra Bunn y Annette Ernest perdieron la vida en manos del victimario de la joven Johnson. Las tres mujeres fueron violadas repetidamente antes de ser sacrificadas.

Las víctimas Johnson, Bunn y Ernest unieron sus nombres a las decenas de mujeres afroamericanas asesinadas durante los años 80, provocando que en 1986 se formara la Coalición Negra de Lucha Contra los Asesinos Seriales, grupo que añadió mayor presión ante los escasos logros de las autoridades. En respuesta, el Departamento de Policía de Los Ángeles integró una unidad de 49 detectives, asignados de tiempo completo a resolver la ola de homicidios, la cual fue disuelta después de no alcanzar resultados positivos.

 

Invisible

(www.vcstar.com)

Tras la separación de sus padres, Chester Turner, de cinco años, llegó en compañía de su madre a Los Ángeles. Nunca sobresalió en la escuela, abandonando los estudios poco después de ingresar a la high school. A partir de ese momento alternó su tiempo en trabajos informales y estancias en la prisión por delitos de poca monta. La gente de su vecindario nunca sospechó que Turner estuviera relacionado con la cadena de crímenes que costó la vida a 13 mujeres, dos de ellas sacrificadas en estado de gravidez. Aunque era un hombre aparentemente integrado a su comunidad, algunos de sus conocidos sabían que tenía un temperamento violento, bebedor empedernido y visitante asiduo de la zona roja de Figueroa.

Fue precisamente esa integración social la que lo hizo invisible para las autoridades, quienes en un principio detuvieron a David Allen Jones, de 28 años, como sospechoso principal de los homicidios. Sin embargo, cuando Jones llevaba más de diez años en prisión, la policía cotejó las muestras de semen recabadas en algunos de los asesinatos, concluyendo que habían detenido al individuo equivocado, mientras que el verdadero culpable estaba libre y posiblemente practicando su pasatiempo favorito.

La violación de María Martínez en 2003 condujo a los investigadores a una nueva ruta de pesquisas. Después de ser brutalmente violada, Martínez acudió a la policía, pero su testimonio fue subestimado debido a que la mujer tenía antecedentes penales y consumía drogas. Un trabajador social aconsejó a Martínez para que insistiera en su acusación. Así lo hizo y el cotejo de la muestra de semen con los líquidos recabados en las mujeres asesinadas desembocó en la detención de Chester Turner.

En 2004, David Allen Jones fue liberado, después de 11 años en prisión y además del clásico “usted perdone” recibió una indemnización de 720 mil dólares.

El 30 de abril de 2007, Turner fue convicto por el asesinato de diez mujeres. Su aprehensión contribuyó a que se desempolvaran más de 100 archivos de casos fríos en los que el hombre pudo haber participado. Aunque el caso permanece temporalmente abierto, es casi imposible que Chester Turner evada la pena de muerte.