El amputado homicida

Las ligas entre los casos Simpson y Pistorius acaso sean más evidentes, sin embargo, en la reacción del público. También con O.J. el escándalo y la consternación venían por el lamentable fin de una figura reconocida en uno de los deportes más populares no sólo en Estados Unidos

POR Alfredo C. Villeda

 Las ligas entre los casos Simpson y Pistorius acaso sean más evidentes, sin embargo, en la reacción del público. También con O.J. el escándalo y la consternación venían por el lamentable fin de una figura reconocida en uno de los deportes más populares no sólo en Estados Unidos

 (deportes.starmedia.com)

El homicidio de una modelo sudafricana a manos de un superatleta, suceso de suyo escalofriante, genera reacciones no menos indignantes de muchos aficionados al deporte que se declaran consternados, pero por la forma en que termina la carrera de un corredor excepcional: no tiene piernas, corre con prótesis y es el único que ha competido en las dos versiones de los Juegos Olímpicos.

La propia comunidad periodística deportiva ha dado amplio despliegue al crimen con el acento en la desgracia profesional en que ha caído Oscar Pistorius, el retiro de sus patrocinios, el desastre de otra gran figura, la presunción del abuso de sustancias prohibidas. Otra vez, los tiempos calamitosos arrastrando al fango a un personaje que se ganó en la arcilla el mote de Blade Runner, evocación del filme clásico de Ridley Scott.

La comparación, inevitable, aterriza en los episodios criminales protagonizados por O. J. Simpson, el célebre corredor de los Bills de Búfalo de la NFL acusado del asesinato de su esposa, Nicole Brown, enjuiciado en el proceso más mediático de la historia de Estados Unidos (con captura después de una persecución transmitida en vivo por las cadenas de televisión) y declarado inocente gracias a una millonaria defensa legal en 1994. Años después, el propio atleta corroboró su talante delincuencial con robo a mano armada y secuestro: purga sentencia de 33 años de cárcel.

Las ligas entre los casos Simpson y Pistorius acaso sean más evidentes, sin embargo, en la reacción del público. También con Orenthal James el escándalo y la consternación venían por el lamentable fin de una figura reconocida en uno de los deportes más populares no sólo en Estados Unidos. Hay que recordar que Simpson retuvo durante años el cetro como corredor con más yardas en la NFL. Y la trágica suerte de Nicole Brown pasó a segundo plano.

No hay que soslayar otro capítulo sangriento del siglo XX. El ex boxeador argentino Carlos Monzón, homicida de su esposa, Alicia Muñiz. La misma historia. Todo mundo lamentando la caída de un grande de los cuadriláteros, a quien recuerdan bien los aficionados mexicanos al pugilismo por la paliza que le propinó a Mantequilla Nápoles en París en 1974.

Carlitos, como le decían al criminal sus amigos de la farándula (también fue actor) y la legión que lo idolatraba, fue condenado a 10 años de prisión. Cuando la pena estaba por cumplirse, le fueron permitidas salidas controladas y en una de ellas murió a causa de un accidente automovilístico, en 1995. Luto nacional, considerando que en Argentina Monzón era un icono de la talla de Maradona. De la infortunada actriz uruguaya, apenas la nota necrológica y la estadística.

Pistorius, el sudafricano confeso por la muerte de su novia Reeva Steemkamp, cultivaba no solo el gusto por las pistas y las top models, a juzgar por los hallazgos en la lujosa escena del crimen: esteroides y armas. Figura olímpica indiscutible, el corredor recibió el beneficio de la libertad bajo fianza, pese a que reconoció haber disparado cuatro veces contra la indefensa mujer, así haya sido porque, dice, la confundió con un ladrón. Y hoy, como en los casos Simpson y Muñoz, todo es lamento por la suerte de Blade Runner. En otro contexto, equivale a la consternación del mundo deportivo por el declive del ciclista Lance Armstrong, amo del dopaje: ¿y la vergüenza de su esposa, la exitosa cantante Sheryl Crow?

El entorno de las pasarelas, de la alta costura, de la moda, parece solo rendir homenaje a los diseñadores que mueren de forma natural. ¿Dónde está su voz para exigir justicia ante el crimen de una de las suyas?

Disculpen el disenso. Pero en el caso sudafricano, como con Simpson y Monzón, la tragedia mayor es la muerte de una mujer a manos de un personaje con todo a su favor: dinero, fuerza, armas, drogas. Y si hay algo más lamentable no es el fin de una carrera deportiva, de una fama, sino la desatención, el desprecio y el olvido de las víctimas. Sí, la nota son los criminales, pero ese carácter los despoja de su aura.