Las emociones en la música

Leonardo Coral no comulga con la complejidad. Lo que le atrae es la expresión. Si para lograrlo requiere de cierta técnica, adelante. Cree que lo importante no es en sí la obra, sino la expresión, una visión del mundo

POR Gabriel Ríos

Leonardo Coral no comulga con la complejidad. Lo que le atrae es la expresión. Si para lograrlo requiere de cierta técnica, adelante. Cree que lo importante no es en sí la obra, sino la expresión, una visión del mundo

(efemeridesdelamusica.blogspot.com)

Leonardo Coral, el compositor, habla de su obra, de aquella edición discográfica que grabó con el Ensamble Ónix: Ocho obras de cámara en un periodo de ocho años, de 1995 a 2003.

En algunos de sus trabajos siente la necesidad de llegar a un punto climático, y después desciende. Se centra totalmente en el equilibrio y contraste. Se esfuerza para que cada preludio tenga coherencia.

El Jardín de las Delicias de El Bosco es un cuadro que siempre le gustó desde niño. Le puso música. Considera que sus composiciones no son fáciles de ejecutar, pero intenta escribir de una forma sencilla.

No comulga con la complejidad. Lo que le atrae es la expresión. Si para lograrlo requiere de cierta técnica, adelante. Cree que lo importante no es en sí la obra, sino la expresión, una visión del mundo.

—¿Cómo persigue el oyente lo que haces?

Es muy interesante. Cada obra es un estudio para encontrar nuevas cosas. De alguna manera siempre me ha interesado un camino propio. Las emociones son complejas y a veces es muy difícil definirlas. Sin embargo, no creo que haya un arte que pueda dejarlas de lado.

Cuando se empieza a trabajar con la tonalidad, se puede expresar de modo mayor o menor. Para Coral es importante platicar con el público; se establece otro lazo de comunicación.

—¿El título o los títulos de sus obras influyen en el contenido musical?

Es como una cuestión poética, bella. En algún momento siempre les llamaba a mis piezas: sonatas, cuartetos, etcétera. Lo que importa es la música. Pero sí, como que están inmersas en determinados ambientes o expresiones que quiero transmitir, y por qué no, jugar con cierta poética.

—¿Hasta cuando el intérprete da un poco de lo suyo?

Digamos que es un equipo de trabajo. La partitura es ingeniería sonora; define los límites en donde se mueve el ejecutante. Son las instrucciones que si son comprendidas, el ejecutante las ataca. Ahora, si la música tiene una verdadera emotividad y se percibe, el instrumentista realmente se recrea.