Unabomber: el Manifiesto vigente

En noviembre de 2003, un académico de la Universidad de Michigan envió una carta a la prisión de Colorado, dirigida a Unabomber, en la que planteaba varias preguntas. Fue así como comenzó una correspondencia que sirvió de base del libro Technological Slavery, que compila escritos del bombardero chatarra

POR José Luis Durán King

 En noviembre de 2003, un académico de la Universidad de Michigan envió una carta a la prisión de Colorado, dirigida a Unabomber, en la que planteaba varias preguntas. Fue así como comenzó una correspondencia que sirvió de base del libro Technological Slavery, que compila escritos del bombardero chatarra

Atentado en Utøya, Oslo, uno de los más letales en la historia de los asesinatos masivos (www.reddit.com)

El 22 de julio de 2011, a las 15:26 hora local, una onda expansiva se sintió en varios kilómetros a la redonda de Oslo, capital de Noruega. Los medios de ese país informaron que la causa del movimiento fue la explosión de un coche-bomba a las afueras de la oficina del primer ministro Jens Stoltenberg, situada en un área que congrega varios edificios gubernamentales, entre ellos el del Ministerio de Petróleo y Energía.

Aproximadamente dos horas después de la detonación, en el islote de Utøya, al norte de Oslo, cuando autoridades judiciales y equipos de rescate concentraban sus esfuerzos en el distrito gubernamental, un “policía” reunió a decenas de personas en torno a él para realizar “un control de seguridad”. Una vez que tuvo la atención de la gente, el uniformado comenzó a disparar contra sus presas con una pistola y un rifle, con pausas de 10 segundos mientras cambiaba de cargador. La masacre duró cerca de 50 minutos. Las víctimas caían como moscas, mientras que el asesino celebraba con gritos de alegría y victoria cada que cobraba un nuevo trofeo. El saldo hasta ahora es de 93 personas muertas, y el atentado de Oslo y Utøya representa uno de los más letales en la historia universal de los asesinatos masivos.

En cantidad de muertos, el de Oslo superó al atentado del Metro de Tokio, perpetrado con gas sarín por miembros de la secta Aum Shinrikyo y que costó la vida a 13 pasajeros que viajaban entre Kasumigaseki y Nagatachō. Asimismo, estuvo por arriba de las 56 personas fallecidas a causa de las cuatros explosiones que devastaron el sistema de transporte público de Londres el 7 de julio de 2005.

Inicialmente, el grupo islamista Ansar al-Jihad al-Alami dijo ser el autor de los atentados en Noruega, de acuerdo con informes del diario estadounidense The New York Times. Hasta cierto punto, había una lógica en que un grupo extremista estuviera detrás de los ataques. Pero posteriormente, cuando el humo se disipó en el distrito gubernamental y en los medios, surgió una verdad atroz: no había ningún grupo ni secta, tampoco ex militares, al comando de la violencia homicida sólo estaba un hombre. Casi una hora después de que el individuo comenzó a disparar en el islote de Utøya, la policía hizo su aparición. No hubo necesidad de disparar contra el “uniformado”, éste se rindió sumisamente, con una sonrisa de satisfacción.

 

Anders Behring Breivik (www.news.com.au)

En el transcurso de los días, más información fue liberada. El hombre solitario, el presunto asesino, es Anders Behring Breivik, del que se desconocían agresiones con armas. Lo más peligroso de este empresario noruego de 32 años era su feroz fundamentalismo, expresado en su inquebrantable nacionalismo y su solidez cristiana. De acuerdo con el abogado de Breivik, éste había planificado por mucho tiempo y meticulosamente el doble ataque.

Asimismo, las autoridades noruegas dieron a conocer que el presunto homicida masivo había redactado su propio “manifiesto” de más de mil 500 páginas, el cual colgó en internet previo a sus acciones terroristas. El documento 2083. A European Declaration of Independence, firmado con el seudónimo “Andrew Berwick”, tiene como eje la guerra de culturas, específicamente la guerra de liberación de Europa contra el Islam. Quizá para fortalecer su ideario, Breivik declaró que era uno de los últimos Caballeros Templarios.

En la declaración online, Breivik señala que el terrorismo es el “método para despertar a las masas” y que, una vez que perpetrara sus agresiones se le consideraría “el peor monstruo desde la Segunda Guerra Mundial”, un calificativo, según dijo, para el cual estaba preparado.

El análisis de contenido del documento 2083 por parte de las fuerzas de seguridad noruegas, que de acuerdo con Breivik es una “guerra de sangre”, en realidad es una copia del manuscrito de 35 mil palabras titulado La sociedad industrial y su futuro, publicado simultáneamente en abril de 1995 en The New York Times y The Washington Post.

El “Manifiesto”, como se denominó a dicho documento, denunciaba a la tecnología moderna y llamaba a una revolución en nombre de la naturaleza salvaje. Jefferson Morley, entonces editor de The Washington Post, consideró dicha declaración “un documento perturbador y romántico, equiparable a la Declaración Port Huron, que marcó, en 1962, el nacimiento de la nueva izquierda” en Estados Unidos; aunque, paradójicamente, también guardaba similitudes con Witness, la autobiografía escrita en 1952 por Whittaker Chambers, que dio comienzo a la nueva derecha, al alertar a Estados Unidos “sobre la amenaza doméstica del comunismo”. Sin embargo, pese a publicarse en dos de los diarios más importantes de la Unión Americana, la mayoría de los lectores desdeñó el “Manifiesto”, pues consideraba a su autor un loco cobarde. ¿Por qué?

El desdén colectivo tenía un contexto: durante 18 años, en una serie de ataques que arrancó en 1978, un individuo al que el FBI primero denominó El Bombardero Chatarra –debido a que elaboraba artefactos explosivos con material de desperdicio— y después Unabomber, aterrorizó a Estados Unidos, al asesinar a tres personas y herir a otras 23 con pequeñas bombas hechas a mano, las cuales enviaba por correo u ocultas en paquetes de apariencia inofensiva. Como resultado de esa campaña de miedo, las autoridades organizaron la cacería humana más grande en la historia de ese país, la cual no obtuvo resultados en el corto plazo.

La primera bomba fue enviada en un paquete en mayo de 1978 al profesor de ingeniería de materiales de la Universidad de Northwestern, en Illinois, Buckley Crist, quien resultó ileso debido a que fue un guardia el que abrió la correspondencia. Al explotar, el uniformado resultó con lesiones leves en su mano izquierda. En ese mismo año, algunos agentes de aerolíneas recibieron cartas-bomba, aunque fue en 1979 cuando el extraño bombardero logró colocar uno de sus artefactos en el equipaje del vuelo 444 de American Airlines, un Boing 727 que cubría la ruta Chicago-Washington D.C. Un desperfecto en el temporizador evitó que la bomba explotara, aunque el humo que ingresó a la nave obligó que los pilotos realizaran un aterrizaje de emergencia.

Debido a la identidad desconocida del criminal, el FBI decidió utilizar el acrónimo “Unabomb”, derivado de “University and Airline Bomber” (Terrorista de Universidades y Aerolíneas), para referirse al caso, aunque los medios pronto denominaron al atacante Unabomber.

 

Secuelas del Manifiesto

Ted Kaczynski (www.sunjournal.com)

La publicación de La sociedad industrial y su futuro en The Washington Post y The New York Times, enviada presuntamente por un miembro del grupo anarquista Club de la Libertad, fue leída en Internet por David Kaczynski, un trabajador social de Schenectady, Nueva York, y su esposa Linda E. Patrik, profesora de filosofía del Union College. “Tan pronto como leí supe que Ted, el hermano de David, lo había escrito”, señaló la académica en una entrevista de 1998. Patrik instó a su marido a que acudiera a las autoridades y así pusiera fin a los ataques de Unabomber. Después de una dolorosa recapacitación, David se puso en contacto con el FBI y Ted Kaczynski, de 53 años, fue arrestado el 3 de abril de 1996 en su cabaña cercana a Lincoln, Montana.

Irónicamente, una vez que el desaliñado Ted Kaczynski fue capturado, su personalidad sufrió una metamorfosis. A la inversa de las leyendas del hombre lobo, en las que el humano se transforma en fases en bestia, Unabomber mediáticamente fue despojándose de su ropa sucia y rota, de su cabello graso y sus barbas para dar paso al filósofo y matemático, al explosivo ensayista y crítico social, convirtiéndose con el paso de los años en un icono de la cultura pop, cuyas ideas mantienen vigencia, al grado de inspirar a personajes como el asesino noruego Anders Behring Breivik y a colectivos mundiales de hackers, tecno-inconformes, como los que integran Anonymous.

Por la vía de Internet, el “Manifiesto” de Kaczynski ha llegado a todos los rincones del planeta, despertando lo mismo alabanzas que rechazo. Lo cierto es que, haciendo a un lado el hecho de que el documento fue redactado por un asesino, la declaración de Unabomber es una crítica corrosiva contra la velocidad supra-humana del cambio tecnológico. Para Chis Korda, vocero del Unabomber for President Political Action Committee (UNAPACK), “Unabomber es el único candidato que realmente condesa los temas de la destrucción de la naturaleza salvaje y del incremento de la pobreza en nuestras vidas diarias a causa de la violencia tecnológica. Eso no es ninguna broma”.

La oposición a los monopolios que manipulan a la sociedad ha representado para Kaczynski un reconocimiento de los ideólogos de la izquierda estadunidense. Asimismo, la filosofía libertaria que apela por un mínimo de gobierno y un máximo de libertad individual sedujo también a los profesionales trotamundos de las computadoras, geeks conectados con laps y smartphones al espacio mundial de una incesante información y capital líquido, pero completamente desligados de los espacios públicos y de las responsabilidades sociales, una dinámica que el economista y secretario de Trabajo de 1993 a 1997 bajo la administración del presidente estadunidense Bill Clinton, Robert Reich, ha denominado “la secesión del éxito”.

 

Relación epistolar

El profesor David F. Skrbina (chronicle.com)

El documento de 35 mil palabras, publicado por vez primera en septiembre de 1995, fue leído en esa fecha por el profesor de filosofía de la Universidad de Michigan David F. Skrbina, quien quedó impresionado por la claridad de los argumentos de Ted Kaczynski y sus referencias a los estudios más importantes en filosofía de la tecnología. Pese a los sólidos argumentos de Unabomber, el académico se preguntó por qué su colega ahora en desgracia eligió el camino de la violencia para derribar el sistema actual en lugar de reformarlo.

Finalmente, en noviembre de 2003 Skrbina envió una carta a la prisión de máxima seguridad de Colorado, dirigida a Ted Kaczynski, en la que le planteaba sus preguntas. Fue así como comenzó una correspondencia que ha superado las 150 cartas y que sirvió de base del libro Technological Slavery, lanzado en 2010, que compila escritos de Unabomber.

Y no sólo eso. Skrbina imparte el curso Filosofía de la Tecnología, en el que destaca a los grandes pensadores de la historia que se han referido a los peligros que entraña la tecnología. Por ejemplo, analiza uno de los diálogos de Platón, quien se pregunta si la escritura es un tipo de tecnología, una tecnología que puede ser engañosa. El académico también aborda las advertencias de Martin Heidegger acerca del “peligro supremo” de la tecnología. Asimismo, pide a sus alumnos que lean “Discurso sobre ciencias y artes” de Rousseau.

Skrbina ha incluido en su curso a Ted Kaczynski, analizando sobre todo las cartas que éste le ha enviado, escritas a mano, con un institucional “Dr. Skrbina”. En una de ellas, Unabomber explica por qué él considera que el sistema está más allá de cualquier esperanza de reforma. De hecho, el discurso de bombardero no ha variado. “Él considera –dice Skrbina— que necesitamos revelarnos contra el sistema tecnológico, porque está al borde de colapsarse o de esclavizarnos”.

Jeffrey R. Young, articulista de The Chronicle Review, asistió al curso impartido por Skrbina, como lo narra en su artículo “The Unabomber’s Pen Pal” (Mayo 20, 2012). Refiere que la mayoría de los alumnos de Skrbina ignoraba quién es Unabomber, eran niños cuando ocurrieron los ataques. Sin embargo, su curiosidad se ha despertado y algunos de ellos preguntan cuál sería la opinión de Kaczynski de los piratas informáticos agrupados en Anonymous. El profesor trata de responder con base en las misivas que tiene en su poder. También han preguntado qué tan válido es estudiar a un terrorista social que intentó derrumbar un sistema con bombas y asesinatos.

La respuesta de Skrbina no desmerece de la que el propio Unabomber posiblemente daría: “Tenemos personas que cometen delitos y aun así las escuchamos todo el tiempo. Si quisiera ser sarcástico diría que nuestro presidente mata gente todo el tiempo, ¿por qué deberíamos escuchar a un asesino llamado Barack Obama?” Una estudiante entra al quite y añade: “Necesitamos estudiar a Bin Laden. Necesitamos estudiar a Hitler. ¿Por qué Unabomber lo hizo?”

 

(abcnews.go.com)

El curso impartido por Skrbina no ha provocado quejas por parte de alumnos y autoridades estudiantiles. Por el contrario, a la luz de los acontecimientos actuales el interés por Ted Kaczynski se ha renovado, por lo que la lista de personas interesadas en la historia de Unabomber ha crecido. La CNN y la revista Harper están a la espera de una respuesta de Kaczynski a través de Skrbina, quien se ha convertido en una especie de vocero del científico preso. Asimismo, Kevin Kelly, cofundador de la revista Wired, elogió el libro Technological Slavery.

La correspondencia epistolar entre Ted Kaczynski y David F. Skrbina se añadió a los archivos de documentos de Unabomber de la Universidad de Michigan en Ann Arbor, que en 2000 firmó un acuerdo con Kaczynski para agregar sus escritos al acervo de la institución que se centra en el anarquismo. De acuerdo con Jeffrey R. Young, la colección más grande, llamada Joseph A. Labadie Collection, es descrita en la página web de la biblioteca como “la colección más antigua en la investigación de la historia radical en los Estados Unidos”.

Y en la historia radical de Estados Unidos, Ted Kaczynski tiene mucho que decir, a juzgar por las 15 cajas de archivos que la biblioteca contiene sobre Unabomber. Julie Herrada, curadora de la Colección Labadie –señala Young—, afirma que los escritos del anarquista de Montana son los más populares, por lo que siempre están a la mano de lectores e investigadores.

El debate en torno a la faceta intelectual de Ted Kaczynski está vigente. Muchos consideran sus textos una sarta de diatribas. Otros estudiosos opinan que sus escritos han llenado un vacío, al abordar temas que la mayoría de críticos de la tecnología no se atreve a analizar. Y unos más, como Ben Brucato, doctor en ciencia y estudios tecnológicos del Rensselaer Polytechnic Institute, señala que Kaczynski “ha aportado una visión crítica de lo que hemos ido perdiendo. Todo académico debe comenzar a ubicar la obra de Kaczynski dentro del canon de los analistas de la tecnología o comenzar a producir ellos mismos mejores obras” que Unabomber.