Bodas de plata

Se dice, y con razón, que cada vez el matrimonio entra en desuso y que los jóvenes ya no lo ven como una gran aspiración. En efecto, las sociedades evolucionan y con ello sus maneras de relacionarse han variado a lo largo de las épocas

POR Teófilo Huerta

Se dice, y con razón, que cada vez el matrimonio entra en desuso y que los jóvenes ya no lo ven como una gran aspiración. En efecto, las sociedades evolucionan y con ello sus maneras de relacionarse han variado a lo largo de las épocas

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No puedo dejar de referir mi particular situación.

He llegado junto con mi mujer a los 25 años de matrimonio. Las socialmente bautizadas Bodas de plata.

No tengo el menor empacho en declarar que en mi caso sí es motivo de celebración y felicidad. Por supuesto, durante los 365 días de los 25 años han existido momentos difíciles, pero ellos no empañan la virtud de la unión.

En un exceso de confianza y protagonismo barato, no faltan aquellos que hacen bromas pesadas sobre el acontecimiento en referencia a la resistencia de los lazos matrimoniales. A otros los corroe la envidia y algunos más son incrédulos sobre las mieles del matrimonio duradero.

Ciertamente, la miel desbordada de los primeros escarceos amorosos no es la misma que cristaliza y reposa con los años, pero es sólida y sabrosa.

Lo que me parece que tiene crédito es el hecho de que un alto porcentaje de matrimonios no llega como antaño a sus bodas plateras. Se dice, y con razón, que cada vez el matrimonio entra en desuso y que los jóvenes ya no lo ven como una gran aspiración. En efecto, las sociedades evolucionan y con ello sus maneras de relacionarse han variado a lo largo de las épocas. Efectivamente, el aseguramiento de la herencia y la procreación no requieren de un contrato nupcial sino de un segundo de fecundación.

Totalmente legítimo es que las parejas que han perdido mucho en el camino puedan separarse para rescatar valores individuales trastocados. Cierto también es que muchas parejas siguen unidas por tradición más que por convicción, por simulación, intereses o “exigencias” familiares. Pero cada pareja forja su propia historia. De la que yo formo parte, estoy convencido que es auténtica, sólida y vital. Y para ello aunque parezcan palabras comunes, la fortaleza se ha logrado gracias a la confianza, la tolerancia y el amor profundo. Así de sencillo, así de complejo.