Constance Lloyd: la esposa de Wilde en la sombra

Después de que Oscar Wilde salió de prisión, su esposa Constance ayudó al empobrecido escritor irlandés con dinero, flujo que cesó después de que el autor faltó a una visita a sus hijos, prefiriendo la compañía de Lord Alfred Douglas en Nápoles

POR Elizabeth Powers

Después de que Oscar Wilde salió de prisión, su esposa Constance ayudó al empobrecido escritor irlandés con dinero, flujo que cesó después de que el autor faltó a una visita a sus hijos, prefiriendo la compañía de Lord Alfred Douglas en Nápoles

(kimberlyevemusings.blogspot.com)

Resulta sorprendente que antes de 1983 no existiera alguna biografía de Constance Lloyd –aunque, curiosamente, en ese mismo año se lanzaron dos obras diferentemente documentadas y a menudo conflictivas. Sorprendente porque Constance fue una precursora por muchas cosas, no sólo por casarse con Oscar Wilde. Franny Moyle, que ha escrito sobre los amores y la estética de los prerrafaelistas, ahora centra su atención al movimiento estético, del que Wilde fue el divulgador más prominente.

Moyle comienza con una espectacular puesta en escena, la noche en que Constance se entera del fatal libelo que involucra a Oscar con el marqués de Queensberry. En ese momento Wilde estaba en la cresta más alta de su fama, con dos obras, Un marido ideal y La importancia de ser honesto, exhibiéndose en el West End. Lo que sigue se refiere a cómo las cosas llegaron hasta ese punto y las consecuencias.

Curiosamente, es la historia de un matrimonio. De acuerdo con Moyle, Constance estuvo dispuesta “a compartir al sumo sacerdote del esteticismo con el amplio público hasta el punto de que el arte fuera parte de su vida”. Era muy educada para una mujer de su clase, y parecía compartir con Oscar el don de los idiomas. Desde su infancia, Constance estaba familiarizada con los pintores prerrafaelistas y, más adelante, con los escritos de John Ruskin. Su vestuario, que reflejaba la moda del movimiento estético, crearon sensación: en las inauguraciones en las galerías, “el señor y la señora Wilde competían por el interés entre los buscadores de celebridades”. Constance, con su interés en los textiles, probablemente también fue responsable del diseño interior avant-garde de su residencia en Chelsea, que era (de acuerdo con el credo estético) “estética, práctica y saludable”.

Moyle restaña las deficiencias de las biografías anteriores, aunque debe añadirse que un contexto de lo que sucedía en aquel periodo hubiera sido muy útil a los lectores. Además de detallar la corte victoriana tardía de los Wilde, Moyle presta atención a muchas de las actividades de Constance, que combinaban el esteticismo, la política liberal y el feminismo. Constance, debemos tratar de comprender, era su propia persona. Publicó cuentos infantiles (incluyendo There Was Once, publicado el mismo año de El príncipe feliz y otros cuentos de Oscar), reseñas teatrales y artículos sobre la historia de las mujeres y el vestuario de los niños. Fue un miembro activo de la Federación de Mujeres Liberales y editora del boletín de la Sociedad Racional del Vestido. Estaba, como en muchas de las tendencias de la década de 1890, profundamente involucrada en la teosofía.

 

(guardian.co.uk)

Un interesante retrato de Constance, citado por Moyle, es el de la novelista Marie Corelli, una new age avant la lettre. El libro de Corelli de 1892 de retratos satíricos de sus contemporáneos caricaturiza a Oscar como “Elefante Social” y a Constance como su delicado fracaso:

“ella no parece estar en absoluto incómoda con su Señor Elefante. Ella tiene sus pequeñas olas para moverse –su telaraña plateada–– en las discusiones sobre política, en las que, bendice su corazón por un pequeño encanto radical, en el que trabaja bien y sin exponerse… Tiene el pelo más hermoso, que se encrespa libremente sobre su rostro, y una voz tan modulada que parece afectar a algunas personas; es una música natural… Viste ‘estéticamente’ –con todo tipo de matices extraños y ricas telas… con mangas grandes y maravillosas y adornos medievales–– lo que complace a ella y también parece complacer al Elefante, a quien emociona el tema del color… No habla mucho esta pintoresca hada, pero atiende todas las historias. Su mirada es delicadamente nostálgica y a menudo abstraída; en ciertos momentos su espíritu parece salir de ella con alas invisibles, a kilómetros de distancia del castillo literario del Elefante, y es en esos momentos cuando luce más hermosa. Para mí, ella es infinitamente más interesante que el propio Elefante… uno nunca se cansa de mirar el hada encantadora que lo protege y guía.”

El de los Wilde no fue un matrimonio de domesticidad convencional, sin embargo; y para Oscar, el amante de la belleza sensual, de la floración, por desgracia, pronto dejó de retoñar –después del nacimiento de su segundo hijo en 1886. El deseo inquieto de Oscar por nuevas experiencias, por nuevas sensaciones, lo condujo a cultivar la compañía de hombres jóvenes, guapos.

 

(blogs.20minutos.es)

Aquí es donde la historia se enturbia. ¿Cuánto sospechó Constance de la transición de Oscar del dandismo al libertinaje, especialmente desde que la prensa publicó numerosas y no tan sutiles alusiones a su comportamiento, antes de que en 1893, “contrajo efectivamente un nuevo matrimonio con Bosie [Lord Alfred] Douglas”, ausentándose durante semanas, incluso meses, de la casa y el hogar? ¿Fueron sus muchas actividades un intento por evitar lo obvio? ¿Ninguno de los amigos de ella la iluminó? ¿Fue “el amor que no se atreve a decir su nombre” tan indescriptible que ella literalmente no pudo creerlo?

Moyle concede que la indiferencia de Constance “es difícil de explicar, excepto quizá en términos de que estaba huyendo de una situación que no deseaba enfrentar adecuadamente”. Me pregunto si esta reticencia no afectó también a Oscar, que había descendido tanto en libertinaje que parecía incapaz de comprender el alcance de su peligro. Sus amigos le recomendaron que huyera al extranjero después del juicio de difamación, que diera tiempo a que el alboroto terminara, pero él se negó. Constance, en cambio, entró inmediatamente en acción para proteger a sus hijos, primero separándose ella y el dinero de Oscar. Cambió los nombres de sus hijos, y después de que Oscar fue encarcelado, se trasladó con los niños al continente, donde murió en 1898 de una misteriosa enfermedad.

Al final, parece que el amor de Constance por Oscar nunca terminó. Particularmente conmovedora es la correspondencia que Moyle incluye en la que atestigua su continua dedicación y preocupación por él. Después de que él salió de prisión, Constance proveyó al empobrecido Oscar con dinero, flujo que cesó después de que el escritor faltó a una visita a sus hijos, prefiriendo la compañía de Lord Alfred Douglas en Nápoles. De manera perversa, incluso el despiadado Bosie reconoció el carácter sacrosanto del vínculo del matrimonio: “En cuanto a la esposa [de Oscar], él se casó con ella por amor y si ella lo había tratado correctamente y apoyado después de que él estuvo en prisión, como sólo lo habría hecho una buena esposa, él debió amarla hasta el final de su vida”.

 

Franny Moyle. Constance. The Tragic and Scandalous Life of Mrs. Oscar Wilde. Pegasus, 336 pp.

Tomado de: The Weekly Standard. Febrero 18, 2013. Vol. 18, núm. 22.

Traducción: José Luis Durán King.