Después llegaría Bundy

Simpático, agraciado y de modales finos, los compañeros de John Norman Collins se referían a él como “educado”, “tranquilo”, “respetuoso” y “agradable”. Pero también había opiniones discordantes que nadie atendió en su momento, la mayoría de ellas emitidas por mujeres

POR José Luis Durán King

Simpático, agraciado y de modales finos, los compañeros de John Norman Collins se referían a él como “educado”, “tranquilo”, “respetuoso” y “agradable”. Pero también había opiniones discordantes que nadie atendió en su momento, la mayoría de ellas emitidas por mujeres

(oldnews.aadl.org)

Las comunidades universitarias de la Unión Americana han sido escenarios históricamente propicios de de los asesinos masivos. Charles Whitman, el “paciente cero”, el modelo original en el que se ha basado una gran cantidad de homicidas de masas, el 1 de agosto de 1966, tras asesinar a su esposa y a su madre, subió al mirador de la torre de la Universidad de Austin, Texas, donde puso en práctica su experiencia de francotirador en la guerra de Corea, acabando a larga distancia con la vida de 14 personas e hiriendo a 31 más. El 20 de abril de 1999, dos estudiantes de la Columbine High School, cerca de Denver, Eric Harris y Dylan Klebold, de 18 y 17 años, respectivamente, convirtieron las instalaciones académicas en una réplica de la película Matrix, matando a 12 estudiantes y a un maestro, e hiriendo a 23 personas más antes de cometer suicidio. En la que ha sido denominada la peor masacre masiva cometida por un solo individuo, el 16 de abril de 2007, en dos ataques por separado de aproximadamente dos horas cada uno, en el Instituto Politécnico de Virginia y en la Universidad Estatal (Virginia Tech) de Blacksburg, Virginia, Seung-Hui Cho, egresado de la Virginia Tech, asesinó a 32 personas e hirió a varias más previo a suicidarse.

Pero no sólo los campus atraen a homicidas explosivos de una sola jornada, también los asesinos pluralistas han encontrado en las comunidades universitarias unos perfectos cotos de caza. Entre 1974 y 1978, Ted Bundy viajó de Seattle a Florida en busca de jovencitas universitarias que satisficieran sus violentas fantasías sexuales. El número de 30 víctimas parece conservador para un hombre que mataba con la misma facilidad con la que respiraba. Danny Harold Rolling revivió el terror que Bundy había sembrado entre la población universitaria de Florida, al asesinar en unos cuantos días de agosto de 1990 a cinco estudiantes, hombres y mujeres, en la Universidad de Gainesville. Decapitación, mutilación de senos y necrofilia, fueron parte de los elementos que Rolling incorporó a sus rituales. Pero antes de Danny Rolling, pero sobre todo antes de Bundy, arquetipo del asesino bien parecido de la puerta de a lado, el joven educado que sembraba confianza con su actitud de triunfador, estuvo John Norman Collins, quien en el último tercio de los años sesenta del siglo XX (1967-1969) cimbró con furia inusitada los cimientos de la Universidad del Este de Michigan.

 

Tranquilo y respetuoso

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Collins provenía de una familia inestable. Su padre lo abandonó unos meses después de nacido y nunca más se volvió a ocupar de él. Menos de dos años después de que el progenitor de Collins se marchara, la madre de éste ya iba en el tercer matrimonio, en esta ocasión con un tipo brutal, alcohólico, que golpeaba a placer y sin justificación lo mismo a la mujer que a los hijos de ésta.

Sin embargo, cuando John Norman Collins llegó a la Universidad del Este de Michigan su imagen distaba mucho de la de un joven que había sufrido todo tipo de maltratos, abusos y carencias durante la infancia. Pero era una fachada: su ropa, la motocicleta en la que viajaba, sus lociones, todo era producto de robos menores, una conducta delictiva que años después también identificaría a Ted Bundy antes de sus brutales homicidios.

Simpático, agraciado y de modales finos, los compañeros de Collins se referían a él como “educado”, “tranquilo”, “respetuoso” y “agradable”, entre otros adjetivos. Pero también había opiniones discordantes que nadie atendió en su momento, la mayoría de ellas emitidas por mujeres.

Por ejemplo, una ex novia de Collins declaró semanas después de que el joven fue arrestado: “La mayor parte del tiempo estaba enojado”. Pero hubo señales más potentes de que la personalidad del individuo se movía por una ruta equivocada. Otra ex novia universitaria recordó que en una ocasión, mientras caminaba por el campus en compañía de Collins, ella empezó a reglar. Él se percató de la situación y le preguntó si estaba en su periodo. Al admitirlo, Collins la hizo a un lado con expresión de asco, mientras le decía: “Esto es verdaderamente repugnante”. En otra ocasión, mientras una de sus compañeras de universidad se acomodaba en el carro de él, éste vio que la chica llevaba aretes que le perforaban los oídos. Al ver eso, Collins dijo que no le gustaban ese tipo de adornos porque hacían hoyos que profanaban los cuerpos de las mujeres. ¿Los orificios como señal de profanación?

Inicialmente, John Norman Collins fue acusado únicamente por el homicidio de Karen Sue Beineman. Con el transcurso de los años se le añadirían seis más, aunque uno de ellos fue perpetrado por un asesino oportunista y copión llamado Gary Leiterman, quien fue arrestado en 2005, es decir, 35 años después de ocurrido el sacrificio de la joven Jane Mixer. Aun así, quedan ocho asesinatos de universitarias de Michigan por resolver.

La mayoría de las víctimas de Collins aparecieron desnudas en lugares donde podían ser fácilmente localizadas. Todas ellas fueron removidas varias veces antes de su destino final, lo que indica que el asesino gustaba disfrutarlas aun después de muertas.

Todas fueron estranguladas, golpeadas, apuñaladas y mutiladas en partes corporales, según el gusto del asesino, es decir, podía ser de los pies, de las manos o de los senos, por mencionar algunas zonas.

En su primer asesinato, una vez que el cuerpo de Mary Fleszar fue encontrado y organizado su servicio funeral, John Norman Collins asistió al velorio con la intención de tomar fotografías al cadáver de la que, dijo, era su amiga.