El tercer hombre

La posguerra en la que vivía Greene le desencadenaba malestar, y en ese año, 1948, se desencadenaron una gran cantidad de negocios, pero ninguno tan vil como el de la mezcla de penicilina con arena, provocando con ello que muchos niños murieran o enloquecieran

POR Gabriel Ríos

La posguerra en la que vivía Greene le desencadenaba malestar, y en ese año, 1948, se desencadenaron una gran cantidad de negocios, pero ninguno tan vil como el de la mezcla de penicilina con arena, provocando con ello que muchos niños murieran o enloquecieran

(www.nytimes.com)

“Había dado mi último adiós a Harry hacía una semana cuando depositaban su ataúd en la helada tierra de febrero, de manera que no me lo creí cuando lo vi pasar por el Strand, sin ningún reconocimiento, entre una masa de desconocidos”.

Era lo único que había escrito Graham Greene, cuando no tenía ni idea de cuál podía ser la explicación, así que al pedirle Alexander Korda que escribiera un guión para Carol Reed, lo único que pudo ofrecerle fue ese párrafo.

Korda quería una película sobre la ocupación de Viena por parte de las cuatro potencias: la rusa, francesa, británica y norteamericana.

Para hacer el guión, Graham Greene tuvo que escribir un relato. Decía que para un novelista lo mejor que puede con un tema concreto no es sino tomar a mal los muchos cambios necesarios para convertirla en cine.

Entre otras cosas, le pusieron reparos al nombre de Rollo, que para el oído norteamericano tenía implicaciones homosexuales.

El escritor de El poder y la gloria quería que el nombre del amigo fuera absurdo y se le ocurrió el de Harry Lime, recordando al poeta norteamericano Thomas Holley Chivers.

Detalles menores contados por Greene: “Como deferencia hacia la opinión norteamericana sustituimos a Cooler por un rumano, porque con Orson Welles ya teníamos a un malvado de aquella nacionalidad”.

Una de las entretelas, tal vez la más impactante de la novela de Greene, es la del contrabando de penicilina. Un cirujano que conoció Greene en ese entonces supo tiempo después que llevó a dos amigos a ver la cinta El tercer hombre y le sorprendió que éstos se quedaran atónitos y tristes. Le contaron que al final de la guerra, cuando estaban con la Royal Air Force en Viena, habían vendido penicilina adulterada y nunca se habían imaginado las consecuencias de su robo hasta que vieron la película.

La posguerra en la que vivía Greene le desencadenaba malestar, y en ese año, 1948, se desencadenaron una gran cantidad de negocios, pero ninguno tan vil como el de la mezcla de penicilina con arena, provocando con ello que muchos niños murieran o enloquecieran.

Que se vendiera penicilina beneficiando a los militares  o a pacientes ricos dio pie para que algunos tipos, como el amigo buscado, se diera cuenta que ahí había mucho dinero.

El hecho es que para obtener una fortuna empezaron a diluir penicilina con agua coloreada o arena, que en el mejor de los casos se convirtiese ineficaz.

No tenía nada de divertido el saber si el que sufría tuviese una enfermedad terminal. Hubo hombres y mujeres que perdieron brazos y piernas, y en ocasiones la vida. Pero lo que más le impresionó a Graham Greene fue la visita que hizo a un hospital infantil donde infinidad de niños fueron asesinados.

Rollo, el personaje principal de la película: “…tenía un aspecto ojeroso cuando llegó a Viena y una costumbre de mirar por encima del hombro”.

El narrador es un policía o el propio Greene, quien se consideraba él mismo como una persona sospechosa, hasta que se dio cuenta que era por miedo a las personas, otra forma de plantear su problema o una autocrítica a su manera de emprender o aceptarse como escritor. Sin embargo le resultaba una maldad el que alguien, como es el caso de Crabbin, un promotor cultural de Viena, le irritara al confundirlo con otro autor famoso del momento.

Lime, de una figura robusta, Greene escribió que la luz al caer directamente hacia el otro lado del angosto callejón iluminó los rasgos de Harry, al que se consideraba muerto. Todavía no se imaginaba, el autor-narrador a su amigo como un estafador. En sus archivos tenía una foto en la que a Lime se le veían sus robustas piernas, espalda ancha y un abdomen prominente: en su rostro se recogía una expresión de picardía.